La Administración Trump ha intensificado su campaña de presión contra Cuba mientras explora posibles figuras de liderazgo en la isla, según un artículo del New York Times publicado este viernes por los periodistas Tyler Pager, Julian E. Barnes y Frances Robles.
El reportaje revela que Washington busca un funcionario cubano actual o retirado que pueda ser persuadido para asumir el poder en La Habana, en un plan que se describe como “más una alteración del régimen que un cambio de régimen”.
Un modelo inspirado en Venezuela e Irán
El texto recuerda que en Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro, Estados Unidos respaldó a Delcy Rodríguez como presidenta interina, considerada una figura pragmática dispuesta a colaborar con Washington.
“Los funcionarios que esperan entre bastidores en Cuba, como sus homólogos iraníes, representan facciones más radicales”, señala el artículo.
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Exigencias de Washington y posibles sucesores en la mira
En las últimas semanas, funcionarios estadounidenses presentaron una lista de demandas al gobierno cubano. Entre ellas se incluyen la liberalización de la economía, la apertura a empresas norteamericanas, la compra de petróleo de Estados Unidos y la expulsión de agentes rusos y chinos de la isla.
A cambio, se ofrecieron incentivos como ayuda humanitaria y la flexibilización de sanciones. No obstante, “el gobierno cubano actual no parece dispuesto, al menos por ahora, a hacer las concesiones que la Administración Trump está pidiendo”, advierte el reportaje.
De acuerdo con el NYT, el gobierno cubano ha promovido a Óscar Pérez-Oliva Fraga, sobrino-nieto de Fidel Castro, como figura visible en la televisión estatal y en pronunciamientos oficiales. Sin embargo, Washington lo considera inaceptable.
Otros nombres que circulan son Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro y conocido como “Raulito” o “El Cangrejo”, quien fue guardaespaldas de su abuelo, pero nunca ha ocupado cargos públicos, y el actual ministro del Interior, Lázaro Alberto Álvarez Casas, que podría resultar más aceptable para Estados Unidos.
El director de la CIA, John Ratcliffe, se reunió este año en La Habana con Rodríguez Castro y Álvarez Casas, lo que revela el interés de Washington en explorar alternativas.
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La CIA y la presión concertada
El artículo revela que la CIA ha creado una fuerza especial para Cuba, señal de que la Administración Trump ha puesto en marcha un plan más concertado de presión. La estrategia recuerda intentos previos de cambio de régimen en Irán, donde se buscó instalar a Mahmoud Ahmadinejad como figura crítica del liderazgo clerical, aunque el plan fracasó.
En Cuba, la situación es más incierta. La falta de pragmáticos complica los cálculos de Washington, que oscila entre negociar con el gobierno comunista y preparar escenarios de reemplazo.
El Departamento de Justicia ha presentado una acusación contra Raúl Castro, aunque su captura no implicaría automáticamente un cambio de liderazgo, dado que ya no ocupa cargos oficiales.
La Administración Trump, sin embargo, busca replicar la operación que llevó a la captura de Maduro en Venezuela. En contraste, Raúl Castro, de 95 años, no ostenta cargos formales, lo que complica la posibilidad de un relevo inmediato.
“Los planes precisos de Estados Unidos para Cuba siguen siendo poco claros”, concluye el reportaje, el cual resume la tensión con una frase clave: “El plan es más una alteración del régimen que un cambio de régimen”.
Rubio, la voz al mando del bloqueo
El artículo del NYT aparece casi a la par de una entrevista con Axios reproducida por Politico, en la que el secretario de Estado, Marco Rubio afirmó que Estados Unidos bloqueará cualquier mecanismo que Cuba intente crear para aliviar el impacto de las sanciones.
“Lo que intentamos enseñarles es que no hay válvulas de escape. Cada vez que crean un nuevo mecanismo para intentar librarse del cerco, simplemente lo bloqueamos”, señaló.
Rubio subrayó que La Habana ya no cuenta con patrocinadores externos, tras la captura del expresidente venezolano Nicolás Maduro en enero, y que por primera vez en su historia la isla carece de los dos pilares que la habían sostenido: un aliado internacional y la indiferencia de Washington.


