Economista enfría expectativas sobre reformas en Cuba: «Sin energía, divisas, tecnología ni demanda externa, son poco probables»
Economista cubano advierte que las reformas del PCC carecen del respaldo financiero internacional que en 1993 hizo posible frenar el colapso del Período Especial.
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El prestigioso economista cubano Pedro Monreal advirtió que las «transformaciones» anunciadas por el régimen tienen un alcance estructuralmente limitado, no por las medidas en sí, sino por la ausencia del respaldo comercial y financiero internacional que en los años noventa hizo posible la recuperación.
«Sin acceso a energía, divisas, tecnologías y demanda externa, es poco probable que las decisiones asociadas al ‘perfeccionamiento’ del modelo actual resulten efectivas. Haría falta una transformación mucho más profunda, que no figura en la agenda del partido comunista», escribió el analista en su página de Facebook «El Estado como tal», un día antes del Pleno Extraordinario convocado por el Buró Político.
Este miércoles el gobierno realizó un Pleno Extraordinario del Partido Comunista de Cuba y prevé llevar las medidas a la sesión extraordinaria de la Asamblea Nacional convocada para el jueves. También informó que Raúl Castro había dado luz verde a las transformaciones económicas previstas.
El argumento central de Monreal descansa en un paralelo histórico: durante el Período Especial, Cuba sufrió un colapso súbito y profundo, pero logró estabilizarse con relativa rapidez gracias a una reinserción internacional que incluyó remesas, turismo, crédito externo e inversión extranjera.
«La reinserción internacional de Cuba en los años noventa fue un proceso económico sin patrocinio de superpotencias ni subsidios. No produjo una bonanza ni recuperó los niveles productivos previos, pero sí logró frenar el colapso», señaló.
Las medidas descentralizadoras aprobadas en 1993 —despenalización de divisas, trabajo por cuenta propia, creación de las UBPC— funcionaron precisamente porque ese espacio financiero externo ya estaba abierto. Los «arreglos bolivarianos» con Venezuela llegarían años después.
Hoy el escenario es radicalmente distinto. El economista sostiene que Cuba enfrenta «una desarticulación geopolítica forzada por EE.UU., ajena a cualquier ‘perfeccionamiento’ económico», y que superarla «dependería de un proceso diplomático sobre el que existe poca información».
En los comentarios de la publicación, el propio analista abrió una puerta: «Quizás este asunto de la aprobación de ‘transformaciones’ sea un componente de intercambios actuales o futuros. Algo que pudiera crear un punto de contacto. No me queda claro».
El trasfondo material de esa restricción externa es devastador. Más de 240 sanciones impuestas por Washington desde enero de 2026, incluyendo la Orden Ejecutiva 14404 del 1 de mayo que introdujo sanciones secundarias contra empresas extranjeras que operen con GAESA, han provocado la retirada de al menos 11 aerolíneas, una caída de las importaciones de combustible de entre 80% y 90%, y apagones de hasta 25 horas diarias en más del 55% del territorio.
The Economist proyecta una contracción del PIB de -7,2% en 2026, acumulando una caída de 23% desde 2019.
En ese contexto, el comentarista Joel Ernesto Marill coincidió con el diagnóstico y fue más lejos en su valoración política: «La presión que se está sometiendo a la economía cubana es para entrar a los récords de los libros de historia».
Marill reconoció que Cuba tiene «muchas cosas que cambiar, profundamente —incluyendo el inoperante esquema de planificación central—», pero defendió que tiene derecho a hacerlo «sin matar de hambre a la población con sanciones en el proceso».
Las reformas anunciadas por Díaz-Canel incluyen la reducción de ministerios de 27 a 21, mayor autonomía municipal y empresarial, apertura a la inversión de la diáspora y un impulso a las mipymes. Otros economistas cubanos las han calificado de «muy tarde, muy mal, muy poco».
Octavio Couso Expósito resumió la situación con una fórmula que circuló en el hilo: «Por nuestro lado demasiada cautela, demasiada soberbia y exceso de conservadurismo; del otro lado un gobierno en la Casa Blanca que ha roto los moldes de la indecencia, que encarna lo peor y lo más extremo, sin escrúpulos. La tormenta perfecta».
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