Etecsa: ¿y siempre voy a perder yo?
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Etecsa: ¿y siempre voy a perder yo?

Al rigor con el que debemos enfrentar el día a día, se suma el servicio deficiente de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa), la cual, además de los apagones y la falta de conectividad, no nos da tregua


¡Qué eficiente era la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba S.A. (Etecsa) algunos años atrás! Ofrecía una serie de servicios que se interrumpían, mayormente, solo cuando los ciclones azotaban. Era comprensible. Hoy, esa Empresa se ha convertido en una pesadilla.

Les aseguro, con frecuencia pierdo el aliento ante la incomunicación total a la que nos somete. Pienso que esta es, precisamente, una de las entidades que más estrechos vínculos debería mantener con sus clientes. Aclaro que no ignoro la compleja situación del país; la palpo a diario. Estos no son tiempos para permanecer indiferentes. El Estado, habida cuenta de la crisis con el transporte y muchos otros recursos, ha establecido y fomentado el trabajo a distancia. En sus inicios –antes de la covid 19– esto era una bendición. Después… la historia cambió.

Una buena cantidad de teléfonos fijos (más adelante entraré en catarsis con los móviles) padece de un silencio absoluto, y eso en el mejor de los casos. Porque sucede que muchas veces, al marcar los tres primeros dígitos, responde una voz automatizada advirtiendo: “ese número no está asignado a ningún abonado”, aun cuando sabemos perfectamente que allí vive nuestro familiar o amigo y no han cambiado de número ni piensan hacerlo.

Lo mismo ocurre con los tonos de “fuera de servicio”. La situación se torna desesperante, máxime cuando hoy el teléfono es el instrumento de trabajo más importante para establecer comunicación durante los prolongados apagones. Prefiero no ahondar en el calvario del transporte cuando, por culpa de estas interrupciones, nos vemos obligados a buscar la información “cara a cara” con nuestras fuentes. El precio a pagar es demasiado alto.

Y como esto tiene visos de paquete completo –ya sea Etecsa o Cubacel, al final son la misma cosa–, voy a soltar mi pequeña diatriba contra el servicio de telefonía celular. Es de conocimiento popular que, apenas se corta el fluido eléctrico, la conexión desaparece. Es como un truco de magia: “nada por aquí, nada por allá”. Y cuando regresa, tras largas horas de apagón, la conexión queda inestable, levitando, como Remedios la Bella –aquel simbólico personaje de Gabriel García Márquez en Cien años de soledad.

Esto, por las razones que sean, no es un buen servicio, pero se cobra como si lo fuera. Yo me pregunto: ¿los trabajadores y directivos de esta Empresa usan redes diferentes que los eximen de sufrir todos estos inconvenientes? Porque lo que sí resulta inviolable son los plazos para cortar el servicio. Por otro lado, a fin de no perder el saldo, es necesario estar pendiente de las fechas de recarga, lo cual muchas veces resulta imposible en nuestra realidad. Al final, lo único seguro es que los datos… ¡se vencen y se pierden!

Considero lo siguiente: el usuario no siempre debe ser el principal perjudicado, sobre todo por causas ajenas a su voluntad. Las respuestas más recurrentes cuando uno intenta acceder a Transfermóvil son: “Problema de conexión o código MMI incorrecto” o “No registrado en la red”. Entonces, ¿qué hacemos para recargar si aún nos quedan datos y la plataforma no responde? ¿Por qué perder esos megas si son tan caros y necesarios?

Es un problema en boca de todos. Tal vez –y usando un término legal: “presuntamente”– los clientes que padecemos estas dificultades aún no figuramos en los planes de la Empresa, de lo contrario, ya estarían pensando en una solución.

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