
La muerte de Raúl Castro cerrará la vida del último de los dos hermanos que gobernaron Cuba durante casi siete décadas, pero sus consecuencias no quedarán limitadas a los funerales y homenajes que organice la cúpula comunista en La Habana.
En Estados Unidos, el fallecimiento tendrá implicaciones judiciales inmediatas y podría abrir una nueva etapa en la política de Donald Trump hacia Cuba, en momentos en que Washington mantiene una campaña de sanciones, presión económica y exigencias de cambios políticos contra el gobierno de Miguel Díaz-Canel.
Hasta este 31 de agosto de 2026 no existe confirmación oficial de la muerte de Castro. El exgobernante, de 95 años, reapareció públicamente el pasado 13 de agosto durante los actos por el centenario del nacimiento de Fidel Castro.
Sin embargo, la reciente circulación de un supuesto documento sobre los preparativos para su funeral ha vuelto a colocar sobre la mesa una pregunta que adquiere ahora una dimensión inédita: ¿qué hará Estados Unidos cuando muera Raúl Castro? No existe un protocolo público de Washington específicamente diseñado para ese momento, pero las leyes estadounidenses, el proceso penal abierto en Miami, las órdenes ejecutivas firmadas por Trump y la política oficial hacia Cuba permiten anticipar varios escenarios.
Donald Trump y la muerte de Raúl Castro: ¿cómo reaccionaría la Casa Blanca?
Una de las primeras consecuencias previsibles sería una declaración de la Casa Blanca, aunque es imposible saber de antemano qué palabras utilizará Donald Trump. Tampoco existe evidencia pública de que Washington tenga preparado un comunicado para el fallecimiento del general cubano.
Sin embargo, la relación actual entre ambas partes permite anticipar que difícilmente sería una declaración convencional de condolencias. La administración Trump ha elevado sustancialmente la presión contra La Habana durante 2026 y ha presentado al gobierno cubano como un problema de seguridad nacional y política exterior.
El 29 de enero, el presidente declaró una emergencia nacional respecto al gobierno cubano y estableció un mecanismo para imponer aranceles adicionales a países que suministren petróleo a la Isla. En la orden ejecutiva firmada por Trump, la Casa Blanca afirmó que las políticas y acciones del gobierno de Cuba constituyen una amenaza “inusual y extraordinaria” para la seguridad nacional y la política exterior estadounidense.
La confrontación aumentó posteriormente, cuando el 1 de mayo Trump firmó otra orden ejecutiva que amplió considerablemente las facultades para sancionar al gobierno cubano y a quienes lo apoyen. La medida permite bloquear bienes e intereses de funcionarios, entidades y personas relacionadas con determinados sectores de la economía cubana, violaciones graves de derechos humanos, corrupción y apoyo material al gobierno.
Las nuevas facultades ya han comenzado a utilizarse. En agosto, Washington anunció sanciones contra personas vinculadas con la adquisición de equipos militares para Cuba, dentro de una ofensiva que también ha alcanzado estructuras represivas y funcionarios de la Isla.
Dentro de ese contexto, resulta probable que Trump utilice la muerte de Raúl Castro para hablar de su legado, las víctimas del gobierno cubano, los presos políticos y el futuro del sistema que deja detrás. Ese escenario debe entenderse como una previsión basada en la política actual de Washington y no como una decisión anunciada de antemano.
Raúl Castro morirá siendo acusado por EEUU de asesinato
Existe una diferencia fundamental entre la muerte de Fidel Castro en 2016 y la eventual muerte de su hermano: Raúl fallecería con una acusación penal federal pendiente en Estados Unidos. El Departamento de Justicia presentó formalmente cargos contra Raúl Castro y otros cinco ciudadanos cubanos por su presunta responsabilidad en el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate.
El caso ocurrió el 24 de febrero de 1996, cuando dos aeronaves civiles fueron destruidas por cazas cubanos mientras realizaban un vuelo sobre aguas internacionales. En el ataque murieron Carlos Costa, Armando Alejandre Jr., Mario de la Peña y Pablo Morales.
El Departamento de Justicia hizo pública la acusación sustitutiva el 20 de mayo de 2026 y atribuyó a Castro un papel dentro de la cadena de mando que autorizó la operación. Los cargos incluyen conspiración para matar ciudadanos estadounidenses, asesinato y delitos relacionados con la destrucción de aeronaves.
