La edición 45 del Festival del Caribe concluyó con la tradicional Quema del Diablo, realizada de manera excepcional en la comunidad Portuondo, de esta ciudad, como símbolo de renovación espiritual y despedida de una cita que, pese a las limitaciones actuales del país, reafirmó su condición de principal encuentro de las culturas populares de la nación.
La ceremonia, realizada este domingo, constituye uno de los momentos más esperados del evento y representa la purificación colectiva, la despedida de las energías negativas y la esperanza de un nuevo ciclo para los pueblos caribeños.

Orlando Vergés, presidente del Comité Organizador y director de la Casa del Caribe, valoró que esta edición confirmó la vigencia del Festival como un proyecto cultural de resistencia y de integración regional.
El Festival del Caribe no es únicamente un evento artístico; es una forma de defender nuestra identidad, de fortalecer los vínculos entre los pueblos y de demostrar que la cultura siempre encuentra caminos para imponerse a las dificultades, expresó.
Asimismo, agradeció el respaldo de artistas, investigadores, instituciones y comunidades que hicieron posible la realización del encuentro, al tiempo que destacó la participación de Colombia como país invitado de honor y la presencia de delegaciones procedentes de América Latina y el Caribe.

Para la actriz colombiana Juana Rojas, el encuentro trascendió el intercambio artístico, pues aquí uno comprende que el Caribe es una familia diversa.
Nos llevamos el cariño de Santiago de Cuba y la certeza de que la cultura sigue siendo un puente para unir a nuestros pueblos, incluso en los momentos más complejos, afirmó.
Durante tres jornadas, la llamada Fiesta del Fuego desarrolló una agenda ajustada a las circunstancias nacionales, pero concebida para preservar la esencia de un evento que durante más de cuatro décadas ha promovido el diálogo entre los pueblos de la región.
El programa incluyó talleres de teatro, danza, religiosidad popular, artes plásticas, poesía y, por primera vez, un espacio dedicado a la cultura alimentaria, además del Coloquio El Caribe que nos une, principal encuentro teórico del evento.

Las actividades también llegaron a comunidades de los repartos Abel Santamaría y Nuevo Vista Alegre, como parte del propósito de acercar la programación artística a la población.
En esta ocasión, la cita estuvo marcada también por un mensaje de solidaridad con el pueblo venezolano tras los recientes terremotos y por el homenaje a los fundadores de la Fiesta del Fuego y al centenario del natalicio del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.
Con 45 ediciones ininterrumpidas celebradas, el Festival del Caribe ratificó su condición de uno de los principales encuentros dedicados a las culturas populares tradicionales de Cuba y de la región, reafirmando a Santiago de Cuba como capital del diálogo cultural caribeño.

