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Pedrito Beritán, encantado de Cantar los 80

Quizás por eso, por la imagen de trovadores esenciales, defendiendo sus canciones “a guitarra limpia” (valga también la referencia), pues me sorprendió descubrirlos en esta exploración ecuménica de lo que sonó en la década en que nací, sin embargo, me cuento entre los expectadores que disfrutaron la transgresión y hasta la agradecen. A propósito, conversamos con Pedrito Beritán:

“Este concierto ya lo hemos hecho 5 ó 6 veces y la idea es el rescate de la banda sonora de películas, animados, series, aventuras… de los años 80 cubanos. La idea es rescatar las bandas sonoras notables de esa época y llevarlas al formato nuestro de dos guitarras. A veces lo ponemos con un poco más de banda, como hicimos para el programa La Majomía”.

¿Y cómo surgió la idea?

“Ariel tiene un grupo de WhatsApp que se llama La Casa de Ariel Díaz, que lo hizo durante la pandemia y esta idea vino un poquito después. La canción que le dio inicio a esto fue Fundar una Esperanza, que es con la que cerramos el show siempre. Es un tema de Vladimir Zamora y Edesio Alejandro, la que cantaba Moncada con Edesio. Resulta que cada uno la tenía montada por su lado y nunca la habíamos hecho juntos.

“La grabamos en la pandemia y la pusimos en el grupo. Entonces, empezó la gente a decir: oye, ¿te acuerdas de esta? ¿te acuerdas de aquella otra? ¿te acuerdas de no sé qué? Y Ariel me dijo, compadre, vamos a hacer un concierto con todo esto que se nos quedó pendiente y que hace rato que no se canta.

“Empezamos a preparar todo aquello, ya tú sabes, era un bulto de canciones. La lista era enorme y fuimos reduciendo hasta que nos quedamos con una hora y media más o menos de concierto. La primera vez que lo hicimos fue en el Pabellón Cuba”.

¿Algún otro elemento que hayan tenido en cuenta para la selección?

“Escogimos canciones que nos hubieran versionado mucho”.

Pero tú en los 80 eras un niño…

“Sí, yo era un niño, pero no tanto. En los ochenta, cuando todas estas canciones estaban empezando ya a pegarse yo era un niño grande, de diez años o algo así, que ya podía discernir bien las cosas y se me quedaron pegadas todas las melodías esas”.

¿Cómo ha recibido el público estos conciertos?

“Hay cosas que cantamos, por ejemplo, “El Amor Acaba” de Osvaldo Rodríguez, que está en la película Se Permuta, la primera vez que la hicimos en público fue en Bellas Artes, cuando Ariel empezó a cantarla, la gente hizo ovación, porque esas son canciones enormes, que nos superan por mucho y la gente no las escucha ya, eso más nunca nadie lo ha cantado, entonces, imagínate tú las fibras que remueves ahí. Tenemos cosas de Manolo Camejo, el de el dúo Pulso, que prácticamente se ha radiado más de la música de ellos. Eran un dúo súper, súper revolucionario de música en su tiempo, tenían una sonoridad muy pop”.

Beritán, para ustedes, que son trovadores, acostumbrados a cantar sus propios temas ¿no se hace “incómodo” interpretar canciones de otros?

“A mí me encanta cantar canciones de otra gente. Yo, de hecho, cuando no estoy oficialmente encaramado en un escenario, cuando estoy en una fiesta con amigos o en reuniones extraoficiales, lo que canto generalmente no es mío. Y eso lo aprendí probablemente de Santiago Feliu. Santiago era la vitrola humana, se sabía las canciones de todo el mundo y las tocaba mejor que el autor incluso. Y a mí me encantó eso, cuando lo vi por primera vez.

“De hecho, las canciones mías llegaron un poco tarde. Yo me pasé un tiempo cuando empecé a tocar guitarra, que lo que cantaba era de otra gente, como casi todos, ¿no? Y eso es lo que me quedó, y me encanta.

Yo diría que es un proyecto asumido sin prejuicios…

Sí, sobre todo, sin prejuicio de que esto fuera de un trovador, o de un bolerista, o lo que fuera. Había que hacerlo a la manera nuestra. La única concesión que hicimos fue llevarlo a nuestra manera de crear. Y de ahí en fuera, enfrentarse a la canción de la mejor manera posible. Creo que al final el resultado ha sido muy bueno, porque nos ha puesto en la mira en varias cosas a las que no habíamos tenido acceso nunca.

Cantar los 80 les debe haber planteado, además, grandes retos…

“Con este repertorio he explorado incluso registros de la voz, de la manera de cantar, que yo ni sabía que los tenía. Son canciones muy, muy, muy contundentes, que no puede fallar uno ahí. Tiene que hacerlo uno bien, y entonces sí, es un reto hacerlo, pero a la gente le gusta mucho, porque son canciones que de alguna manera las personas las conocen en un estilo, a veces son canciones de bandas grandes, por ejemplo, tenemos cosas de Van Van y, cuando las escuchan a guitarra, se asombran de cómo se puede cantar un tema y llevarlo a la mínima expresión. Ahí es cuando tú ves de verdad que la canción es buena, cuando tú la reduces a la mínima expresión, y funciona”. 

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