Trump vuelve a invocar la captura de Maduro al hablar de Cuba tras meses de mensajes contradictorios
Donald Trump volvió a utilizar el precedente venezolano para referirse al futuro del régimen cubano. En una entrevista concedida el viernes al periodista Benny Johnson, el presidente aseguró que la situación de Cuba «no va a durar mucho más» y lanzó una referencia especialmente significativa: «Miren lo que hicimos con Venezuela».
La alusión remite inevitablemente a la operación militar del 3 de enero, cuando fuerzas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro en Caracas. Sin embargo, contrasta con otras declaraciones del propio Trump y de altos funcionarios de su administración, que durante los últimos meses han oscilado entre descartar una intervención semejante y mantener abiertas todas las opciones.
La contradicción más reciente es de apenas cuatro días. El lunes 26 de octubre, Marco Rubio aseguró que Cuba es «un caso totalmente distinto» al venezolano, aunque evitó explicar las diferencias y se limitó a señalar que la isla necesita «un cambio muy drástico».
Ahora, Trump vuelve a presentar lo ocurrido en Venezuela como ejemplo de lo que Estados Unidos es capaz de conseguir y asegura que la cuestión cubana quedará resuelta antes de concluir su mandato.
De descartar una intervención a mantenerla sobre la mesa
Las declaraciones presidenciales han seguido una trayectoria particularmente cambiante.
En marzo, Trump descartó expresamente una operación militar en Cuba. «Eso no va a suceder», respondió al Washington Examiner.
Sin embargo, en junio, interrogado por Axios sobre la posibilidad de reproducir en Cuba una operación semejante a la captura de Maduro, contestó: «Posiblemente. Es posible».
Un mes después, durante una entrevista con Fox News, volvió a marcar distancias con el escenario venezolano: «No lo veo siendo como Venezuela», aunque inmediatamente añadió que Estados Unidos podría hacerlo y que «no sería difícil».
La ambivalencia alcanza a otros integrantes del Gobierno. En junio, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, evitó descartar una operación de captura o eliminación contra Miguel Díaz-Canel, alegando que el Pentágono dispone de opciones para diferentes escenarios.
En septiembre, Rubio insistió en que Washington prefería una solución negociada y sin empleo de fuerza militar, pero tampoco descartó recurrir a ella ante una amenaza a la seguridad nacional.
En agosto, además, Bloomberg informó, citando fuentes familiarizadas con la estrategia estadounidense, que la Casa Blanca había relegado la opción militar para concentrarse en sanciones y presión económica.
Esta sucesión de mensajes contradictorios admite varias interpretaciones. Una es que reflejen ajustes reales en las prioridades de Washington. Otra, que la incertidumbre sea deliberada, una forma de presionar al régimen cubano sin permitirle conocer hasta dónde está dispuesto a llegar Trump.
Mantener al adversario entre la expectativa de una negociación y el temor a una operación militar también puede formar parte de una estrategia coercitiva. No existen, sin embargo, pruebas públicas que permitan atribuir con certeza esa intención a las declaraciones presidenciales.
El precedente venezolano va más allá de la amenaza militar
La comparación adquiere otra dimensión cuando se examina cómo se produjo la captura de Maduro.
La operación del 3 de enero estuvo precedida por años de investigaciones, acusaciones penales, sanciones, negociaciones y operaciones de inteligencia.
Desde 2020, Maduro enfrentaba cargos federales estadounidenses por narcoterrorismo y delitos relacionados con el tráfico de drogas. En agosto de 2025, Washington elevó a 50 millones de dólares la recompensa por información que condujera a su arresto o condena.
En el caso cubano comienzan a observarse instrumentos de presión comparables, aunque con importantes diferencias jurídicas y políticas.
El Departamento de Justicia estadounidense presentó en mayo una acusación federal contra Raúl Castro y cinco exmilitares por el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. El 16 de octubre, una jueza de Florida firmó una orden estatal de arresto contra el exgobernante cubano, anunciada públicamente tres días después.
A esas actuaciones se suman nuevas sanciones contra entidades y figuras vinculadas al poder cubano, además de la intensificación de las actividades de inteligencia estadounidenses. No se ha anunciado, sin embargo, una recompensa por Raúl Castro equivalente a la ofrecida por Maduro, ni las acusaciones contra ambos responden a los mismos delitos.
La CIA, dirigida por John Ratcliffe, ocupa un lugar destacado en esta estrategia. Según investigaciones divulgadas por CBS News y recogidas por CiberCuba, Ratcliffe llevó a La Habana a un participante de la operación contra Maduro durante sus contactos con altos funcionarios cubanos en mayo.
Más recientemente, la agencia y el propio Rubio llamaron públicamente a los cubanos a colaborar discretamente con los servicios de inteligencia estadounidenses.
La Habana tampoco ha ignorado el precedente. En septiembre, el jefe de Seguridad Personal del régimen planteó públicamente cómo responderían sus fuerzas si Estados Unidos intentara capturar o eliminar a alguno de sus principales dirigentes. Y el 21 de octubre, el canciller Bruno Rodríguez Parrilla evitó responder directamente cuando una periodista de Associated Press le preguntó si la orden de arresto contra Raúl Castro podía desembocar en un escenario semejante al venezolano.
Las nuevas palabras de Trump llegan, por tanto, después de una acumulación de medidas que trascienden las amenazas verbales, aunque ninguna demuestra que exista una decisión de ejecutar una operación de captura en Cuba.
La incógnita es si el presidente está anticipando un cambio de estrategia o utiliza deliberadamente el recuerdo de Maduro para aumentar la presión sobre una dirigencia cubana que conoce de primera mano las consecuencias de aquella operación: 32 integrantes de sus fuerzas murieron intentando proteger al gobernante venezolano.
Por ahora, Trump sigue sin revelar cómo pretende conseguir el desenlace que anuncia para Cuba. Pero tampoco parece interesado en despejar la duda sobre si está dispuesto a repetir lo ocurrido en Caracas.
Archivado en:









