Brasil confirmó su condición de favorita en la Copa Mundial de la FIFA 2026 al imponerse con autoridad 3-0 a Haití, resultado que le permitió mantenerse en la cima de su grupo y acercarse a la clasificación a la siguiente fase del torneo.
La selección dirigida por el técnico Carlo Ancelotti dominó el encuentro desde los primeros minutos y encontró respuestas en una ofensiva que volvió a mostrar su calidad y profundidad. Haití intentó resistir el empuje brasileño, pero no logró contener la velocidad y el talento de sus rivales.
La gran figura de la noche fue Vinícius Júnior. El atacante participó activamente en las acciones más peligrosas del conjunto sudamericano, asistió en uno de los goles y cerró la cuenta con la tercera anotación del partido, coronando una actuación determinante.

Junto a Vinícius, Raphinha volvió a ser una de las principales referencias ofensivas de Brasil, generando constantes problemas a la defensa haitiana. Sin embargo, el extremo no pudo completar el juego, tras sufrir una lesión que obligó su sustitución.
La salida de Raphinha dejó preocupación en el cuerpo técnico brasileño. Su posible ausencia representaría una baja sensible para un equipo que ha encontrado en la sociedad formada con Vinícius una de sus principales armas de ataque en la competición.
Más allá de esa nota negativa, la pentacampeona del mundo sumó tres puntos importantes, mantuvo su arco en cero y ratificó su candidatura al título con una actuación sólida que la consolida en el primer lugar de su grupo.
Turquía, primera decepción del mundial
Turquía firmó una de las mayores decepciones de la Copa Mundial de la FIFA 2026 al quedar eliminada en la fase de grupos, pese a llegar al torneo con una de las plantillas más competitivas de su zona y con el cartel de favorita junto a Estados Unidos para avanzar a la siguiente ronda.
El conjunto turco no logró traducir su potencial en resultados. Futbolistas de la calidad de Arda Güler, Kenan Yıldız y Hakan Çalhanoğlu estuvieron lejos de marcar diferencias en los momentos decisivos, dejando una actuación muy por debajo de las expectativas generadas antes del inicio de la competición.

La eliminación quedó sellada en un encuentro que parecía ofrecerles una oportunidad inmejorable para reaccionar. Turquía recibió un gol en los compases iniciales y nunca encontró los caminos para revertir el marcador adverso.
La situación se volvió aún más favorable tras la expulsión de Miguel Almirón. El paraguayo vio la tarjeta roja después de infringir la denominada Ley Prestiani, al taparse la boca para insultar a un jugador turco durante una discusión en el terreno de juego.
Con un hombre más durante buena parte del partido, Turquía asumió el control de la posesión y adelantó sus líneas, pero careció de profundidad y claridad en los metros finales. La defensa rival resistió los intentos de empate y sostuvo la ventaja mínima hasta el pitazo final.
El resultado confirmó el fracaso deportivo de una selección que aspiraba a ser protagonista y que terminó despidiéndose prematuramente del torneo, incapaz de aprovechar una superioridad numérica que pudo cambiar su destino en la competición.
