
Por Andrés David Marín Pacheco *
A propósito de mi visita a la tierra mágica de cuba, específicamente a su capital, La Habana, en donde confabula el tiempo paralizado, la belleza arquitectónica de La Habana Vieja, sus autos antiguos, su música y la calidad humana de su gente, hubo un elemento fundamental que me llamó mucho la atención: su diversidad religiosa y la influencia de las tradiciones africanas traídas de regiones como Calabar, Nigeria y Camerún.

Dentro de dichos cúmulos religiosos se encuentra la existencia de la sociedad Abakúa, también conocida popularmente como ñáñigos, reconocidas por sus prácticas de carácter mágico, religioso y mutualistas.
La referida sociedad fue fundada en Cuba a principios del Siglo XIX por esclavos descendientes de la etnia carabalí, teniendo como puntos de su génesis La Habana y Matanzas, y tomando como lugares de encuentros los famosos cuartos de Fambá.
Dicha sociedad nace en los momentos de mayor hostilidad hacia el esclavo y el negro, quienes, ante el acoso, solo hallaron un medio apropiado para evadir la represión: una agrupación mutualista religiosa.
Las actividades de culto se realizan todas en templos. En todos los ritos se utilizan trazos o grafías llamados Ekeniyó, que constituyen un sistema ideográfico de señales para inmovilizar y fijar las representaciones de hechos globales.
Tales símbolos se trazan con yeso amarillo y blanco y comprenden tres categorías: los Gandos, las Firmas o Anaforuanas y los Sellos.
Dentro del ñañiguismo se reconocen varias jerarquías. El Indisime es el aspirante a entrar en una potencia, mientras el Obonekué es un hombre ya iniciado. Plaza es una jerarquía vitalicia que ocupa un puesto relevante dentro del juego y está encargado de preservar y hacer cumplir las normas y principios rituales y sociales. Títulos de Plazas son Iyamba, Mokongo, Ekueñón, Nkrikamo y Nasako, entre otros.
En las sociedades abakuá solo se admiten hombres. Si usted indaga entre sus integrantes por el concepto de Hombre, le expresan: “No es silo aquel que no es homosexual, sino el que refleja la más pura dignidad del ser humano como laborioso, fraterno, alegre, rebelde ante la injusticia, cumplidor del código moral establecido por los antepasados formadores del Abakuá; es aquel que es buen padre, buen hijo, buen hermano y buen amigo”.

Este grupo religioso-mutualista ha servido como un medio de resistencia cultural frente a la opresión y la discriminación. En un contexto histórico donde las comunidades afrodescendientes enfrentaron y enfrentan marginalización, el Abakuá se convierte en un símbolo de identidad y orgullo, ayudando a preservar las tradiciones africanas en un entorno hostil.
Para muchos practicantes, la religión Abakuá es una parte integral de su identidad afrodescendiente. A través de la práctica religiosa los individuos pueden conectarse con su herencia africana y fortalecer su sentido de identidad en un mundo donde a menudo se enfrentan a estereotipos y prejuicios.
En la actualidad, la religión Abakuá enfrenta desafíos relacionados con la modernización y la globalización. Sin embargo, muchos practicantes continúan buscando formas de mantener viva su tradición mientras navegan por las complejidades de la identidad en un mundo cambiante.
* Abogado; magíster en Filosofía; estudiante de especialización en Filosofía del Derecho y Teoría Jurídica
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