Dicho mercado atraviesa en 2026 su mayor prueba de estrés en décadas, configurando un escenario que los operadores del sector califican como una tormenta perfecta.
Lo que comenzó como una recuperación desigual en enero, con solo Indonesia y Tailandia como puntos brillantes, se transforma en una crisis sistémica que reconfigura precios, rutas y la viabilidad de miles de empresas.
El conflicto en el Medio Oriente y su impacto sobre el estrecho de Ormuz se convierte en el detonante que agrava la crisis, estrangulando el suministro de madera tropical desde África occidental y Sudamérica hacia los mercados asiáticos.
Las consecuencias ya se sienten en toda la cadena: los fabricantes de tableros en India aumentaron sus precios del cinco al 15 por ciento, mientras que en Malasia, el 90 por ciento de las empresas ya fueron afectadas o lo serán en las próximas semanas.
Brasil, por su parte, vio caer sus exportaciones al Medio Oriente en casi dos tercios entre enero y marzo de 2026.
El mapa de poder del sector se está reescribiendo. Según el Índice Mundial de la Madera con respaldo de la Organización Internacional de las Maderas Tropicales, en abril de 2026 China lideró la recuperación con una lectura del 53,5 por ciento, seguida por Ecuador (53) y México (52).
En el extremo opuesto, Malasia se desplomó a un alarmante 27,5 por ciento y Gabón a 36, reflejando graves debilidades estructurales.
A estos factores se suman aranceles y regulaciones que redefinen el comercio. La disputa entre Canadá y Estados Unidos reduce los volúmenes canadienses al mercado estadounidense en un 12 por ciento, siendo reemplazados en parte por madera europea de Suecia, Austria y Alemania.
Mientras tanto, la plena implementación del Reglamento de la Unión Europea (UE) sobre Deforestación exige geolocalización y trazabilidad digital para todos los productos que ingresen al mercado europeo, impulsando la adopción de certificaciones FSC y PEFC.
A pesar del sombrío panorama, el sector continúa su transformación hacia productos de mayor valor agregado.
La madera contralaminada y otros productos de ingeniería ganan terreno en la construcción de edificios de media altura y viviendas modulares, marcando un cambio desde aplicaciones de nicho hacia soluciones estandarizadas.
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