El cine cuenta historias de vida, por eso nos conmueve, nos incomoda y, a veces, nos devuelve un reflejo de nosotros mismos. Cuando una película acierta, no solo vemos a los personajes, podemos vemos a nosotros o reconocer a una persona cercana, y cuando falla también podemos aprender algo, aunque sea sobre nuestros propios prejuicios.
Hoy te comentaré sobre un tema de salud mental que el cine ha mostrado muchas veces, el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Lo ha hecho con mayor o menor acierto, pero casi siempre cometiendo el mismo desliz: filmar las manos y olvidar la cabeza. Porque el TOC no vive en el lavamanos, ni en el interruptor de la luz, ni en la llave del gas de la cocina, vive en un lugar que las cámaras no alcanzan fácilmente: el pensamiento que se impone sin permiso, la duda que no se cierra, la voz que te dice «si no haces esto, algo malo va a pasar».
Muchas veces el público se queda con ideas imprecisas. Por ejemplo, que el TOC es una manía simpática, una rareza de un personaje o un rasgo del carácter. Y no se trata de eso. Según el Manual Diagnóstico y Estadístico Revisado, de la Asociación Psiquiátrica Americana (DSM-5-TR), el Trastorno Obsesivo Compulsivo se define por la presencia de obsesiones, compulsiones o ambas.
Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes que se imponen sin permiso, o sea, son intrusos. Llegan cuando menos se esperan, generan una ansiedad intensa y, por más que se intente ignorarlos o suprimirlos, vuelven. No son preocupaciones cotidianas, son ideas que horrorizan precisamente porque van en contra de lo que lo que la persona valora. Una madre que ama a su hija puede tener pensamientos intrusivos de hacerle daño, y eso la aterroriza.
Las compulsiones, por su parte, son las conductas o actos mentales que hace la persona para calmar la ansiedad. Por ejemplo, lavarse las manos excesivamente, comprobar varias veces si la puerta está cerrada, contar en silencio, repetir una frase para neutralizar el pensamiento. El problema es que esas conductas no están conectadas de forma realista con lo que intentan prevenir, o son claramente excesivas, alivian por un momento, pero refuerzan el ciclo. Cuanto más se obedece al ritual, más se cree que es necesario.
Para que el diagnóstico se sostenga, las obsesiones o compulsiones deben consumir más de una hora al día, o causar un malestar significativo y un deterioro en la vida social, laboral o académica. Es un trastorno que roba tiempo y energía.
En la práctica clínica reconocemos categorías de presentación, las más comunes son las siguientes:
- Contaminación. Miedo a los gérmenes, la suciedad o los fluidos corporales. Las compulsiones típicas son el lavado excesivo y la evitación de lugares que se perciben como sucios.
- Simetría y orden. Una sensación de profunda incomodidad cuando algo está desordenado, incompleto o «no se siente bien». Lleva a ordenar, repetir o tocar hasta que la sensación se calma.
- Pensamientos prohibidos o tabú. Obsesiones de contenido sexual, religioso o agresivo que la persona encuentra repugnantes. El miedo no es desear hacer algo, sino la posibilidad de convertirse en alguien capaz de hacerlo.
- Miedo a causar daño. Pensamientos de lastimar a otros, de provocar un accidente, de ser responsable de una desgracia. Las compulsiones incluyen comprobar, esconder objetos peligrosos o pedir tranquilización constante.
Hay más, la lista es larga, y es oportuno apuntar que una misma persona puede tener síntomas de varias categorías a la vez. En general, siempre existe un pensamiento que no se puede apagar, o un ritual que no se puede dejar de hacer, o una duda que nunca se cierra, o todo al mismo tiempo.
Ahora que ya tienes claro de qué se trata, te comentaré sobre tres obras cinematográficas que lo abordan en sus historias.
‘Mejor… imposible’ (1997), el hito que también sembró un malentendido

