De Badalona a La Habana a toda vela
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De Badalona a La Habana a toda vela

Entrega de donativo al hospital Juan Manuel Marquez procedente de españa.

Junto con el cargamento se entregó una carpeta de dibujos y cartas de niños españoles destinados a los pequeños hoy atendidos en la institución de salud.
Foto: Dunia Álvarez Palacios

El hospital pediátrico Juan Manuel Márquez, de La Habana, recibió este lunes un donativo humanitario de las manos de Open Arms (Brazos Abiertos), una organización no gubernamental asentada en el Estado Español y reconocida internacionalmente por sus rescates, en aguas abiertas del Mediterráneo, a personas migrantes.

Como parte del proyecto «Rumbo a Cuba», la ayuda arribó al país el pasado domingo en el velero Astral, perteneciente al mencionado grupo solidario, que trata de romper la verja impuesta por el bloqueo económico, comercial y financiero del Gobierno de EE. UU.

Uno de los organizadores de la idea, el activista español Miguel Urbans, militante del partido Izquierda Anticapitalista, detalló que la entrega incluye un kit de 22 paneles solares, que comenzarán a instalarse de inmediato, en un proceso, se prevé, de tres semanas.

Esta energía se destinará fundamentalmente a la ventilación y, en caso de cortes eléctricos de más de diez horas, podrá también recargar una decena de baterías igualmente donadas por los activistas, las cuales asegurarán en primera instancia los ventiladores pulmonares, dijo.

Junto con el cargamento, que también contiene insumos y equipos médicos, literatura escolar y científica, Oscar Camps, director de Open Arms, entregó una carpeta de dibujos y cartas de niños españoles destinados a los pequeños hoy atendidos en la institución de salud.

EN QUÉ CONTEXTO LLEGA LA AYUDA

«Ya nosotros sabemos calcular combustible y horas de consumo, como si estuviéramos calculando la dosis de un antibiótico», confesó la doctora Araís Consuegra Otero, directora del Juan Manuel Márquez, quien agradeció el gesto de hermandad y ahondó en las actuales condiciones con las que hoy se salvan vidas de niños y niñas.

«Yo a veces trato de transmitir qué se puede sentir en una institución pediátrica con 15 servicios de hospitalización y siete pisos de altura ante una caída total del Sistema Eléctrico Nacional, lo cual en los últimos tiempos resulta más frecuente», comentó la directiva y añadió que se han tomado todas las medidas para que, en el momento de la recuperación, el hospital sea uno de los primeros lugares en retornar la luz.

«La comunicación completa se para en el hospital, todo se cae, pero siempre la fuerza y el deseo de llegar hasta el final, y de que no se muera un niño, está por encima de todo. Si hay que dar ventilación manual, pues hay que darla, por el tiempo que sea.

«Hemos recogido todos los backups de la institución, los de nuestras computadoras, para garantizar la energía de los ventiladores pulmonares en la terapia intensiva. Ya aprendimos que cada uno le da vida a un equipo por dos horas. Cuando se tiene tres niños ventilados, no hay problema; pero cuando hay diez, usted no tiene tantos backups de computadoras como para garantizar un día de ventilación al paciente. Contamos los minutos, las horas, los segundos… para que la luz venga».

Por su parte, el doctor Julio Guerra Izquierdo, viceministro de Salud Pública cubano, aseguró que este gesto solidario no es solo un aporte material, sino un símbolo de esperanza y humanidad en medio de circunstancias extremadamente difíciles para nuestro pueblo.

El funcionario recordó que la falta de electricidad afecta directamente la conservación de medicamentos, el uso de equipos de alta tecnología, las operaciones quirúrgicas e incluso la atención básica en salas de emergencia. «Cada apagón, cada restricción, se traduce en riesgos para la vida de nuestros pacientes y en un desgaste profundo de nuestros profesionales de la salud», subrayó.

Actualmente, la lista de espera quirúrgica en el país alcanza la cifra de más de 100 000 pacientes, de los cuales 12 000 son niños. La vulnerabilidad, enfatizó, se acentúa en programas de alta sensibilidad social como el de Atención Materno Infantil, que enfrenta el desafío de asegurar ecografías diagnósticas fundamentales y el seguimiento clínico a 38 000 embarazadas. Además, hay 67 000 niños menores de un año y se dificulta mantener actualizado su esquema de inmunización, dijo.

