En Baracoa, los nombres tienen fama de contar las cosas a su manera. Basta recorrer sus alrededores para encontrar una Farola que no alumbra, un río Miel que no sabe a miel, un Yunque sin hierro, una Bella Durmiente que no es mujer y unas Tetas de Santa Teresa que son elevaciones naturales. No son engaños, claro, sino juegos de palabras nacidos de la forma del paisaje y de la imaginación de quienes lo habitan.
Cinco nombres curiosos para una ciudad donde montañas, ríos y mar parecen ponerse de acuerdo para sorprender. La primera aparece entre las montañas: La Farola. No hay que buscar una lámpara gigante ni esperar que ilumine el camino. El nombre pertenece al viaducto que conecta Baracoa con otras poblaciones de Cuba y atraviesa el macizo montañoso de Sagua-Baracoa.

Considerado una de las siete maravillas de la ingeniería civil cubana, el camino ofrece, además de su importancia para la comunicación, vistas que hacen detener la mirada. Su luz es otra: la del paisaje que se abre al viajero. A la entrada de la ciudad espera el río Miel. El nombre promete dulzura, pero el agua no tiene sabor a miel. Desemboca en el mar Caribe y forma parte del paisaje cotidiano de Baracoa.
En sus márgenes, los puentes de madera y las casas de pescadores componen una escena tranquila, de esas que parecen invitar a dejar el apuro en la orilla. Más adelante, entre la vegetación, se levanta El Yunque. No es una herramienta de herrero, sino una montaña cuya silueta recuerda la forma de un yunque. Situado a unos diez kilómetros de Baracoa, es uno de los accidentes geográficos más conocidos de Guantánamo y fue declarado Monumento Nacional en 1980.

Su perfil destaca entre el verde y se ha convertido en uno de los símbolos naturales de la región. También hay una figura que parece descansar: la Bella Durmiente. No es una princesa de cuento, sino una formación montañosa cuya silueta evoca el cuerpo de una mujer acostada. Desde el mar, en las cercanías de la bahía de Baracoa, algunos reconocen esa imagen entre las montañas, las palmas, los cocoteros y las plantaciones de cacao.
La leyenda visual queda abierta a la imaginación de quien la contempla. Y, entre los nombres más llamativos, están las Tetas de Santa Teresa. La expresión puede provocar una sonrisa, pero se refiere a dos elevaciones naturales, de unos 61 metros de altura, cuya forma dio origen al nombre popular.

En Baracoa, incluso las colinas parecen tener sentido del humor. Así se cuentan las cinco curiosidades: una Farola que no ilumina, un río Miel que no es dulce, un Yunque que no es de hierro, una Bella Durmiente que no es mujer y unas Tetas de Santa Teresa que son lomas.
Más que mentiras, son pequeñas historias del paisaje baracoense: nombres que invitan a mirar dos veces y a descubrir cómo la naturaleza también puede despertar la imaginación. Baracoa no necesita engañar a nadie para sorprender.