Cuando piensas en TOC y cine, probablemente te viene a la mente Jack Nicholson con guantes. ‘Mejor… imposible’ fue, para muchas personas, la primera vez que escucharon el término. Melvin Udall es un escritor de novelas románticas, insoportable, sarcástico, y con un TOC que lo aísla del mundo. La película tiene aciertos reales: el miedo a la contaminación, el rechazo a los cubiertos del restaurante, el ritual de lavado con agua hirviendo. Eso está bien retratado.
Pero hay un problema, Melvin no es solo un hombre con TOC, es un hombre cruel, misógino y homófobo. La película lo mezcla todo con una naturalidad que confunde, lo que provoca que el espectador termine asociando el trastorno con la antipatía del personaje. Desde la clínica, el deterioro social de Melvin tiene más que ver con rasgos de personalidad que con el TOC en sí. Es el error más común del cine, usar un diagnóstico para dar colorido a un personaje, sin distinguir qué es síntoma y qué es carácter. Melvin hizo visible el trastorno, pero también nos dejó la idea de que el TOC te vuelve insoportable.
‘Turtles All the Way Down’ (2024), en los países hispanohablantes ‘Mil veces hasta siempre’

Si quieres ver un cambio real, mira esta película de la directora estadounidense Hannah Marks, basada en la novela de John Green, quien tiene experiencia propia con este trastorno, y cuenta con el respaldo de la Fundación Internacional del TOC por su representación precisa. Aza, la protagonista, no se pasa la película lavándose las manos. Lo que hace el filme, y he ahí lo importante, es exteriorizar el pensamiento intrusivo, el espectador escucha el bucle de miedos en su cabeza, puede apreciar sus visualizaciones, se sumerge en su angustia.
El TOC real es más que un ritual visible, es una batalla interna entre lo que sabes que es absurdo y lo que sientes que es una amenaza real. La película también muestra el costo, porque Aza se aísla, tiene dificultades para relacionarse, su vida social y su capacidad de hacer cosas se ven profundamente afectadas. En esta película no hay caricatura, hay sufrimiento y una persona intentando vivir con él.
Para mí hay una diferencia sustancial, ‘Mejor… imposible’ te muestra el TOC desde fuera, ‘Turtles All the Way Down’ te invita a estar dentro, y eso lo cambia todo.
TOC TOC (2017): la comedia como puerta de entrada

TOC TOC, la comedia española dirigida por Vicente Villanueva, adapta la obra de teatro de Laurent Baffie y reúne a varios pacientes con TOC en la sala de espera de un psiquiatra que nunca llega. Entre ellos hay un taxista obsesionado con los números, una mujer aterrada por los gérmenes, un hombre que no puede pisar las líneas del suelo y una joven que repite todo lo que escucha. La película usa el humor para mostrar que el TOC tiene muchas caras, y eso tiene valor porque amplía el imaginario, rompe la idea de que solo es lavarse las manos.
Pero como casi todas las comedias sobre salud mental, esta película simplifica, el proceso terapéutico queda reducido a un gag, y los personajes funcionan más como tipos cómicos que como retratos clínicos. No es un material para estudiar, pero sí puede ser una puerta de entrada. A veces el humor abre conversaciones que el drama cierra, y eso es de valor.
Lo que el cine puede hacer
El cine no solo refleja, también moldea. Cuando una película muestra el TOC como una excentricidad, el público aprende a reírse de algo que en realidad hace sufrir, cuando lo muestra como una batalla interna real, el público aprende a reconocer, a respetar, a no juzgar, a empatizar.
La Fundación Internacional del TOC ha sido explícita en señalar que las representaciones inexactas no solo estigmatizan, sino que sesgan a los propios clínicos. Un estudio encontró que más del 50 por ciento de los casos son mal diagnosticados por médicos de atención primaria, y que muchas personas esperan muchos años para un diagnóstico correcto. La imagen que el cine proyecta podría influir en consecuencias reales.
Tengamos claro que el TOC, más que verse, se escucha. Se escucha en la voz de alguien que sabe que su miedo es irracional pero no puede disiparlo, en la vergüenza de no contarlo, en el silencio de quien lleva años sin saber que lo que le pasa tiene nombre y tiene tratamiento.
El cine puede ayudarnos a escuchar mejor. No siempre lo logra, pero cuando lo hace, ocurre algo pequeño y poderoso: alguien en la sala se reconoce y, por primera vez, no se siente tan solo.
La entrada Lo que el cine no suele mostrar del Trastorno Obsesivo Compulsivo se publicó primero en Radio Angulo.

