¿Cómo reconstruir Cuba sin perder su identidad? El reto de recuperar un país sin borrar su historia
Sumario
- La reconstrucción de Cuba, debe comenzar recuperando servicios básicos como electricidad, agua, alcantarillado y vialidad antes de impulsar grandes desarrollos inmobiliarios, según arquitecto cubano.
- Ciudades como La Habana conservan un patrimonio histórico único que debe preservarse durante cualquier proceso de transformación.
- Arquitecto considera que la inversión privada y el apoyo del exilio serán esenciales, pero insisten en que el desarrollo debe estar guiado por una planificación urbana que proteja la identidad del país.
Después de casi siete décadas de deterioro, la reconstrucción de Cuba representa uno de los mayores desafíos que enfrentaría el país en un eventual proceso de transición. Sin embargo, para expertos en urbanismo y arquitectura, el objetivo no debería ser levantar una ciudad completamente nueva, sino recuperar los servicios esenciales y rescatar el patrimonio histórico que durante décadas ha definido la identidad de la isla.
El arquitecto cubano Roberto Conde, sostiene que el futuro de Cuba dependerá de una planificación capaz de combinar desarrollo, inversión y conservación.
Cuba posee uno de los patrimonios arquitectónicos más importantes de América Latina. Desde el auge del Art Déco en las décadas de 1920 y 1930 hasta la arquitectura moderna de los años cincuenta, la isla llegó a convertirse en referente internacional.
«La arquitectura cubana siempre tuvo valores. El Art Déco cubano estuvo entre los más importantes del mundo y el modernismo de los años cincuenta marcó una pauta dentro de la arquitectura moderna a nivel internacional», explica Conde.
Sin embargo, advierte que décadas de falta de mantenimiento e inversión han provocado un profundo deterioro de edificios, calles, redes hidráulicas y servicios públicos.
La prioridad no son los rascacielos, sino la infraestructura
Para Conde, el primer paso de una futura reconstrucción no debe centrarse en grandes proyectos inmobiliarios, sino en recuperar aquello que permite funcionar a cualquier ciudad.
«Una ciudad no puede crecer con nuevas inversiones si antes no cuenta con electricidad, agua potable, alcantarillado, calles y una infraestructura básica sólida. Ese debe ser el punto de partida para cualquier plan de desarrollo», afirma.
El especialista considera que intentar construir nuevos desarrollos sin resolver esos problemas estructurales solo reproduciría las dificultades que enfrenta actualmente el país.
Uno de los principales planteamientos del arquitecto consiste en elaborar un inventario nacional que permita identificar qué edificaciones pueden ser restauradas, cuáles requieren rehabilitación profunda y cuáles necesitan ser reemplazadas.
A su juicio, ciudades como La Habana conservan un valor patrimonial imposible de reproducir. «La Habana Vieja debe recuperarse porque es el corazón de la ciudad. La bahía representa su centro económico y alrededor existen zonas únicas como El Vedado o la Necrópolis de Colón. Todos esos valores deben preservarse mientras la ciudad crece de manera ordenada», señala.
Conde insiste en que el objetivo no es demoler para comenzar desde cero, sino integrar nuevas construcciones respetando la estructura urbana existente y la identidad arquitectónica del país.
Planificación antes que inversión
El arquitecto advierte que una reconstrucción basada únicamente en la llegada de capital podría generar problemas similares a los que han enfrentado otras ciudades de la región.
Según explica, experiencias como las de Miami o Ciudad de Panamá demuestran que cuando el dinero llega antes que la planificación urbana aparecen problemas de congestión, crecimiento desordenado y pérdida de identidad.
«La inversión sin organización termina en desastre. Nuestra propuesta es justamente la contraria: primero organizar la ciudad, crear infraestructura, proteger el patrimonio y después atraer la inversión», sostiene.
El papel del exilio en la reconstrucción
Conde considera que la recuperación de Cuba requerirá inversiones multimillonarias durante varios años y que tanto la iniciativa privada como el exilio cubano podrían desempeñar un papel determinante.
No obstante, insiste en que ese proceso deberá desarrollarse bajo reglas claras que garanticen un crecimiento ordenado, protejan a las comunidades y preserven el patrimonio arquitectónico nacional.
Más que construir una nueva Cuba, concluye, el verdadero desafío será devolverle la vida a la que ya existe sin perder aquello que la hace única.



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