«La mortalidad infantil se ha duplicado con respecto a indicadores logrados antes de la covid-19 y cerramos el año 2025 con una tasa de 9,9 por cada mil nacidos vivos. Tenemos 117 000 adultos y 1 200 niños diagnosticados con cáncer. La supervivencia general de los infantes con este mal descendió de un 85 % a un 65 %; consecuencia de vernos obligados a emplear tratamientos de segunda y tercera línea como alternativas», detalló.

«Tenemos 16 000 pacientes en radioterapia, 12 400 en quimioterapia y otros 2 900 que dependen de tratamientos de hemodiálisis. Se está garantizando solo el 30 % del cuadro básico de medicamentos aprobado en el país», prosiguió.

El directivo destacó que la falta de medicamentos para el control de las enfermedades no transmisibles, junto a la obsolescencia tecnológica para un diagnóstico y tratamiento adecuados, causada por el impacto del bloqueo estadounidense a Cuba, son elementos clave en la tendencia al aumento de la mortalidad.

Al finalizar, reconoció que este aporte solidario puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte, entre la desesperanza y la confianza en el futuro.

Savvas Kourepinis, capitán del velero Astral, de Open Arms. Foto: Dunia Álvarez Palacios

LA TRAVESÍA DEL ASTRAL

A Savvas Kourepinis, capitán del velero Astral, le resulta difícil recordar la primera vez que se montó en un barco. «Yo nací y crecí en la isla Leros, de Grecia, y viviendo en un pedazo de tierra de apenas 11 km de punta a punta, todo el día estás en el mar. Mi padre y mi hermano son pescadores, mi tío era navegante, mi abuelo, jefe de máquinas. Así que casi toda la familia siempre ha estado en el agua. Nacimos en ella».

Con los años, un capitán que había conocido lo llamó para ir a España a trabajar con Open Arms, cuando la institución apenas nacía, en 2016. No hablaba el idioma, solo un «inglés roto que adquirí en la calle para poder comunicarme un poco. Y me esforcé, aprendí castellano, que tampoco hablo muy bien, pero lo intento y aquí estamos».

El Astral es un monocasco a velas con dos palos, y dos motores de casi 300 caballos de fuerza cada uno. Tiene capacidad para unas 11 personas entre sus 30 metros de eslora.

«Con este barco y con la organización es la primera vez que hacemos un viaje tan largo. Desde que zarpamos han pasado más de dos meses. El cruce del Atlántico fue apenas en 21 días, pero primero hicimos una ruta de sensibilización por varios puertos de España. Salimos de Badalona y después entramos en Barcelona, en Tarragona, en Málaga, en Cádiz y en Canarias. Más tarde hemos hecho una parada técnica en Barbados, luego en México y ahora acá. El Gobierno de México nos dio algunas donaciones, que también hemos traído».

Dice el Capitán Savvas que la meteorología los acompañó hasta un día, porque en lo adelante tuvieron que navegar entre olas de cuatro y cinco metros y rachas de viento de 45 y 50 nudos (más de 83 y de 92 km/h, respectivamente). «Pero mira dónde estamos ahora, ¿eh? ¡Lo logramos!».

Como organización tienen dos embarcaciones, el velero y un remolcador. «Yo siempre estoy en este barco, pero si me necesitan… en el otro también; como asistencia, como marinería, como apoyo. Siempre estamos todos interconectados».

Tras diez años trabajando en rescates humanitarios en el Mediterráneo, Kourepinis califica sus experiencias como brutales. Lo más bonito, explica, es ver cómo, aún en medio de las desgracias, logras salvar una vida y cómo del agua salen los besos, las risas y los abrazos. Por otro lado, contrasta, lo más terrible es recuperar cuerpos flotando. «Y no hablamos de uno ni de dos, ¿eh? Estamos hablando de 50, 30, 20…», cuenta mientras baja el tono.

Pero el mediterráneo es muy largo, bien lo sabe un griego que mora en España. «Yo fui allí. Yo estaba allí», insiste al recordar las dos veces que ha logrado violar el bloqueo israelí y desembarcar unas 200 toneladas de ayuda humanitaria en la playa de la Franja de Gaza.

«Yo estaba a 20 metros de la playa, yo dejé comida en Gaza. Hasta que tres misiles nos mataron a siete compañeros y cancelamos la misión. Yo estaba allí…».

Gente de este tipo tiene sus pies y su ancla puestos hoy en Cuba; y sus brazos, aquí también, abiertos.

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