El colapso de Cuba: hoteles al 10%, fábricas desiertas y apagones continuados – Libertad Digital
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El colapso de Cuba: hoteles al 10%, fábricas desiertas y apagones continuados – Libertad Digital

La economía cubana atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente. Apagones prolongados, fábricas que apenas pueden producir unas horas al día, escasez de alimentos y combustible, inflación, déficit público, hundimiento del turismo y una creciente dolarización de facto dibujan un escenario de deterioro estructural que, según algunos de los principales expertos en la economía de la isla, va mucho más allá de una simple crisis coyuntural.Así lo ha explicado el economista cubano Elías Amor Bravo en el Instituto Cato, uno de los think tanks más influyentes del mundo. El experto ha ofrecido algunas de las estimaciones más contundentes sobre el estado actual de la economía de Cuba. Según Amor, la situación es ya "la peor desde los tiempos de la colonia" y supera incluso, por su profundidad y por la ausencia de apoyos externos, al llamado Periodo Especial de los años noventa.Uno de los datos más reveladores tiene que ver con el peso del Estado. De acuerdo con el experto, alrededor del 70% del PIB cubano está directamente controlado por el sector estatal, una proporción que él compara con aproximadamente un 25% para el conjunto de América Latina y el Caribe. Es decir, Cuba presentaría unos 45 puntos porcentuales adicionales de intervención estatal sobre la actividad económica.En otra parte de su análisis, Amor amplía esa estimación y divide la economía cubana en dos grandes bloques. Aproximadamente el 80% del PIB correspondería al ámbito sometido a planificación central, mientras que el 20% restante estaría ligado a sectores orientados al exterior y a la captación de divisas, entre ellos el turismo, las remesas, el tabaco, la minería o los ingresos vinculados a trabajadores y profesionales enviados fuera de la isla.Según ha explicado en el Instituto Cato, esa dualidad genera una economía prácticamente partida en dos. Por un lado, existiría un enorme sector doméstico caracterizado por la baja productividad, la burocracia, las subvenciones y la planificación central. Por otro, funcionaría un circuito vinculado a las divisas internacionales, mucho más rentable y en buena medida conectado con GAESA y otras estructuras empresariales vinculadas al régimen.El problema, de acuerdo con Amor, es que la Constitución cubana aprobada en 2019 consolida institucionalmente ese modelo. Sus artículos económicos, comprendidos principalmente entre los artículos 18 y 33, mantienen la primacía de la planificación central sobre el mercado y de la empresa estatal sobre la iniciativa privada. A ello se añaden restricciones sobre la propiedad, la acumulación de riqueza, la actividad empresarial privada o el acceso pleno a determinados activos productivos.La dictadura castrista tacha de "acto infame" la orden de arresto de EEUU contra Raúl CastroLibertad DigitalDéficits de dos dígitos y monetización del agujero fiscalEl deterioro fiscal constituye otro de los grandes frentes de la crisis. En base a las estimaciones aportadas por Amor, Cuba estaría registrando déficits públicos de dos dígitos como porcentaje del PIB. Ese desequilibrio se financiaría a través de títulos emitidos por el propio Estado y colocados en el Banco Central de Cuba, que termina proporcionando la liquidez necesaria para cubrir la diferencia entre los ingresos y los gastos públicos.En la práctica, el mecanismo equivale a financiar el déficit mediante creación monetaria. Elías Amor sostiene que el Banco Central cubano carece de verdadera independencia y que la política monetaria se encuentra subordinada a las necesidades financieras del Gobierno. No existe, según su análisis, un mercado monetario convencional ni unos tipos de interés que reaccionen libremente a la oferta y la demanda.El resultado se refleja también en otro dato especialmente llamativo. Según ha explicado el economista en el Instituto Cato, el efectivo en circulación equivaldría aproximadamente al 65% del PIB cubano. Amor subraya que esta cifra se refiere únicamente al dinero físico en circulación y no al conjunto de los depósitos bancarios, lo que revelaría una enorme preferencia por operar en efectivo.Esta situación tendría que ver, además, con la profunda desconfianza de los cubanos hacia el sistema financiero estatal. Según el experto, los bancos no son percibidos simplemente como intermediarios financieros, sino también como instrumentos mediante los cuales el Estado obtiene información sobre la actividad económica y patrimonial de los ciudadanos. De ahí el limitado éxito de los programas oficiales para impulsar la bancarización y los pagos digitales.

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