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Si alguien ha salido mal parado en las negociaciones con EEUU ha sido el propio castrismo. Los matices de la negociación han terminado por agrietar las pocas fortalezas internas que le quedaban al régimen al ponerse al descubierto su naturaleza monárquica. La presión de la Administración Trump ha sido sumamente efectiva.
Las exigencias de cambio han resultado en un insuficiente paquete de 176 medidas que ha sido rechazado por los cubanos de la Isla, el exilio y el propio Gobierno norteamericano. Por otra parte, la designación del nieto de Raúl Castro como interlocutor con Washington en la hora final del régimen pone una lápida divisoria dentro de las propias fuerzas de la dictadura. Altos mandos militares (generales y oficiales de menor rango), cuadros del Partido y altos funcionarios del Gobierno han visto como su jefe histórico ha optado por la sucesión monárquica en vez de la meritocracia revolucionaria para manejar los destinos del país. Esta «solución Corleone» constituye la línea roja que podría derivar en el definitivo quiebre interno de la ya moribunda revolución y en la aparición voluntaria de un sinnúmero de Delcy Rodríguez.
La movida de Raúl Castro muestra el claro objetivo de mantener la dinastía Castro en el poder por encima de la institucionalidad del Estado. Raúl Castro, en su senilidad obtusa, ha apartado del camino de la sucesión a leales generales y viejos cuadros del Partido. Para ellos ha dejado el desprecio y la categorización de segundones sumisos y obedientes. El linaje revolucionario que tanto pregonó y exigió a sus subordinados en 67 años de revolución ha quedado sepultado por su solución dinástica.
En una entrevista dada a USA Today, Raúl Guillermo Rodríguez Castro se ha catapultado a sí mismo como el emperador idóneo para la continuidad. El nieto del dictador se ha adjudicado sin reparos ser el heredero de las mieles del poder. Esas mismas que su abuelo vetó en su momento al vicepresidente del Consejo de Estado y secretario del Comité Ejecutivo de Ministros Carlos Lage y al canciller Felipe Pérez Roque, dos de los cuadros que Fidel Castro estaba preparando para sucesión. Esto ha molestado a no pocos generales y otros altos mandos de la casta militar cubana, así como a viejos militantes del PCC y altos funcionarios del Gobierno. También han mostrado su descontento artistas, periodistas, otros intelectuales y defensores a ultranza del régimen cubano.
El pichón de emperador no se escondió para mostrar su vulgar linaje. Sus méritos no descansan en haber sido un destacado cuadro partidista que forjó su estrellato revolucionario desde sus tiempos de pionerito o de su etapa de adolescencia universitaria como un cuadro reconocido en la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), por su sacrificio ejemplar en la participación de largas jornadas de escuela al campo, horas de trabajo voluntario, una larga lista de tareas realizadas como militante de la UJC y su alto rendimiento académico, aspectos que le hubiesen otorgado —según el manual de los comunistas cubanos— una legítima y ganada reputación revolucionaria anclada en la sencillez y el sacrificio. Pero este no es el caso, su oportunidad reside solamente en el linaje, en llevar el apellido Castro, en ser el consentido nieto de su abuelo, una de las bestias asesinas más sanguinarias engendradas por la revolución. Su oportunidad se nutre de ser el heredero designado de GAESA, ese pulpo monopólico y hegemónico que crearon su abuelo y su padre para robarse las riquezas del país.
Raúl Castro ha aplastado con su proceder a la diplomacia cubana, ha puesto al descubierto el valor nulo de la institucionalidad en el país, de la Asamblea Nacional y hasta de la propia Constitución. Su golpe ha dejado bien claro cómo y quién ejerce el verdadero poder en la Isla.
El efecto dominó del acercamiento a Raúl Guillermo Rodriguez Castro
La dictadura cubana es un viejo rezago sobreviviente de la Guerra Fría. Después de la caída de la Unión Soviética y el campo socialista de Europa del Este, el régimen cubano se las ingenió para sobrevivir a solo 90 millas de EEUU. Sus métodos fueron diversos. Implementó pírricas y engañosas aperturas económicas, ejecutó olas migratorias, encarceló a miles de opositores, colonizó y destruyó a Venezuela, y hasta logró negociar un deshielo con la Administración Obama. Sin embargo, nada de esto logró sacar a los cubanos de la pobreza. Ese nunca fue el objetivo. El objetivo siempre fue el mismo desde el primer día, empobrecer a los cubanos, quitarle sus derechos, someterlos a una esclavitud eterna y mantenerse en el poder.
Su último movimiento fue mutar a un Estado mafioso. Por si fuera poco, el castrismo terminó robándole al propio Estado, subordinando todo el poder institucional, económico y financiero a GAESA.
