Díaz-Canel sale en defensa de las negociaciones de El Cangrejo con el equipo de Marco Rubio

Miguel Díaz-Canel salió el lunes a defender públicamente las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos, en las que el protagonista central ha sido Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias «El Cangrejo», nieto de Raúl Castro sin cargo institucional formal.
Lo hizo en una entrevista con RT en Español, sin mencionar al personaje por su nombre, pero con palabras que equivalen a una justificación implícita de su ya notorio papel en conversaciones que lidera el secretario de Estado de la administración Trump, el cubanoamericano Marco Rubio.
El gobernante afirmó que el diálogo con Washington es conducido por «nosotros» con «la participación del General de Ejército, su experiencia histórica y su liderazgo en todo este tipo de problemas junto a otro grupo de compañeros de la dirección del partido».
La referencia al «General de Ejército» apunta al anciano de 94 años, quien sigue siendo el árbitro real de las decisiones estratégicas del régimen.
La declaración llega dos semanas después de que El Cangrejo concediera una entrevista exclusiva a USA Today, en la que se presentó como interlocutor clave con Washington y ofreció negociar directamente con Trump.
«Puedo negociar con cualquier persona designada por EE. UU. Si se me da la oportunidad, claro que con Trump», declaró el coronel del ministerio del Interior (MININT), quien no pertenece al Buró Político ni ocupa cargo electo alguno.
Las palabras de El Cangrejo desataron una ola de indignación que alcanzó al propio oficialismo. El músico Israel Rojas, de Buena Fe, rompió filas y cuestionó su papel con un escueto «Que se defiendan ellos».
La periodista Ana Teresa Badía y el dramaturgo Irán Capote también alzaron la voz. Incluso la madre de la jefa de prensa de Díaz-Canel preguntó públicamente: «¿Alguien pudiera bajar de la nube a este muchacho? ¿Alguien pudiera mandarlo a callar?»
El primer ministro Manuel Marrero Cruz intentó contener el daño el 10 de julio al asegurar que el equipo negociador cuenta con el aval de Díaz-Canel y Raúl Castro. Ahora es el propio gobernante designado por Castro quien repite el argumento, añadiendo la garantía de «una unidad monolítica» en la cúpula.
La afirmación resulta difícil de sostener. En enero de este año, el propio Díaz-Canel había admitido ante el Partido Comunista la «falta de unidad real» en sus filas, reconociendo además burocratismo e inercia.
La contradicción entre ambas declaraciones, separadas por apenas seis meses, ilustra la naturaleza del poder dictatorial: la opacidad como herramienta de control y la familia Castro como estructura paralela al Estado formal.
Los indicios sobre un canal directo entre ambos no se limitan a una sola versión. Axios informó en febrero, citando a fuentes de la administración Trump, que Rubio continuaba en conversaciones con el nieto de Raúl y que los intercambios habían sido “sorprendentemente cordiales”, centrados no en disputas sobre el pasado, sino en “el futuro”.
Aunque el Departamento de Estado no confirmó oficialmente una conversación personal entre los dos, tampoco negó los contactos y declinó hacer comentarios, mientras Donald Trump aseguraba públicamente que Washington hablaba con personas de “los más altos niveles en Cuba”.
En conjunto, esos elementos apuntan a una comunicación sostenida entre El Cangrejo y el entorno inmediato de Rubio, con testimonios periodísticos que incluso atribuyen al secretario de Estado una participación directa.
También resulta revelador lo que Díaz-Canel admitió en abril: que no ha hablado directamente con Marco Rubio ni lo conoce en persona, mientras El Cangrejo ya se había entrevistado en febrero con su equipo en Saint Kitts. El «hombre de paja» del régimen defiende así su propia marginalización en las negociaciones más importantes de la Cuba contemporánea.
Ante las preguntas sobre fracturas internas, Díaz-Canel optó por el cierre autoritario: calificó las dudas de «especulaciones», «acciones diversionistas» y «acciones manipuladoras», y advirtió que el régimen no se detendrá a dar explicaciones. «Para no caer en los propósitos que ellos tienen con estas acciones», justificó.
El episodio confirma quién manda de verdad en Cuba: no el gobernante que aparece en las entrevistas, sino el «General de Ejército» cuya «experiencia histórica» Díaz-Canel invoca para legitimar decisiones que él mismo no controla.
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