Vanguardia

Por encima de todo… ¡Padres!

Tomado de la edición digital del periódico Granma

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21 Junio 2026

Prohibido, para todo padre (abuelo, bisabuelo o más allá), dejarse morder este tercer domingo de junio por los colmillos que durante el calendario entero se empeñan en mostrar las adversidades.

Días atrás, un entrañable amigo llamado Tony decía: «No es fácil ser padre en este tiempo». Igual pudiera decirse con respecto a las madres.

Sin discrepar o sin ignorar el real sentido de la frase, lo que no es fácil, lo imposible, es otra cosa: dejar de ser, de actuar y de sentir la dicha inmensa de ser padre, incluso mientras más brutal se nos torne esta adversa coyuntura.

Hace unas horas, hasta mi asiento, en el fondo de un ómnibus que traslada pacientes y familiares, llegó varias veces la angelical voz de Alex David, un pequeñín trinitario próximo a cumplir tres años de edad, intervenido quirúrgicamente en el cardiocentro del Hospital William Soler. Y créanme: cada vez que decía papá, algo imposible de expresar con exactitud ponía en tropel los latidos de mi corazón.

… Imaginen ustedes a ese joven padre.

Y, como él, ¿cuántos? Todos, estoy seguro: el que sale temprano a trabajar y deja al pequeño o a la pequeña llorando, con los brazos extendidos, para que no se vaya; el que con un beso se lo entrega a la tita en el círculo infantil, el que por las tardes se lo enhorqueta en el cuello y salen juntos a galopar, el que saca, como verdadero mago, un simple caramelo u otra golosina alcanzable antes de que la niña o el niño le diga: ¿Papá, que me trajiste?

Nadie piense, pues, que son mis dedos los que repican el teclado; son las manos de todos los afortunados hombres que acariciamos la mejilla de nuestros retoños cada día, muchas veces dormidos ya; los de quienes largamos un suspiro de placer sacando del bolsillo tal vez el último billete mientras imaginamos la cara que pondrá nuestro hijo al ver lo que le llevamos, aunque mamá tuerza un poco la suya, por un gasto que igual haría ella, gustosa.

Son estas, las líneas que perfectamente podrían escribir todos los padres y abuelos que, por la misma y ya mencionada brutalidad de este tiempo, no podrán cargar, levantar, mecer en brazos, besar o abrazar, con efecto de crujido en vértebras y huesos, a ese hijo o hija, nieto o nieta geográficamente lejos, aunque alojado todo el tiempo en el más cálido y entrañable espacio de su interior.

Podrá faltar este domingo, sí, una postal, el regalo que todo hijo quiere hacerle a su padre (porque lo supermerece), el pastel, la botella de vino para que la dicha eleve al cielo copa. Podrán los extendidos apagones obstaculizar un poco el beso que viene por teléfono o el que las redes terminan «enredando»…

Pero no faltará (tenga usted total certeza) ese Amor bien nuestro, cubanísimo, de padre a hijo y viceversa, que, en tiempos y circunstancias no menos difíciles, hizo escribir a Martí con tanta pasión y belleza para todos los Ismaelillos de la eternidad, así como convertirse a Céspedes en Padre de todos los cubanos, tras no aceptar la rendición a cambio de la vida de su hijo Oscar, fusilado horas después, de forma injusta, baja y salvaje, por el enemigo. (Pastor Batista Valdés) 

 

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