Una vida entregada a la Pediatría 
Guerrillero Portada

Una vida entregada a la Pediatría 

En el corazón del hospital pediátrico Pepe Portilla, por sus pasillos, en su cuerpo de guardia, late una vocación inquebrantable. Conversar con el doctor Lázaro Plasencia Lugo es adentrarse en la historia de la medicina infantil en Pinar del Río. Con más de dos décadas dedicadas  a la pediatría, a la guardia médica y a la docencia, este especialista encarna el ejemplo más sagrado de la medicina: aquella en la que la ciencia se funde de manera inseparable con la empatía con la familia, el desvelo y el amor incondicional hacia los más pequeños. 

A través de su testimonio, descubrimos los desafíos, las satisfacciones y la profunda humanidad que requiere cuidar de la infancia en Cuba.  

​DE LA MEDICINA GENERAL A LA PEDIATRÍA

​Graduado de Medicina en el año 1988, el doctor Plasencia inició su camino en la Atención Primaria de Salud en el área del policlínico Pedro Borrás, donde se formó como especialista en Medicina General Integral. Tras una década de labor en dicha área, y con la convicción de entender primero al ser humano en toda su dimensión, decidió dar pasos firmes hacia la pediatría.  

​En el año 1998 se incorporó al “Pepe Portilla”. Tras un año de servicio social en el municipio de San Luis, regresó definitivamente en 2003 a la institución, sumando ya 23 años consagrados a la guardia médica. Hoy en día complementa esta ardua labor asistencial con la docencia, formando a estudiantes de cuarto y sexto años de la carrera.  

Una vida entregada a la Pediatría
Una vida entregada a la Pediatría

El rigor con los alumnos marca su impronta: “En cada clase que impartimos a los estudiantes les hacemos saber cuán importante es que asistan al niño con amor, con deseos, con un correcto interrogatorio a la familia, buscando todo lo que pueda aportar al diagnóstico y a su posterior cuidado. A diario les pongo ejemplos de las patologías, de los protocolos que se actualizan, de los errores que hemos cometido, aunque hay que tratar de equivocarse lo menos posible. 

“A los alumnos se les exige, se les enseña, se les escucha y se les atiende, siempre con rigor para que puedan transitar por todos los años de la especialidad, porque ser pediatra entraña una responsabilidad social muy grande, primero porque atendemos seres humanos, seres que son niños, niños enfermos, y ellos lo merecen todo”.

A su juicio, entre las cosas más importantes está transmitirles a los muchachos jóvenes que la pediatría se hace en equipo, no es cosa de una persona, sino de un colectivo y “afortunadamente, este hospital tiene ese capital humano”.

Comprometido con la enseñanza, el doctor Plasencia inculca a los estudiantes que la pediatría exige exquisitez, entrega y, sobre todo, corazón. Muchos alumnos llegan con temores o prejuicios heredados de otras especialidades, pero el día a día en la práctica les enseña a anteponer la sensibilidad humana por encima de todo.  

​LA DINÁMICA DE UN CUERPO DE GUARDIA

​Trabajar en el Cuerpo de Guardia significa enfrentarse a diario a la parte más compleja de la Medicina. Es el primer punto de contacto con pacientes de la provincia que llegan con patologías de todo tipo.  

​Para el doctor Plasencia, “la decisión más difícil en este servicio no es solo establecer un diagnóstico certero o un tratamiento, sino definir el destino del paciente: si regresa al hogar de forma ambulatoria o si queda ingresado en el hospital y en qué servicio específico”.  

Ello requiere de una evaluación exahustiva, de aplicar el método clínico de forma detallada y precisa, según comenta, pues hasta allí llegan pacientes con predominio de afecciones agudas e infecciosas, principalmente las del sistema respiratorio —como el catarro común en menores de cinco años—, seguidas por los cuadros gastroentéricos agudos (diarreas y vómitos), afecciones de la piel y patologías de cualquier otro sistema que exigen la interconsulta con Cirugía u otras especialidades.  

​Ante las complejidades socioeconómicas actuales y la escasez puntual de recursos o medicamentos de primera línea, la creatividad médica, la solidaridad de los ciudadanos y el empeño de las familias se combinan para buscar alternativas. El doctor subraya con orgullo que jamás un niño ha perdido la vida por falta de un fármaco, gracias a la férrea voluntad colectiva de resolver el problema.  

“Siempre hay algo que se puede hacer, nunca nos hemos quedado cruzados de brazos, esa no es una opción, además, el niño se evalúa y se toman alternativas; puede que no tenga el medicamento de primera línea, pero hay otro. Y no deja de ser un reto; hace siete años yo tenía de todo en el Cuerpo de Guardia para trabajar, hoy no. Eso, sin dudas, constituye un reto, un desafío, no solo para el médico que lo recibe, sino también para la institución de Salud, para el Ministerio y para la dirección del país”.

​SANAR CON EMPATÍA

​Para la pediatría, el mejor aliado y el verdadero “primer pediatra” de un niño es su familia, su madre. “Nadie conoce mejor a un pequeño que sus padres, ellos saben si está triste, si le pasa algo, si el comportamiento no es normal”, asegura este médico, muy querido entre sus compañeros de trabajo.

​“El niño llega al hospital siempre temeroso, asustado ante la posibilidad de recibir una inyección o un proceder desconocido. El éxito del pediatra radica en establecer una relación amistosa, ganarse la confianza del paciente y escuchar orientaciones detalladas de la madre, a la vez que realiza un examen físico exhaustivo.  

​A pesar de los avances tecnológicos, el interrogatorio y la clínica siguen siendo la “madre de la medicina”, sostiene Placencia, y el pilar fundamental para orientar cualquier diagnóstico en la infancia.  

​Ello permite, incluso, darse cuenta de si ha existido algún maltrato hacia el niño, pues aunque no es lo más común, porque en Cuba el menor es el eje de la familia, pueden ocurrir situaciones complejas de maltrato físico o psicológico que exigen una vigilancia extrema, requiriendo en casos graves la articulación con la Psicología, la Psiquiatría y la Medicina Legal. Para identificarlos están también preparados los pediatras. 

VOCACIÓN POR ENCIMA DE TODO

Conversar con Lázaro Plasencia es una fiesta. Es de esas personas que desprenden alegría y contagian a su alrededor. ​Levantarse cada madrugada a las cuatro de la mañana para recorrer los kilómetros que lo separan del hospital no es una carga para él, sino el ritmo natural de una vida consagrada a los demás, sin la que hace mucho tiempo ya no sabe vivir.

A pesar de los momentos duros, de las escaseces y del desgaste emocional que implica enfrentarse cada día al dolor de los más pequeños y sus familias, su vocación permanece intacta.  

​Si volviera a nacer, volvería sin titubear a elegir la misma profesión. Lázaro nació pediatra, porque para él no existe mayor satisfacción ni decisión más importante en la vida que estar allí donde la sensibilidad humana se coloca por encima de todo: cuidando el futuro, la salud y la sonrisa de los niños.

Fotos de Jaliosky Ajete Rabeiro

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