Las exposiciones personales suelen contener detrás de cada pieza múltiples historias de su creador: fragmentos de su vida, sus sueños, pensamientos y energías; pero Mundos conectados, la próxima muestra de Adrián Gómez Sancho, sin dejar de ser personal, recoge un lenguaje que va más allá de lo que en ella pueden advertir los adultos, entendidos o no en las artes visuales.
Desde títulos tan sugerentes como El mecedor de las cargas rígidas, cuadro que inició esta serie y con el cual el artista mereció el Premio del Salón provincial de Artes Plásticas José Ramón Fundora de la Uneac en Matanzas, Mundos conectados contiene 10 piezas en las que el creador se apropia del universo creativo de varios niños y les inserta simbologías propias de su obra, estableciendo un diálogo fecundo, auténtico y maravilloso.
“Mundos conectados es mi próxima muestra personal que se inaugurará el próximo 3 de julio en la galería Carmen Montilla, de La Habana. Es una muestra muy singular porque nunca he realizado mi trabajo en base a las creaciones de los niños.

“He tenido la inspiración de ellos, pero voy más allá porque reproduzco los dibujos de los pequeños, hijos de amigos y amigas, cuyo trabajo me ha interesado no solo por la forma o el color sino también por lo que pueden transmitir. “Es como reproducir un poco esos mismos trabajos a la máxima expresión, porque nunca podremos representar esa espontaneidad magnífica y única que tienen ellos a la hora de dibujar, en mis lienzos de diferentes formatos. A esas pinturas realizadas en tempera o con crayolas las reproduzco añadiéndole mi iconografía, mi manera de hacer. Así se mezclan sus mundos con mi propio mundo dentro del mundo conectado”.
Un bocado de estrellas también guarda tras de sí la narración de una tarde aterradora para una madre, la desesperación de los días que le siguieron, hoy recordados desde el aprendizaje y la risa de quien reconoce el hecho como parte de un pasado reciente y una lección para toda la vida.
“Hay una pieza muy peculiar en particular para mí porque ya no presenta este dibujo logrado por un niño, sino más bien un objeto. En este caso un peso que, casualmente, es uno de los símbolos más recurrentes de mi trabajo.

“Ese peso fue tragado por accidente por una de las niñas de mi querida amiga Jessica. El susto de esa madre, de la familia lo he traspolado a mi trabajo, pero con una versión un poco más desde la risa, desde esa expresión más espontánea de la pequeña diciéndole -mamá me tragué un peso.
“Entonces está muy presente esa imagen de una niña montada en una carriola, representando perfectamente la risa, el juego, con ese peso abstractamente pintado que simula un sol, pero que acompaña también una luna.
“El peso es de estrella y por eso decidí, luego de un trabajo de mesa, ponerle a la obra Un bocado de estrellas. Esa es la pieza más histórica dentro de la serie que cuenta un momento de susto, un momento tenso pero que, gracias a Dios y a todas las personas que hicieron posible que todo saliera bien, ahora se convierte en un momento de chiste y de experiencia de vida”. La expo incluye también 40 piezas de pequeño formato, en las que se aprecia la mayoría de las técnicas en las que incursiona Sancho.
“Es una muestra que lleva tiempo, mucha dedicación. Son piezas de diferentes formatos y técnicas, ya sea carboncillo, óleo, óleo pastel, puede existir algo matérico y un políptico de 40 piezas de pequeño formato donde está todo expresado: el collage, el dibujo, la crayola, el pastel, el óleo, el acrílico, el carboncillo, la monotipia.

“Precisamente ahí se establece ese gran mundo conectado entre el trabajo de los niños y el mío. Tengo la suerte de que este proyecto sea con infantes bastante pequeños; las edades oscilan entre los tres y los 10 años. Son niños que tienen vocación para la pintura, para el dibujo.
“Aún con lo que se pueda mostrar de ellos, estos primeros bocetos, las primeras líneas, no hay un trabajo terminado y eso es lo que me gusta. No es la típica casita, el caminito, el sol. Son trabajos que sintieron en algún momento de la necesidad de dibujar y por ahí me voy. “Me gusta más esa espontaneidad para lograrla y para que se apegue más a nosotros, al espectador para descubrir ese niño también que sé y sabemos que tenemos todos adentro. Es una manera de confluir en la exposición con estos trabajos que invitan a la reflexión más infantil”.
La exposición permanecerá abierta en la galería Carmen Montilla, de la Oficina del Historiador de La Habana, durante los meses de julio y agosto. Además, como parte de la programación, Gómez Sancho impartirá dos talleres dirigidos al público infantil.

“Aprovechando que la muestra se mantendrá un buen tiempo en exhibición, como parte del proyecto Rutas y Andares, de la Oficina del Historiador de La Habana, como otra manera de salirse de espacio expositivo, ofreceré talleres de artes plásticas a niños y adolescentes que tengan mucho que ver con la exposición Mundos conectados”.
Aunque artistas reconocidos como Henry Matisse, Joan Miró, Marc Chagall, Wassily Kandinsky, Pablo Picasso y Paul Cézanne se han inspirado en la simplicidad y la espontaneidad de las pinturas infantiles en algunas de sus obras, la práctica de tomar directamente un dibujo de un niño como base para crear una obra de arte profesional no es común.
No obstante la influencia del arte infantil en el trabajo de artistas contemporáneos es un tema que está creciendo y, desde ahora, Adrián Gómez Sancho se une a las gemelas Liesbeth y Angelique Raeven, Dylan Egon y Hetty van der Linden, entre otros, quienes buscan esa simplicidad y autenticidad que se encuentra en la obra de los niños para crear mundos conectados.

