El amor que no entiende de jubilación: la historia de Dulce y sus pequeños
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El amor que no entiende de jubilación: la historia de Dulce y sus pequeños

Dulce García Otaño es una maestra de la escuela primaria Máximo Gómez que hace honor a su nombre. Durante la clase se deshace en amor hacia sus pequeños de primer grado.

La he escuchado en una clase acerca de la familia, la conversación con los alumnos llevó a los escolares a sentir cuan importante son esas personas que le rodean en el entorno familiar,un encanto de clase.

Me ha contado de manera muy natural que no fue nunca de las mejores estudiantes pero sí supo siempre algo: sería maestra. Y comenzó su labor como docente con la convicción de que sus alumnos aprenderían y bien, de manera que hoy es considerada Maestra de Maestros.

Se jubiló hace tres años al cierre del curso y en agosto ya estaba de nuevo en la escuela, no necesitaba descanso, le era imprescindible estar con los niños, quienes son los que le dan sentido a su vida, los que le hacen olvidar pesares, la alegría de su existencia.

Durante el receso cuando los estudiantes hacían fila para entrar al baño Dulce conversaba con alguien, al pasar por su lado los niños para no interrumpir le tocaban el brazo suavemente y seguían. No sé qué le pudiera decir ese gesto, a mí me habló de amor y respeto recíproco.

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