Cuando la risa es cosa seria, el talento crece y facilita el éxito. Decía el genial Charles Chaplin: » Una sonrisa cuesta poco y produce mucho. No empobrece a quien la da y engrandece a quien la recibe». Este axioma lo manejan a la perfección la pareja de instructores de Arte, Arletis González Rodríguez y Oniel Torres Santos, el dúo de payasos de Loreta y Nonil.
Espontáneos, refrescantes y reflexivos, los protagonistas de esta historia, comenzaron por casualidad en el montaje de números como payasos. Ella, hizo periodismo en Radio Ariguanabo y él, tiene un taller donde imparte clases de guitarra. Los dos integran la compañía de teatro infantil Los Cuenteros. Un día unieron talento y ganas. Se presentaron en una actividad cultural en Güira de Melena y descubrieron un camino hermoso para transitar y amar.
«Ese día me contactaron para trabajar en un cumpleaños, comenta Loreta. Dije que sí, porque los niños me fascinan. Entonces llamé a Oniel, para que me acompañara y al salir al escenario el presentador nos preguntó el nombre. No teníamos ninguno. Nos miramos y sin pensarlo dijimos, Loreta y Nonil y así nos bautizamos».
¿Dónde consideran que radique el éxito de su trabajo?
En la seriedad con que lo asumimos, apunta Nonil. Trabajar para niños exige mucho estudio, cuidar la selección de los textos y saber combinar la música con los juegos y la manera de gesticular en escena. Ellos no se equivocan, no engañan y mientras aplauden y se divierten, entonces sabemos que todo va viento en popa.
¿Recuerdan algo en particular que les haga amar a Loreta y Nonil?
Arletis, sonríe con picardía y muestra brillo en sus pupilas, antes de responder. «Sí, como no. El reclamo de los niños. Ellos nos reconocen, incluso sin el maquillaje de payasos. Un día nos encontramos una pareja de hermanitos que actúan y dicen ser Loreta y Nonil. Eso es gratificante y nos llena de satisfacción».
¿Cómo se las arreglan para los vestuarios, las marionetas y el maquillaje que utilizan en escena?
Es algo difícil, pero se logra. Tenemos el apoyo de toda la familia, apunta Oniel. Entre todos damos ideas. Uno diseña el vestuario y los diferentes títeres, otro sugiere el color y la música, la mamá de Arletis le da forma a los muñecos que utilizamos y yo realizo los arreglos de las canciones que vamos a trabajar.
¿Tienen espacio fijo programado por Cultura?
«No,no,no, dice Arletis. Nosotros nos presentamos en cumpleaños y fiestas familiares, pero no en carteleras programadas por cultura. Al principio tuvimos algunas presentaciones en El Bosquecito, pero eso caducó. Somos independientes y trabajamos para los niños dondequiera que estos estén. Loreta y Nonil ya conocen muchos rincones de Güira de Melena, Alquízar, Bauta, Artemisa y San Antonio de los Baños».
¿Proyectos inmediatos para Loreta y Nonil?
«Trabajar sin perder la ternura que engrandece el alma y hace milagros cuando un niño sonríe y nos saluda antes y después de actuar», ratifica Oniel.
Mientras, Arletis expone que desearían presentarse en algún centro asistencial o en el hospital pediátrico provincial. Lo único que pedimos, dice Loreta, es un transporte para llegar y robarle una sonrisa a esos niños que tienen alguna patología médica de cuidado.
Sin dudas Oniel Torres Santos y Arletis González Rodríguez llevan el arte de regalar amor tatuado en su alma. Ellos hacen mucho con recursos propios y escasos. Sobreviven con un poco de amor, como dice el cantautor Silvio Rodríguez. Pero más que eso, saben que no existe nada más importante que un niño y hacerlos sonreír es la esencia de su labor artística.



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