
Foto: Cortesía de la entrevistada
Una mañana de viernes, dos jóvenes habaneras se dirigen hacia el Barrio Chino. Vienen a conversar sobre aprendizaje, cultura y arte. Llegan al Instituto Confucio de la Universidad de La Habana, en pleno corazón del Barrio. Además del estudio del idioma del gigante asiático, ambas comparten otro camino: el concurso Puente Chino.
En mayo tuvo lugar en La Habana la competencia final de la edición cubana del certamen. Cindy Piñón Chirino fue la ganadora en la categoría de Estudiantes de Secundaria y Ellen Machado Friol fue la segunda ganadora de Estudiantes Universitarios, donde ocupó el primer lugar Elizabeth Zamorano Arias.
Cindy estudia violín y piano en el Conservatorio Amadeo Roldán, «aunque mi instrumento principal es el violín» explica con sencillez. Ellen está a punto de graduarse en la carrera de Historia del Arte, en la Universidad de La Habana.
¿En qué consiste la competencia? Cada participante debe preparar un discurso temático, responder preguntas –de un total de doscientas- sobre cultura china y realizar presentaciones artísticas que abarcan música, danza, caligrafía o las artes marciales.
Para Ellen, el interés por China comenzó desde muy temprano «Desde pequeña. Mi mamá me traía libros de pintura china y las ganas de aprender el idioma crecieron luego de leer el libro “La bendición del oficial celestial”».
El interés de Cindy, por su parte, nació frente a la pantalla: «con las películas de artes marciales que veía con mi papá. Luego, cuando fui grande, un amigo iba a comenzar en el Instituto Confucio. Yo no sabía que se podía estudiar chino aquí y entonces él me trajo y fue donde me enamoré del idioma».
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La Doctora en Ciencias, Jeisy Díaz Fernández, directora del Instituto Confucio de la Universidad de La Habana explica que el centro que dirige ha formado a más de 14 000 estudiantes cubanos desde 2009 y afirma que «el Puente Chino es una plataforma que no solo evalúa el dominio lingüístico, sino que celebra el talento artístico y la comprensión cultural, ofreciendo a los jóvenes cubanos una ventana al mundo y una oportunidad de desarrollo personal y profesional».
Desde el año 2010 el Instituto, en alianza con otras instituciones, organiza el evento. Díaz Fernández considera que no se trata de una competencia más, sino que tiene otros alcances.
«La implicación familiar, además de su impacto social, tiene un efecto multiplicador en la motivación de los jóvenes. Saber que su esfuerzo es visto, valorado y acompañado por quienes más quieren les da una fuerza adicional para superar los desafíos del idioma y la cultura china».
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«Me pasó que estaba en el año más difícil de la carrera en la Universidad y sentía que no podía al mismo tiempo con el idioma chino, porque también era difícil», dice Ellen. Sin embargo, gracias a su perseverancia y al apoyo de los profesores, pudo vencer la etapa.
En su primer año, Cindy pensó que era un camino muy difícil: «Creía que nunca iba a aprender. Escuchaba a mi profesora cubana hablando en chino y pensaba que nunca iba a poder hacerlo». Pero fue más fácil al comenzar el segundo año, cuando comenzó a relacionarse con profesoras de China y fortaleció su autoaprendizaje.
Así llegó a la edición del concurso en el 2025 y confiesa que desde que terminó, ya estaba pensando en la del siguiente año. En aquella ocasión interpretó, acompañada del violín, la canción «Mojito».
Luego comenzó a ver videos en internet y descubrió el guzheng, un instrumento típico de la cultura china y empezó a estudiar empleando audiovisuales. Meses más tarde, completó el aprendizaje gracias a la posibilidad de contar con un instrumento físico.
«Yo escogí cantar, porque es lo que mejor sé hacer», explica Ellen. El discurso, con el tema de «Un mundo, una familia» le permitió hablar sobre su experiencia en este aprendizaje. Sobre las preguntas, por otra parte, considera que «son complicadas, pero son muy interesantes».
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En palabras de la Directora del Instituto «el Puente Chino aporta un valor incalculable que trasciende el aprendizaje de un idioma». Por eso, además de las habilidades, los participantes «encarnan el espíritu de cooperación y hermandad» resumido en el lema para la edición actual: «Un mundo, una familia».
Afirma que la preparación –que conlleva un trabajo intensivo de los docentes del Instituto- «dota a los estudiantes de una disciplina y una capacidad de superación que les será de gran utilidad en el futuro».
Considera que la experiencia más enriquecedora es la posibilidad de viajar a China para la fase mundial. «Los ganadores cubanos compiten y comparten con estudiantes de más de 150 países, lo que les permite ampliar sus horizontes y comprender la diversidad cultural del mundo», afirma la Directora. «Se convierten en embajadores de nuestra Isla y en puentes humanos que acercan a dos pueblos».
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¿Qué ha cambiado en ambas estudiantes desde que iniciaron este aprendizaje?
Ellen explica que ha modificado, precisamente, su forma de aprender: «he adaptado los métodos de estudio que nos enseña el Instituto Confucio al estudio de los contenidos de mi carrera y me ha sido más fácil».
«Responsabilidad», dice Cindy, «porque el chino es una carrera que hay que estudiar con mucho sacrificio». Se refiere a la posibilidad de interactuar no solo con la cultura cubana, sino también con la china, y explica que esta última también «es parte de nuestra vida».
Así lo resume la Directora: «el Puente Chino es una expresión viva de la diplomacia cultural y el intercambio académico que han consolidado las relaciones entre ambos países».
Al gigante asiático acudirán en los próximos días Cindy y Ellen, junto a Elizabeth. Llevarán su talento, representando a Cuba en un certamen global. El puente que un día comenzaron a cruzar con el aprendizaje de un idioma se ha extendido y continuará al otro lado del mundo.

