El 31 de diciembre de 1958 Yaguajay, aún bajo el fuego de las balas, reconocía a su eterno héroe; era Camilo, el joven sonriente que conquistaba a todos con su carácter jovial y su valentía a prueba.
Bajo órdenes de Fidel, había fundado poco antes, en el norte de Las Villas, un frente guerrillero para liberar la zona de los esbirros batistianos.
Su batalla más importante fue allí, pero desde mucho antes demostró sus cualidades de líder revolucionario. Camilo Cienfuegos viajó a México, en 1956, para contactar con Fidel y participar en la expedición armada que traería la libertad a la isla. El líder vio su carisma y aceptó que integrara la nómina de los 82 expedicionarios del yate Granma.
Camilo vio nacer el Ejército Rebelde, en diciembre de 1957, y obtuvo los grados de comandante en abril del año siguiente. Durante la base de operaciones radicada en la Sierra Maestra participó en disímiles combates y planes de guerra.
La gran ofensiva final de los revolucionarios había sido pensada como en el siglo XIX: una invasión de Oriente a Occidente; y, por supuesto, Fidel confió en Camilo y el Che para la compleja tarea, cada uno frente a una columna guerrillera.
Con el Frente Norte de Las Villas y junto a otras fuerzas de la zona comenzó la liberación de varios pueblos de la zona. El último fue Yaguajay, el lugar donde han quedado grabados su nombre y sus acciones para siempre.
Con las acciones victoriosas en el centro de la isla Camilo y el Che sentenciaron la caída de la tiranía de Fulgencio Batista y Zaldívar, instaurada desde el 10 de marzo de 1952.
El Señor de la Vanguardia se trasladó rápidamente a La Habana y tomó el Estado Mayor del ejército enemigo, el Cuartel de Columbia. Esperó a Fidel en su entrada el 8 de enero de 1959 junto a los barbudos a la capital. “¿Voy bien Camilo?”, preguntó Fidel durante el discurso.
Meses después, el Señor de la Vanguardia fue encomendado a abortar un acto sedicioso contra la naciente Revolución en la provincia de Camagüey. A su regreso a La Habana, el 28 de octubre, luego de una histórica alocución, la avioneta en que viajaba desapareció de los radares. Durante días se buscó infructuosamente por toda la isla. Pero Camilo no desapareció para los cubanos; su ejemplo aún permanece firme en la memoria de su pueblo.

