Domenico Turi, director artístico de este evento anual, que comenzó el jueves último y se extenderá hasta el 2 de julio, subrayó la víspera al realizar esa presentación, dedicada a la cultura latinoamericana, que “esta noche no es solo una velada de danza, sino también un viaje y una comunión entre pueblos”.
El espectáculo “Danza amada: Bailando entre las culturas” se presentó en los Jardínes de la Filarmónica, bajo la conducción de los maestros cubanos, radicados en Italia, Ulises Mora e Irma Castillo, fundadores de la Promotora Internacional Timbalaye, así como de la mexicana Margarita Borzelli.
Mora resaltó la importancia de este festival, que este año tiene como tema “Raíces”, el cual “a través de la cultura une a los pueblos y contribuye a la paz” en un mundo plagado de conflictos, de amenazas de agresión, como la que se cierne sobre Cuba, víctima de las presiones de Estados Unidos.
El variado programa contó con la actuación de bailarines italianos y cubanos de la Escuela de Danza Folclórica Clave de Son, dirigida por Mora y Castillo; del Mariachi Roma, bajo la conducción de la maestra italiana Antonella Serafini y de la agrupación CeguFolk, de Colombia. Hubo un homenaje a las danzas afrocubanas, a la rumba, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad en noviembre de 2016, y al son de ese país, que también fue incluido en diciembre de 2025 en esa lista representativa de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Los bailes tradicionales cubanos, colombianos, mexicanos e italianos fueron interpretados por Silvano Falocco, Paola Zambardi, Isabella Delle Ville, Dalila Volpini, Daniela Ribezzi, Ana Selena Carravetta, Elvira Annalisa Condorelli, Sara Apulia, Antonella Dolce y María Antonietta Procopio.
En la parte musical intervinieron Antonella Serafini, Mario Smordoni, Roberto Giusto, Valerio Zavoli, Riccardo Cicerchia, Carlos Medrano, Iván Arandia y Marilena Serafini.
“Bailando entre Culturas” resultó un espectáculo que celebró el diálogo intercultural, con una narrativa escénica que entrelazó danzas tradicionales, música en vivo y coreografías inspiradas en rituales y festivales populares, resaltando el patrimonio inmaterial de los pueblos representados.
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