En la historia del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano (FINCL) hay filmes que dejaron una profunda huella en el público asistente a las salas de cine; es el caso de Carandiru, largometraje brasileño dirigido por Héctor Babenco, quien se alzó con el Premio del Público en la edición 25 del evento.
Una de las prisiones más conocidas en el país —ubicada en Sao Paulo— constituye el punto de partida de esta cinta que sedujo a los espectadores cubanos e internacionales en los días de diciembre de 2003; y, aunque el tiempo ha pasado, traer su recuerdo se convierte en pretexto para revisar la presencia del cine brasileño en el evento, de cara a la próxima edición del Festival de Cine de La Habana, cuyo país en foco será precisamente el gigante sudamericano.
El interior de esa cárcel, los sucesos que allí tienen lugar y otras historias, le permitieron a Babenco indagar en temas y preocupaciones de la sociedad brasileña; recorrido narrativo que transita por las complejidades de personajes que se encuentran encerrados a nivel interior y también en el plano de la realidad.
Cada uno de los conflictos revela situaciones y problemáticas que permiten ayudar a entender los cambios que se operan en la sociedad brasileña en los primeros años del siglo XXI, tanto desde el punto de vista político y social, como identitario, e incluso a nivel individual.
Estos temas van a estar presentes en todo el metraje, capaz de sostener la atención del público por la riqueza de la historia, las actuaciones y la puesta en escena que alcanza notoriedad por recrear estos escenarios.
En una entrevista publicada en el Diario del Festival de esa edición del FINCL, su director refirió que la película resulta una aproximación al libro homónimo de la autoría de Drauzio Varella y que las tramas se van acomodando en forma de mosaico con la utilización de flashback.
Ninguno de los personajes existe en la vida real tal cual están contados en el filme, aunque representan los arquetipos que se narran en el libro, declaró entonces Babenco; explicando que cada uno de los cambios realizados en función de la narrativa de la obra contribuyó a crear su atmósfera y el enriquecimiento visual.
El valor de Carandiru y la obtención del beneplácito popular, consolidó su trayectoria a escala internacional desde 2003, ocasión en la que compitió con otras grandes propuestas del cine latinoamericano; por lo que, alcanzar el Premio del Público significa la identificación de las audiencias con esta historia que combina violencia, dramas internos y la representación de sucesos y personajes marcados a escala social.
Dentro de las obras premiadas en esa edición del FINCL se encuentran la cubana Suite Habana, de Fernando Pérez, a la sazón, ganadora de varios lauros y considerada una de las piezas más reconocidas no solo de su realizador, sino, además, de la cinematografía cubana.
La proximidad con la nueva entrega del principal foro para la visibilidad del cine latinoamericano y caribeño, motiva a repasar esos títulos, esas huellas y esa constante presencia en el cine del gigante sudamericano en las jornadas del Festival de Cine de La Habana y en la memoria de los espectadores.