En este punto, la Administración Trump en su nueva doctrina de política exterior puso a Cuba en uno de los primeros lugares de la lista de problemas a corregir en su nueva visión geopolítica del mundo. Antes de llegar su turno, la Administración Trump comenzó la lista de correcciones con la resolución de la administración del Canal de Panamá, que estaba siendo dominado por empresas chinas. Resuelto el problema de Panamá, le llegó el turno a Nicolás Maduro y el complejo proceso de comenzar la reconstrucción y la vuelta a la democracia de Venezuela. Una vez extraído el dictador y comenzado el proceso de reconstrucción en el país sudamericano, se activó la operación para catalizar la caída del régimen cubano. Mientras tanto, la Administración Trump comenzaba su labor de desnuclearizar a Irán junto a su aliado Israel.
La solución del tema cubano pasaba por la estrategia de darle opciones al régimen. Para ello, comenzaron conversaciones con el entorno de Raúl Castro. El primer golpe antes del acercamiento vino con el proceso de extracción de Nicolás Maduro, quien estaba custodiado por personal de seguridad cubano. En la operación, 32 de estos hombres perdieron la vida. El golpe fue demoledor para la dictadura. Nunca imaginaron que iban a ser aplastados de esta forma tan rápida y fulminante.
Acto seguido, vino el corte financiero y petrolero por parte de Venezuela, y la presión de EEUU en forma de sanciones a GAESA y a la cúpula del poder, incluidos algunos familiares del anciano dictador. El régimen quedó prácticamente sin oxígeno. En ese escenario comienza el acercamiento al entorno de Raúl Castro. El mensaje de la Administración Trump fue claro: necesitamos un cambio en Cuba, pero sin ustedes.
Como era de esperar, el castrismo comenzó su plan de resistencia a base de estrategias dilatorias y promesas de cambios económicos. Para ello, ha movilizado los recursos de su maquinaria de Inteligencia: espías sembrados en el establishment norteamericano, así como agentes de influencia que tienen visibilidad en medios de prensa liberales respetables, instituciones académicas de renombre, instituciones religiosas y en el propio Congreso de EEUU. Todos ellos trabajan coordinadamente en un fuerte cabildeo para tratar de lograr su objetivo de frenar con éxito las acciones demoledoras de Washington.
Su desesperada meta es llegar ilesos a noviembre, cuando ocurran las elecciones de medio término en EEUU. Para entonces, el régimen cubano tiene puestas sus esperanzas en que ocurra una victoria que dé al Partido Demócrata la mayoría en el Congreso, convirtiéndose esto en un obstáculo para los planes de la Administración Trump.
El objetivo del acercamiento de EEUU es facilitar la salida de Raúl Castro y su familia al exterior para dar paso a una transición pacífica hacia la democracia y evitar un colapso que ponga en riesgo la seguridad de EEUU. En este sentido, el acercamiento se dirige a los familiares cercanos al dictador. Después de varios sondeos, la Administración Trump puso la mira en Raúl Guillermo Rodriguez Castro, el nieto predilecto del dictador. Con esta selección la Administración Trump se dirigía al poder por medio de un interlocutor directo y de máxima confianza de Raúl Castro, entendiendo de que hacerlo por medio de canales diplomáticos y figuras del Gobierno era reconocer un poder que en la práctica no existe y la operación de acercamiento perdería efectividad, pues la solución real de la crisis cubana está inexorablemente amarrada a la salida obligada de los Castros del poder y de la Isla.
Del entono de Raúl Castro, a la Administración Trump le resultaba atractivo su nieto, pues es joven, le gusta la buena vida, los negocios, el lujo y el dinero. En su perfil político era una ventaja que no tuviese ninguna experiencia y responsabilidad en la cúpula, ni en el Gobierno, ni en el Partido, ni en la Asamblea Nacional, pues esto lo convertía en una activo divisorio y vulnerable. De esta forma, la Administración Trump estimulaba el ego de este individuo y lo hacía sentir un interlocutor importante en medio de delicadas circunstancias donde se discute el rumbo futuro que tomará la Isla. Pero en algún momento esto iba a convertirse en una verdadera caja de Pandora, con consecuencias altamente explosivas dentro de la cúpula cubana y su apartado militar y partidista, dado la ausencia jerárquica de Raúl Guillermo en la institucionalidad cubana y su carencia de conocimientos para ser el interlocutor en una negociación tan compleja.
Sin embargo, no debemos asombrarnos por esta realidad. No han sido pocas las decisiones que en el pasado fueron tomadas por Fidel y Raúl Castro que desataron un fuerte descontento dentro del MINFAR, el MININT y el PCC.
Una de las más notorias que todavía está en la memoria de unos cuantos generales y oficiales de menor rango, fueron los sucesos de la Causa 1 y la Causa 1 que le costaron la vida al general Arnaldo Ochoa, al coronel Antonio de la Guardia, al general Jose Abrantes y otros oficiales, además de decenas de años de cárcel a otros altos oficiales de las FAR y el MINNT, más otros centenares de oficiales que fueron licenciados y mandados a sus casas.
