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Declaran bancarrota hídrica global

El mundo entra en una era de Bancarrota hídrica global. Así lo sentenció un informe histórico del Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH), que redefine la crisis del agua como una realidad pos-crítica con pérdidas irreversibles.

El concepto supera los términos de estrés o crisis, que aún sugerían un escenario evitable, para describir sistemas hídricos que colapsan más allá de su capacidad de recuperación.

El documento, titulado Global Water Bankruptcy: Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis Era, revela que la sobreexplotación de acuíferos, la contaminación y el cambio climático llevan a la humanidad a vivir por encima de sus medios hidrológicos.

La situación es especialmente crítica en el Medio Oriente, el norte de África, el sur de Asia y el suroeste de Estados Unidos.

Las cifras son alarmantes: el 70 por ciento de los acuíferos principales del mundo muestran un declive a largo plazo, más del 50 por ciento de los grandes lagos pierden volumen desde los años 90, y 410 millones de hectáreas de humedales (superficie similar a la Unión Europea) desaparecieron en 50 años.

Las consecuencias para la población son devastadoras. Cerca de dos mil 200 millones de personas carecen de agua potable gestionada de forma segura, tres mil 500 millones no tienen saneamiento adecuado, y cuatro mil millones enfrentan escasez severa de agua al menos un mes al año.

El 75 por ciento de la humanidad vive en países con inseguridad hídrica crítica. El autor principal del informe, Kaveh Madani, advierte que la bancarrota hídrica no es un problema local: sus efectos viajan a través del comercio y los precios de los alimentos, convirtiéndola en un riesgo global que exige un nuevo enfoque.

La comunidad internacional mira con expectativa la Conferencia de la ONU sobre el Agua de 2026, que se celebrará en Emiratos Árabes Unidos en diciembre, como una oportunidad para resetear la agenda global.

El llamado es a la gestión de la bancarrota, no a la gestión de crisis, lo que implica proteger el capital natural restante, reformar la agricultura y la industria, y reequilibrar las demandas hídricas. Como señala el propio Madani, declarar la bancarrota no consiste en rendirse; consiste en empezar de nuevo.

mem/rfc

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