
@MOrdetx
81
Un lustro lleva el joven productor Guillermo Pérez Montero junto a plantaciones de tabaco y. aunque todavía se considera un aprendiz, ya siente predilección por el cultivo de una hoja que, con ardiente sol se calcina, y con demasiada sombra tiende a languidecer.
Desde su primera contienda, junto al progenitor Guillermo Pérez Marrero, se percató de que el tabaco se aprende a querer y las siembras no se guiaban como otros cultivos, o como el ganado que tenían en la finca Tamarindo, aportadora entonces de unos 20 000 litros de leche anuales. Ahora, con menos reses en ordeño y producción, destina el lácteo al autoabastecimiento de la familia y de la fuerza de trabajo que contrata en el veguerío.

Entonces, emprendedores, padre e hijo apostaron por el tabaco y se deshicieron de un monto considerable de animales para dedicarse en esencia a las plantaciones tabacaleras. Fue la época que, en casas rústicas de cultivos, produjo la simiente que, bajo cobertores, llevaría a las 3 hectáreas de tierra en explotación.
Quedaban en esa fecha los conocimientos empíricos que dejaron los abuelos sobre el tabaco, el empleo de la tracción animal en las atenciones culturales a las plantaciones, así como casi similar superfiecie para el pastoreo del ganado, las siembras de pastos y forrajes, cultivos varios y almacenamiento de agua.
Soñaba entonces con el beneficio a su tabaco en una escogida en la finca, realidad desde hace poco, con lo cual vela por la calidad de la hoja que fomenta en cultivos al sol, o en vegas tapadas que van en crecimiento de una contienda a otra.

Con áreas en usufructo durante la pasada cosecha logró resultados sorprendentes: primero fue limpiar suelos ociosos e infestados de marabú en la zona Cumbre-Guaracabulla, sitio donde reside desde que, pequeño todavía, la familia abandonó Copey para aplatanarse allí.
De allá para acá el crecimiento tabacalero llegó como punto…
Determinante del veguerío
Sin abandonar la producción de posturas, ya alejado de las casas de cultivos rústicas, el pasado año quedaron simientes en el semillero y optó por regalarlas a otros cosecheros luego de saldar la plantación de 50 hectáreas de tabaco (25 al sol y similar cantidad tapado) con variedades de alto porte vegetativo y calidad en la hoja para el torcido de puros de exportación y la cigarrería.

Vino el agrado por la preparación de los suelos, luego del desbroce de malezas en los campos, para la obtención de vigorosas posturas de las variedades Corojo 2020, así como Criollo 2021 y 2024, con las cuales consiguió saltos vertiginosos en períodos de cosecha, beneficio y escogida de la rama seca.
Del tabaco tapado, con rangos elevados en hojas de primer nivel, tiene vendida una elevada cifra, en tanto la calidad del sol ensartado anda más allá del 77 %, registro de comprobada validez en la comercialización nacional.

Con las derivaciones productivas obtiene recursos económicos para salario de unos 350 trabajadores que se congregan en la finca durante períodos de cosecha, así como adquisición de maquinarias para preparar suelos de cultivos varios y de tabaco, paneles solares destinados al riego de agua y…
El veguerío, dijo, llegó como «una bendición para la familia y de ahí no se despegaré en largo tiempo», subrayó.
En breve montará casas de cultivos para el fomento de posturas, pero en tanto llega ese momento, ya comenzó la riega de semilla en 13.42 hectáreas de semilleros tradicionales con simientes que más prefiere, entre las que destaca el Criollo 2021, dijo hace poco.

Durante la temporada, con independencia de la atención al semillero y el montaje de otras tecnologías que aportan dividendos al tabaco en su cosecha y beneficio, los Guillermo, padre e hijo, contrataron otras 50 ha para el fomento veguero, pero según los cálculos esa cifra puede quedar atrás en cualquier momento, así lo atestiguaron especialistas que atienden a los productores. Por lo pronto en la familia siente complacencia con el veguerío y sigue prendido a esa zona de adopción campestre.