También está fresco en la memoria de muchos de los actuales generales los expedientes acusatorios armados por Alejandro Castro Espín para purgarlos, cuando este personaje fue designado por su padre como jefe de la Comisión Nacional de Seguridad. Esto le costó el puesto al general Abelardo Colomé Ibarra, quien era el ministro del Interior. Y aún más fresco en la memoria de los generales actuales está la defenestración de Leopoldo Cintras Frías, un día antes del Congreso del PCC del 2021. Su pecado capital había sido pedir una auditoría sobre GAESA. Raúl Castro no perdió tiempo, puso en prisión domiciliaria a otro general héroe de la República de Cuba.
En los momentos tan agrios, difíciles y decisivos que vive el país, en medio de esta crisis de gobernanza que ha suscitado la mutación de Estado socialista en Estado mafioso, donde la toma de decisiones pasa por un canal de una dinastía familiar por encima de las instituciones del Estado, donde no hay rendición de cuentas ante ninguna instancia, donde la erosión de la legitimidad social crece a cada minuto dada la pobreza extrema a la que esta casta familiar ha lanzado a la ciudadanía, el encumbramiento inusitado del nieto del dictador y el rechazo interno que esto ha suscitado en la sociedad cubana pone al descubierto la enorme fragilidad interna que tiene ahora mismo el régimen cubano.
Pero al lanzar su candidatura de nuevo emperador en un medio estadounidense, Raúl Guillermo Rodríguez Castro no ha interpretado correctamente el acercamiento y la propuesta de Washington y le queda poco tiempo para corregir su error.
En todo caso, parece no haber entendido que su rol es persuadir a su abuelo de que llegó el momento de ceder el poder, marcharse junto a su familia al exterior y dar paso a una transición. Por otra parte, Raúl Guillermo Rodriguez Castro debe comprender que sus más de 25 viajes realizados a Panamá y otros destinos entre 2024 y 2025 en jet privados y con pasaporte diplomático, no han pasado desapercibidos ante los ojos de las autoridades norteamericanas. Así como tampoco ha pasado desapercibido su relación con el empresario panameño Ramón Carretero Napolitano, sancionado por el Departamento del Tesoro, quien tiene negocios con la Isla desde larga data y un oscuro historial de lavar dinero para Nicolás Maduro, Cilia Flores y su familia, por medio de jugosos contratos otorgados por Maduro para la construcción de gimnasios, un estadio de béisbol, un centro de convenciones; remodelar hoteles e importar juguetes, neumáticos, electrodomésticos, etc.
El nieto de Raúl Castro debe comprender también que tampoco han pasado desapercibidos sus negocios en Panamá. Un país donde, por cierto, se esconde a través de una vasta red de empresas buena parte del capital robado al pueblo cubano y sus instituciones por parte de GAESA, y por el cual ya las autoridades norteamericanas están pidiendo cuentas a las autoridades panameñas. La telaraña de empresas que mantiene GAESA y la familia Castro en Panamá es muy diversa y está muy bien estructurada a través de una red de testaferros, de la cual el nieto de Raúl Castro forma parte.
Conclusiones
Puestas las cartas sobre la mesa, no solo el pueblo cubano, también generales y oficiales de menor jerarquía, así como militantes del Partido, funcionarios del Gobierno, intelectuales, periodistas, etc., ya conocen que Raúl Castro intenta apuntalar a sus descendientes como continuadores de su obra. En su hora final, el viejo general intenta atornillar en el poder a su familia pasando por encima de la institucionalidad y la propia Constitución del país.
Mientras tanto, la Administración Trump ha cercado a la familia Castro y a varios de sus principales socios con sanciones personales e institucionales. Del entorno de Raúl Castro solo falta sancionar al nieto privilegiado. Su abultado expediente de enriquecimiento ilícito, participación en operaciones de tráfico de bienes y otros delitos está a la espera de ser destapado si las negociaciones con EEUU no llegan a buen puerto.
De la lista de problemas a resolver por la Administración Trump desde que anunció su nueva doctrina de política exterior, Cuba es el más fácil de resolver de todos. Cuba no es Irán ni es Venezuela. El Ejército cubano es pequeño, está tecnológicamente atrasado, su armamento es obsoleto, su fuerza aérea y marítima es prácticamente nula, y una buena parte de su personal está hambreado y descontento, por lo que no tiene capacidad de respuesta para enfrentar una operación quirúrgica estadounidenses.
Si la Administración Trump estaba buscando una Delcy Rodríguez, ahora mismo ha logrado tener una larga lista de voluntarios dispuestos a cumplir la tarea. Solo basta con que EEUU le corte la cabeza a la serpiente para ver como una larga fila de generales y altos funcionarios darían el paso al frente para mostrar disposición absoluta para cumplir la necesaria tarea de sepultar el sistema y dar paso a la transición. Solo bastan 15 minutos para poner fin a este mantra que ha enterrado en la pobreza a millones de cubanos y que por 67 años se ha robado las riquezas del país esclavizando a un pueblo entero y extorsionando a inversores e instituciones financieras.
La suerte está echada, solo basta que el presidente Trump dé la orden.
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