Ronquidos cuando dormir no es descansar
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Ronquidos cuando dormir no es descansar

Ni en la penumbra de la noche el silencio es absoluto. A veces se quiebra con un sonido áspero, repetitivo, que parece surgir de lo más profundo del cuerpo: el ronquido. Lejos de ser una simple molestia para quienes comparten aposentos, esta vibración es un fenómeno fisiológico más complejo de lo que a veces se cree. Sus causas y repercusiones apuntan a que dormir no siempre equivale a descansar.

Expliquemos con palabras fáciles lo hallado sobre la temática en la literatura científica. Durante el sueño se produce la relajación de parte del paladar, la lengua y la garganta y, como resultado, se estrecha la vía aérea. Los ronquidos ocurren porque el aire que pasa por esas zonas constreñidas hace vibrar los tejidos blandos cuando estos se relajan. Esa vibración en el interior de las cavidades genera el sonido característico de los ronquidos.

Entre los factores de riesgo aparece la propia anatomía de la boca. Quienes presentan un paladar blando grueso, una úvula —comúnmente llamada campanilla— larga o amígdalas grandes son más propensos a reducir el espacio para el paso del aire mientras dormitan. Problemas nasales como desviación del tabique, pólipos o congestión circunstancial por alergias y resfriados también bloquean el flujo de aire.

A su vez, el consumo de alcohol, cigarros y determinados fármacos contribuye a relajar aún más los músculos de la garganta, lo cual favorece la vibración generadora de los ronquidos. Además puede influir la edad, pues es normal que con los años disminuya el tono muscular, algo que propicia los ronquidos. Incluso la posición tiene impacto: cuando se yace boca arriba, es más fácil que la lengua descanse hacia atrás y obstruya la vía aérea.

Por otra parte, la obesidad influye en los ronquidos porque el exceso de tejido graso alrededor del cuello y la garganta reduce el espacio disponible para el paso del aire. Esa presión adicional estrecha las vías respiratorias superiores y favorece que los músculos se relajen y vibren durante el sueño. Además, el sobrepeso suele estar asociado a un menor tono muscular y a problemas respiratorios como la apnea obstructiva del sueño; ello convierte a la obesidad en uno de los factores más relevantes en la aparición y la intensidad de los ronquidos.

Una publicación de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello refiere que, en casos infantiles, la causa podría estar relacionada con adenoides o vegetaciones, esas masas de tejido situadas en la parte posterior de la cavidad nasal, cuya función es similar a la de las amígdalas, pues son parte del sistema inmunitario de los niños y “suelen desaparecer en torno a la adolescencia, pero a veces se inflaman o infectan, lo que dificulta la respiración de los pequeños”.

Aunque frecuentemente existen soluciones quirúrgicas que aplican sobre el tabique nasal o el paladar, según la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, “el tratamiento más eficaz para la roncopatía se basa en la modificación de los principales factores de riesgo causantes como el peso, el tabaco o evitar el consumo de drogas o alcohol”.

Más allá de lo molestos que llegan a ser, los ronquidos no condicionan, de manera general, graves problemas de salud. No obstante, eventualmente pueden constituir un síntoma de apnea obstructiva del sueño, un trastorno en el que la respiración se interrumpe repetidamente durante la noche. En esos casos, pausas en la respiración, somnolencia diurna excesiva, dolores de cabeza matutinos, hipertensión o despertares con sensación de ahogo son señales de alarma a las que prestar atención. 
De acuerdo con la mencionada Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello, los hombres roncan más que las mujeres, aunque se trata de un signo presente tanto en ellos como en ellas. Ambos sexos alcanzan similares rangos de ruido: 51,7 y 50 decibelios, respectivamente. Un artículo de National Geographic agrega que roncar es “un acto muy común que se acentúa con la edad: más de la mitad de las personas mayores de 60 años lo hacen”.

¿Por qué despierta a otros y no a quienes lo emiten?

Un estudio de 2022 citado por National Geographic evidencia que los roncadores tienen una capacidad neurobiológica para ignorar el sonido de sus propios ronquidos, lo que acaba desesperando a quienes comparten habitación con ellos. En este sentido, “el tálamo, una región cerebral encargada de procesar los estímulos sensoriales, actúa como una especie de filtro que cataloga los sonidos de los ronquidos como irrelevantes para el descanso nocturno”. El tálamo analiza cada ruido externo antes de permitir que llegue a las áreas conscientes del cerebro. Así, el sistema auditivo se acostumbra a la vibración. Es decir, el organismo del sujeto genera tolerancia ante el ronquido propio.

Si bien es cierto que el tálamo habitualmente impide que el individuo llegue a despertarse por completo como consecuencia de sus propios ronquidos, ello no quiere decir que el descanso de quienes roncan esté exento de alteraciones. Por una parte, aparece un sobresfuerzo respiratorio durante las horas de sueño. Además, otra investigación citada por National Geographic da cuenta de que quienes padecen de ronquidos sufren alteraciones constantes de sus ciclos de sueño, aunque no guarden recuerdo de ello al despertar.

El ronquido, más que un ruido incómodo, es un signo que revela cómo la anatomía, los hábitos y hasta la edad influyen en la calidad del sueño. Aunque la mayoría de las veces se trata de un fenómeno benigno, su persistencia o intensidad puede ser la antesala de trastornos más serios. Atender a sus causas es, en definitiva, una forma de cuidar la salud y la eficiencia de las horas dedicadas al descanso. 
 

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