Cáritas alerta del desgaste de los cuidadores de mayores en Cuba ante apagones y escasez

El agotamiento físico y emocional de quienes cuidan a personas mayores en Cuba se agrava por los apagones, la escasez de alimentos y productos básicos y las dificultades económicas que atraviesan las familias, según advirtió Cáritas Cuba en un reportaje que expone las carencias de apoyo para estos cuidadores.
El artículo El hilo «invisible» de los cuidados describe las dificultades que enfrentan quienes atienden a familiares dependientes y cuestiona que el reconocimiento legal de sus derechos no se traduzca en suficientes mecanismos de protección.
El texto cuenta la historia de Ada, una mujer de más de 60 años que cuida a su tía Juana, de casi 90, en medio de los prolongados cortes eléctricos y las dificultades para conseguir los recursos necesarios.
Sus responsabilidades incluyen garantizar el aseo de la anciana, atender su alimentación y medicación, ayudarla físicamente para evitar que permanezca inmovilizada y ofrecerle compañía y apoyo emocional.
Ada dispone de una red de apoyo familiar, pero las carencias materiales y económicas dificultan su labor y aumentan el desgaste físico que experimenta a su edad, explica el reportaje.
La autora del artículo utiliza esta experiencia para mostrar una realidad que suele quedar fuera del debate público: la de personas que dedican buena parte de su tiempo y sus fuerzas a atender a familiares enfermos, ancianos o con discapacidad, muchas veces sin suficientes recursos ni posibilidades de descanso.
Cáritas advierte que las dificultades para conseguir alimentos, productos de higiene y medios de transporte se han convertido en obstáculos cotidianos para quienes cuidan a personas dependientes.
La organización sostiene que algunos cuidadores de ancianos se ven obligados a abandonar sus empleos porque no pueden compatibilizar las responsabilidades familiares con las dificultades del transporte, los apagones y otras limitaciones.
Según su valoración, esta situación puede dejar en una mayor vulnerabilidad económica tanto al cuidador como a la persona que depende de su atención.
El desgaste no se limita al esfuerzo físico. Cáritas identifica también el aislamiento, la preocupación constante y la falta de espacios donde compartir experiencias como problemas que afectan el bienestar emocional de estas personas.
La organización subraya además que el cuidado no debe considerarse una obligación exclusiva de las mujeres, pues esa percepción perpetúa desigualdades y concentra sobre ellas buena parte de las responsabilidades familiares.
El reconocimiento legal de los cuidadores tampoco ha eliminado las dificultades que enfrentan en la práctica.
Cáritas recuerda que el Código de las Familias de Cuba, aprobado en 2022, reconoce y protege a las personas cuidadoras a partir de su artículo 413.
Asimismo, señala que el Decreto 109 de 2024 estableció el Sistema Nacional para el Cuidado Integral de la Vida, con el propósito de articular políticas dirigidas a quienes necesitan cuidados y a las personas responsables de proporcionarlos.
Sin embargo, la institución considera que estas disposiciones no se han traducido suficientemente en formación, remuneración, posibilidades de descanso y redes de apoyo familiar o comunitario para quienes asumen esas responsabilidades.
El propio reportaje reconoce la existencia de iniciativas comunitarias y privadas dedicadas al cuidado, pero advierte que los costos de determinados servicios profesionales resultan difíciles de asumir para numerosas familias cubanas.
Ante ese escenario, Cáritas desarrolla actividades de acompañamiento mediante su Programa de Personas Mayores, que incluyen visitas, orientación, formación, encuentros comunitarios y espacios de intercambio entre cuidadores.
La organización explica que estas iniciativas buscan aliviar el aislamiento y facilitar que quienes atienden a familiares dependientes encuentren apoyo en otras personas que enfrentan dificultades similares.
La institución defiende la necesidad de fortalecer los servicios comunitarios y garantizar que las personas cuidadoras tengan acceso a acompañamiento, formación y oportunidades de descanso, especialmente cuando ellas mismas son adultas mayores, como ocurre con Ada.
La situación de los adultos mayores en Cuba ha quedado reflejada en otros testimonios recientes.
En junio, un reportaje sobre ancianos cubanos expuso las dificultades que enfrentan para alimentarse y atender sus necesidades de salud en medio de las bajas pensiones y los apagones.
En julio, adultos mayores de Santiago de las Vegas, en La Habana, fueron vistos cargando recipientes de agua ante la falta de suministro en sus viviendas, otro ejemplo de cómo la escasez de servicios básicos dificulta la vida de las personas de edad avanzada.
Más recientemente, una anciana cubana denunció haber sufrido 23 horas consecutivas sin electricidad y explicó las dificultades para cocinar cuando el servicio solo se restablece durante períodos breves.
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