Dar más a quien menos tiene
Guerrillero Opinión Portada

Dar más a quien menos tiene

De niño siempre me enseñaron a compartir con quien menos tenía, y no precisamente porque mi familia —y por ende yo— tuviéramos más que los demás, nada más lejos de la realidad. 

En ese lejano entonces, mis padres luchaban y dormían mal en noches y madrugadas para poder sacar a flote la economía de la casa, en medio de un periodo mal llamado “especial”.

Sin embargo, las carencias no limitaron la buena educación, ahondando siempre sobre el eco de que una migaja de pan, por dura que fuera, entre dos, siempre sabría mejor.

Es sobre esto que vengo a debatir: la amabilidad, la solidaridad y la responsabilidad social con aquellos que tienen poco, o que ya poco o nada pueden hacer por ellos mismos.

Pudieran salir algunos a contrariar o a querellar sobre lo anterior, pues en medio de la paupérrima crisis que atravesamos, los valores escasean y afloran las feas esencias.

No lo negaré, es cierto que hoy no existe ni ese pan duro para compartir, y que no se puede dar lo que no se tiene. También entiendo que quitarle algo a nuestros hijos o padres, para brindarlo a un extraño, conlleva una humildad y un altruismo fuera de este mundo.

Pudieran atacar los reacios con aquello de “quien da lo que tiene a pedir se queda”, “guarda pan pa´ mayo, y hambre pa’ mañana”, o alegar que el sacrificio propio no puede echarse por la borda frente a carencias ajenas. Repito, lo entiendo, pero no lo apoyo.

Como yo, otros, e incluso el país, se pronuncian hacia la responsabilidad social y administrativa para la gestión y control que en corto plazo mejorarán y ampliarán la red de Sistemas de Atención a la Familia (SAF) en todo el territorio nacional.

Esta nueva propuesta, que aterriza sobre el acuerdo 10418 del Consejo de Ministros, y la resolución 14/2026, del Ministerio de Comercio Interior, permitirán y darán facultades para que actores estatales o no estatales puedan gestionar los mencionados sistemas.

De acuerdo con estadísticas de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información, poco más de 66 000 personas en situación de discapacidad, entre ellos ancianos que viven solos carentes de familiares cercanos obligados a ayudar, embarazadas con alto riesgo, personas con insuficientes ingresos y casos sociales críticos se resguardan en alrededor de 4 400 establecimientos de este tipo en todo el país.

Y es que como le dijera líneas más arriba, en medio de esta severísima etapa que surcamos y de la que no vemos el fin, nuestro Gobierno busca y concreta todas las formas posibles para complementar la alimentación de dichas personas. 

De esta forma, se quiere o se intentará lograr que el segmento poblacional más a ras se beneficie con las atenciones que puedan brindarles los diferentes actores sociales asociados a tan noble tarea.

Gracias a este nuevo acuerdo, algunas entidades estatales con comedores obreros podrán destinar parte de su capacidad a beneficiarios del SAF, además, otras formas de gestión no estatal como mipymes y cuentapropistas con establecimientos gastronómicos podrán sumarse como prestadores de servicios, al igual que otras entidades sin fines de lucro.

Llegados a este punto, quienes aún no estén de acuerdo podrán continuar esgrimiendo a tontas y a locas argumentos dispares, pero recordemos siempre que los que tienen más —como aludíamos al principio— son menos, y aquellos que tienen menos son más.

Y no lo piense usted simplemente por el hecho de la ingesta, sino también en el sentido de la mejoría de la calidad de vida a un grupo de personas que quizás en su momento lo dieron todo por la Revolución, por el país, al punto de no acumular riquezas personales para que usted y yo pudiéramos disfrutar hoy un poco más.

Se trata de no solo acomodar los aportes nutricionales, sino también de desarrollar actividades culturales, deportivas y de promoción de salud a un segmento que mucho lo necesita, aunque prefiera callarlo.

Recordemos que los SAF son quizás el punto más crítico de nuestra sociedad, un sistema que hoy se cataloga como el de mayor sensibilidad debido a la función que realiza. 

Seamos parte de esa integración que busque la reivindicación equitativa de justicia social que perseguimos, no seamos parte de una minoría egoísta, sino de la mayoría que, aun en medio de la actual contienda, y con un pan duro, prefiere comer solo la mitad.

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