Desde los altos del Teatro Eddy Suñol, donde el crujido de las tablas se funde con el pulso cotidiano de la ciudad, la Compañía de Danza Contemporánea Codanza ensaya el milagro diario de fundar la belleza.
Para Holguín, cobijar una agrupación de este calibre ha sido un acto de soberanía espiritual que rompió el viejo mito del centralismo cultural en Cuba.
Nacer en pleno Periodo Especial, con apenas cinco bailarines, y convertirse en un referente iberoamericano de la danza-teatro es la crónica de una resistencia hermosa. Codanza no solo ha exportado el talento cubano a plazas de Austria, España o México; ha sembrado en el espectador local una sensibilidad profunda que hoy define nuestra identidad cultural.
Cada tarde, cuando la luz del sol cae oblicua sobre la urbe, el salón de ensayos se llena de un aire denso, cargado de sudor y disciplina extrema. Es allí donde se comprende que la envergadura de Codanza no reside únicamente en sus aplausos internacionales, sino en la memoria íntima de cada coreografía que ha sanado las cicatrices de la escasez y el cansancio a través del movimiento puro.
Bajo el relevo directivo de Vianki González, quien asumió el reto tras la huella imborrable de Maricel Godoy, la compañía ha sabido transformarse en escuela y refugio. El recambio generacional y los desafíos migratorios se combaten en
escena con el vigor de jóvenes graduados que encuentran en el virtuosismo de piezas recientes como Kardia —un grito de fuerza emotiva con elenco renovado— y en la colaboración internacional junto al austriaco Mike Loewenrosen, las respuestas artísticas a los tiempos que corren.
Ese quehacer incesante se expande ahora hacia nuevos lenguajes como el proyecto «VD Danza en movimiento», una audaz incursión en el videodanza que traslada la intensidad poética del cuerpo al plano cinematográfico, mientras el colectivo trabaja en el montaje de coreografías inspiradas en la obra de la escritora holguinera Kenia Leyva. Con el impulso del Grand Prix Vladimir Malakhov y más de 20 premios nacionales, el grupo mantiene una presencia vital en citas esenciales como la Fiesta de la Cultura Iberoamericana y el Festival de Cine de Gibara.
Codanza es, en esencia, el latido vanguardista de las Romerías de Mayo y el orgullo de un pueblo que aprendió a ver su propia historia esculpida en el aire. Con más de tres décadas sosteniendo el prestigio universal de Cuba desde una provincia, este colectivo demuestra que la verdadera universalidad de nuestra cultura no necesita mudarse a la capital para conmover al mundo.
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