Xiomara una floridana que defiende el derecho a la cultura cubana
Cadena Agramonte Portada

Xiomara una floridana que defiende el derecho a la cultura cubana

Florida, Camagüey, 20 oct.- Hay lugares de Cuba donde la cultura no llega en camioneta ni aparece en una cartelera, llega caminando, con un bolso de tela al hombro y la voz gastada de tanto hablarle al viento. La comunidad Rodolfo Ramírez Esquivel, conocida como La Tomatera, es uno de ellos.

En este consejo popular del municipio de Florida, donde el asfalto termina y comienza el polvo, una mujer lleva años empeñada en demostrar que la belleza y el conocimiento no deben ser privilegios de las ciudades.

Esa mujer es Xiomara García Fundora. Que la Jornada de la Cultura Cubana de este año la reconozca, junto con Ángela Betancourt, subdirectora de la Casa de Cultura Luis Casas Romero, entre las personalidades a quienes se dedica la celebración, constituye apenas la confirmación de algo que la comunidad sabe desde hace mucho, algunas personas son capaces de sostener un pueblo entero con sus manos.

Xiomara llegó a la promoción cultural casi sin proponérselo, como suelen nacer las verdaderas vocaciones: de la necesidad y el amor, que a veces terminan siendo la misma cosa. Lleva tantos años trabajando en La Tomatera que su historia ya resulta inseparable de la de ese consejo popular.

Durante ese tiempo ha visto crecer a niños que hoy llevan a sus propios hijos a los talleres de creación y apreciación artística. También ha despedido a abuelos que fueron parte de su público más fiel y ha convertido un espacio modesto —cuatro paredes, algunos libros y un equipo de música que no siempre funciona— en un lugar donde la comunidad rural puede pensarse y celebrarse.

Eso significa ser promotora cultural en el campo cubano, aunque no siempre se reconozca en toda su dimensión, custodiar la memoria colectiva, enseñar sin un aula formal, animar la alegría de los demás y tender puentes entre generaciones.

Xiomara organiza actividades para los niños y niñas de la comunidad, así como para los abuelos vinculados al Sistema de Atención a la Familia (SAF). En ese ir y venir entre la infancia y la vejez, entre el juego y los recuerdos, desarrolla una pedagogía silenciosa: recordarle a un pueblo que la cultura no es un adorno, sino una manera de afirmar que existe.

Los niños la quieren con esa confianza absoluta que suelen entregar a quienes nunca los decepcionan. La esperan, la llaman por su nombre y le cuentan cosas que no comparten con nadie más. Con ella pintan, cantan, leen y representan personajes. Así descubren que el mundo puede ser más amplio que la cerca de sus casas.

Los abuelos del SAF —personas que a veces pasan días sin que nadie les pregunte cómo están— encuentran en sus visitas una razón para arreglarse, recordar una canción o contar, una vez más, la historia de aquel baile que Xiomara conoce de memoria y escucha como si fuera la primera vez.

Dedicarle la Jornada de la Cultura Cubana a Xiomara García Fundora es un acto de justicia y reconocimiento. Es decirle al país que la identidad también se construye con zapatos cubiertos de polvo, paciencia acumulada durante años y ternura convertida en método. (Texto y foto: Radio Florida)

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