Dulce María Loynaz: la eternidad de una voz cubana
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Dulce María Loynaz: la eternidad de una voz cubana

«Si me quieres, quiéreme entera, / no por zonas de luz o sombra…». Aquellos versos de Dulce María Loynaz (1902-1997) parecen también una declaración de principios de su literatura, que no admite ser fragmentada, que se entrega con todos sus silencios, inquietudes y bellezas.

Por eso, cuando el 5 de noviembre de 1992, el Premio Miguel de Cervantes llamó a su puerta, Cuba obtuvo uno de los reconocimientos más importantes de su historia literaria.

Concedido desde 1976, el Cervantes distingue anualmente el conjunto de la obra de escritores que han enriquecido de manera sobresaliente la literatura en lengua española. Considerado el máximo galardón de las letras hispánicas, hasta 2025, 25 autores latinoamericanos lo han recibido. 

Loynaz fue la segunda mujer en obtenerlo, después de la filósofa española María Zambrano, y la tercera escritora o escritor cubano en incorporarse a su nómina. Antes lo había conseguido Alejo Carpentier, en 1977; y después, Guillermo Cabrera Infante, en 1997. Ella fue, y sigue siendo hasta ahora, la única mujer cubana distinguida con este galardón.

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Dulce María Loynaz, escritora cubana merecedora del Premio Miguel de Cervantes

Foto: tomada de escritores.org

Desde Versos y Juegos de agua hasta Poemas sin nombre, Últimos días de una casa y Jardín, su escritura construyó un universo de intimidad, naturaleza, memoria y reflexión existencial. Su poesía, de extraordinaria profundidad, encontró en el silencio y en la contemplación la palabra precisa para expresar emociones universales; mientras Jardín, su novela lírica, reveló una singular capacidad para convertir el paisaje en territorio del alma.

Aquel noviembre de 1992, una mujer que había hecho del recogimiento casi una forma de existencia, recibió el mayor reconocimiento de la literatura en español y su nombre quedó inscrito junto a los de Borges, Octavio Paz, Juan Carlos Onetti y otros grandes de nuestro idioma.

Porque Dulce María Loynaz, la cubana merecedora del Premio Miguel de Cervantes hace hoy 24 años, hizo de la palabra un lugar donde cabían el mundo y sus misterios, y de sus silencios, una voz que el tiempo no ha conseguido apagar.

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