Por Rodolfo Acosta Padrón
Como una paloma sale de Pinar del Río y Minas de Gerais un libro que atraviesa las nubes y lleva al mundo la cultura y la historia de la región mediante cuentos y crónicas de los barrios rurales, además de relatos allende los mares.
Se trata del libro CRÓNICAS DA ILHA, de los autores Adriana Vasconcellos Mancini y Rodolfo Acosta Padrón. El libro ha sido publicado por la editorial bilingüe Caravana, en la lengua portuguesa, cuyo lanzamiento se realizó el 26 de octubre en Minas de Gerais, Bello Horizonte, y en la lengua española, cuyo lanzamiento tendrá lugar el 26 de noviembre en Buenos Aires, Argentina.
La obra literaria contiene alrededor de 55 relatos acerca de la cultura pinareña, cubana y allende los mares. Es una colección, un mosaico de fragmentos de vida fascinantes, que capturan la vida, el amor, la pérdida, la emigración, la resiliencia de comunidades rurales a lo largo de los años. Hay personajes que de verdad se te quedan; hay tragedias, alegrías inesperadas, todo un cuadro muy humano, muy vivido.
Existen hilos que conectan los relatos y se encuentra lo universal en lo local. Así se expresan relaciones complejas de amor, como Zenaida, la eterna enamorada que olía a necesidad, a monte, estuvo presa en Florida por tráfico de drogas, hasta que al fin regresa a la isla, transformada, metamorfeada; como Amelia quien a los 35 años encuentra una pasión que la desborda, después de un matrimonio triste y aburrido, se sentía vacía, es entonces que después vive una experiencia amorosa y sexual con mucha intensidad, casi poética, bajo la luna, con los olores del campo.
Pero no todo es pasión adulta y redención. También está la ternura, la fragilidad del primer amor, como Pedrito e Isabel en el primer beso, siempre con la sombra de la pobreza; la Gibara con una independencia casi salvaje, cría once hijos, los defiende a punta de revolver, un día desaparece, se va al Norte, años después llega la carta de la nostalgia por su tierra; está la historia de Robe y Rosaura en los cerros de México, la muerte violenta de Rosaura deja un sabor amargo; sin olvidar las historias de personajes célebres de los barrios.
En fin, son muchas caras del amor: el que redime, el apasionado, el trágico, el que resiste, la eterna enamorada, el que apenas nace, el que emigra, el que se queda; es un abanico muy completo el que nos pintan estos relatos. Si el amor es una fuerza, la adversidad en una constante, a veces brutal, el huracán Ian es un ejemplo clarísimo. Atraviesa varias historias, es un personaje más ¡temible!, narrado con crudeza que impacta con fuertes sensaciones y emociones: el ruido de esos vientos, los árboles, los palmares y las casas de tabaco cayendo. ¡Qué miedo! Todo destruido, las vegas de tabaco que son el alma de Pinar del Río.
Ringo metido en un tanque pasando el huracán, Pinocho ido al norte y perdido en el mar, pero de cada destrucción nace una resiliencia como muestra del deseo de seguir a pesar de todo; se cuenta como llegan ayuda de otras provincias y países en gesto de solidaridad, pero lo que más sorprende en la decisión de los campesinos de volver a sembrar tabaco aún sin casas de curar la hoja verde; así como la decisión del abuelo Nero: ᵘLa tierra siempre se recupera. Nos volveremos a construirᵘ, dice.
La muerte aparece abruptamente, Pedrito, el niño del primer bese es fulminado por un rayo; el joven que muere en casa limpiando el fusil; el coche fúnebre que se incendia; Sarita, tan joven, ahogada en el Golfo tratando de llegar a los Estados Unidos. Son golpes secos que demuestran lo precaria que es la vida. Son historias de pueblos remotos como Piedra Rodante, por ejemplo. Muestran los relatos como las decisiones como emigrar y abandonar la familia dejan profundas huellas. Así es con el regreso del Colador, emigrante que regresa y muere unos instantes antes de ver a su hijo; Increíble, la historia de dos amigas ingenuas que en una noche amanecen sorprendidas.
Se cuentan historias de la gente común, de los ᵘnadiesᵘ. Es como la esencia del libro. Se demuestra los vulnerables que somos, pero a la vez las crónicas iluminan la capacidad de resistir, de ayudarse, como la mujer que ofrece café a los linieros que arreglan la luz después del huracán o los vecinos que ayudan a Ringo, el alcohólico a reconstruir su casita.
Más allá de los relatos lo que le da color y cuerpo a las historias son los personajes, que expresan toda la cultura del lugar, quienes nunca se olvidan: el Periquillo, por ejemplo. ¡Qué personaje! o Saturnina la lectora, solterona, de lengua filosa, enigmática con sus encuentros con un jinete en la casa de tabaco o Anduriña desaparecida a los 12 años.
Se destaca el tabaco como eje social, las emociones en el barrio cuando llegaban los circos desde Santa Bárbara, el más humilde hasta el gigante Montalvo; los actos en las casas de cultura y las fiestas populares con música de la orquesta Aragón, Benny Moré y los Zafiros.
Se respira cultura local por todos lados, se siente el polvo del campo de pelota local, terrenos improvisados entre palmas y lomas. La finca y la arboleda son también personajes descritos con profunda nostalgia: los olores, los sonidos, el río, el palmar, la ceiba, el monte lugar de refugio, amor y peligro. ¡Nosotros somos el pueblo, que construye la cultura y la historia!


