De dictadura a “sultanato”, o cómo “El Cangrejo” reabre el debate sobre el poder real en Cuba
Sumario
- Las declaraciones de Raúl Guillermo Rodríguez Castro a USA Today, en las que se autoproclamó interlocutor clave ante EEUU para decidir el futuro de Cuba, exponen el desprecio del régimen por la institucionalidad, y la consolidación de una sucesión dinástica basada en el apellido, dijeron intelectuales y activistas.
La reciente entrevista concedida por Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias “El Cangrejo”, al medio estadounidense USA Today, ha levantado una polvareda de indignación dentro y fuera de Cuba.
En sus declaraciones, el nieto del general Raúl Castro y coronel del Ministerio del Interior (MININT) se ha arrogado el papel de interlocutor clave y representante del pueblo cubano ante los Estados Unidos para dirimir el destino de la nación, un rol para el que no ha sido electo y que desnuda, una vez más, la verdadera naturaleza del régimen totalitario en la isla, dijeron a Martí Noticias intelectuales y activistas cubanos.
Los entrevistados coinciden en que la irrupción de Rodríguez Castro en la escena diplomática no es un hecho aislado, sino la confirmación de que Cuba se gestiona bajo los códigos de una dinastía familiar, un poder real que opera tras bambalinas y desprecia cualquier atisbo de institucionalidad.
El reconocido cantante lírico cubano Ulises Aquino fue uno de los primeros en reaccionar con dureza ante lo que considera una ofensa al sacrificio de generaciones de cubanos. “Me parece que no estamos en una dinastía”, señaló Aquino, cuestionando el derecho de alguien que carece de cargo público formal para hablar en nombre del país.
Aquino, fundador y director general de la agrupación Ópera de la Calle, comparó el estatus del régimen con el de una “monarquía platanera”, estableciendo una distancia sideral con las antiguas monarquías o la burguesía histórica cubana que, a pesar de sus contradicciones, aportaron al desarrollo cultural y estructural del país.
“Esta nueva burguesía lo único que ha hecho es sembrar plátanos y hacer carbón, porque tenemos un país en bancarrota total y colapsado”, afirmó el músico, denunciando que es ofensivo que un individuo sin mérito alguno se erija hoy como “un príncipe heredero de la revolución por la que supuestamente tanta gente dio la vida”.
El exprisionero político Librado Linares, presidente del Movimiento Cubano Reflexión, puso el foco en la crisis institucional que estas declaraciones evidencian. Al no formar parte de ninguna institución de “representación” formal del castrismo, la soberbia de El Cangrejo al atribuirse el derecho de portavoz frente a Washington abre serias interrogantes sobre el verdadero organigrama del poder actual.
Linares plantea si el régimen está recurriendo a la vieja estrategia del “mandatario bueno y el malo”, o si se está consolidando un gobierno bicéfalo donde la figura de Miguel Díaz-Canel queda totalmente desdibujada frente a la del nieto de Raúl Castro.
“Lo que sí está claro es que él no tiene ninguna autoridad, de ningún tipo, para ese papel que él mismo se atribuye, hablando desde el Área 4 del Palacio de las Convenciones, desde la oficina de su abuelo”, sentenció Linares, sugiriendo que la aparente “desaparición” de Raúl Castro de la primera línea, debido a la presión de la justicia estadounidense, ha acelerado el relevo sucesorio por vía consanguínea.
Para la historiadora y académica Alina Bárbara López Hernández, la aparente honestidad de Rodríguez Castro al afirmar en la entrevista que “no se mete en política” no es más que el reflejo de cómo funciona verdaderamente el totalitarismo en la isla.
“En un país normal, la política se ejerce a través del Parlamento, el Gobierno o las instituciones. A El Cangrejo no le interesa eso, explica López Hernández, porque sabe que esas estructuras en Cuba son solo “una gran puesta en escena”.
“El poder real se ejerce en Cuba de una manera absoluta. Él es parte de un pequeño grupo de poder que está por detrás de todas esas instituciones que son el camuflaje”, argumentó la académica.
Esto explica por qué el coronel recibe antes que nadie los informes de la contrainteligencia y de la Seguridad del Estado, “¡a lo mejor informes que ni le llegan al presidente del país!”.
López Hernández definió a Rodríguez Castro como una persona «muy torpe y prepotente», carente de la sutileza y la capacidad de demagogia que caracterizaron a su tío abuelo, Fidel Castro, quien logró hacer creíble un sistema excluyente para millones de personas.
Al perderse el velo de la ideología, la realidad queda al desnudo: Cuba ya no se maneja siquiera como una dictadura convencional, sino bajo las dinámicas de un “sultanato”, concluye la historiadora citando a un amigo cercano.


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