El gobierno de Trump llegó incluso a colocar posteriormente a Raúl Castro en una imagen de “enemigos de Estados Unidos” con la palabra “indicted”, una señal del peso político que la actual administración concede al proceso. La acusación, sin embargo, no equivale a una condena: Castro mantiene jurídicamente la presunción de inocencia mientras no sea declarado culpable en un tribunal.
¿Qué pasará con el juicio de Raúl Castro si muere?
Estados Unidos no podría juzgar penalmente a Raúl Castro después de muerto. Actualmente no ha comparecido ante la corte, no ha sido juzgado y, por tanto, tampoco existe un veredicto en su contra.
Las reglas federales establecen que un acusado debe estar presente en etapas fundamentales del proceso penal, incluidos el juicio y la sentencia. Si Castro fallece antes de ser detenido, ya no existiría una persona contra la cual pueda continuar normalmente la acción penal.
La Regla 48 de las Reglas Federales de Procedimiento Penal permite además al gobierno, con autorización del tribunal, solicitar la desestimación de una acusación. En términos prácticos, los fiscales tendrían que cerrar la causa respecto a Raúl Castro.
Esto frustraría uno de los objetivos expresamente planteados por la Fiscalía Federal del Distrito Sur de Florida. Tras la acusación, funcionarios estadounidenses señalaron que esperaban lograr que Castro tuviera “su día en la corte” ante un jurado de Florida.
Su muerte impediría que ese escenario llegara a producirse y dejaría una situación jurídicamente peculiar. Raúl Castro podría terminar sus días formalmente acusado por Estados Unidos de algunos de los delitos más graves contemplados en la legislación penal, pero sin que un jurado llegara a determinar su culpabilidad o inocencia.
Hermanos al Rescate: el proceso continuaría aunque Raúl Castro muera
La desaparición de Castro no significaría necesariamente el final del caso de Hermanos al Rescate. El expediente incluye a otros cinco acusados: Lorenzo Alberto Pérez-Pérez, Emilio José Palacio Blanco, José Fidel Gual Barzaga, Raúl Simanca Cárdenas y Luis Raúl González-Pardo Rodríguez.
Los otros militares acusados junto a Raúl Castro tienen situaciones judiciales diferentes y uno de ellos ya se encuentra en territorio estadounidense. Por tanto, la muerte del antiguo gobernante no eliminaría automáticamente las acusaciones contra el resto.
Las investigaciones, documentos, grabaciones, testimonios y demás pruebas recopiladas durante décadas tampoco desaparecerían. Su admisibilidad y utilización futura dependerían de las reglas federales de evidencia y de las decisiones del tribunal.
El propio caso ha permitido reconstruir nuevamente qué ocurrió durante el derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, tres décadas después de la muerte de los cuatro ocupantes. Washington perdería así la posibilidad de obtener una sentencia contra Raúl Castro, pero no necesariamente la de establecer judicialmente las responsabilidades de otros participantes.
Embargo a Cuba: la muerte de Raúl Castro no acabará con las sanciones
Otro interrogante inevitable será si la desaparición del último de los hermanos Castro permitirá a Trump levantar las sanciones contra Cuba. La respuesta es que no ocurriría automáticamente, porque la muerte de Raúl no contiene ningún mecanismo jurídico que elimine el embargo.
De hecho, pocos días antes de los actuales rumores sobre su estado de salud, Trump prorrogó por otro año facultades legales vinculadas al embargo contra Cuba. La política general de la administración también se encuentra plasmada en el Memorando Presidencial de Seguridad Nacional NSPM-5.
Ese documento ordena restringir operaciones que beneficien desproporcionadamente al gobierno, las Fuerzas Armadas, los servicios de inteligencia y los órganos de seguridad cubanos. Esto explica por qué la muerte de una persona, incluso de una figura con el peso histórico de Raúl Castro, no desmontaría el entramado de sanciones.
Las restricciones estadounidenses están dirigidas actualmente contra el sistema político, entidades, funcionarios, empresas y sectores económicos cubanos, no únicamente contra el antiguo gobernante. Por ello, Washington podría mantener prácticamente intacta su política aunque desaparezca el último de los hermanos Castro.
Ley Helms-Burton: la muerte de Raúl Castro sí eliminaría una condición muy concreta
Aquí aparece uno de los aspectos jurídicos más interesantes y menos conocidos: la Ley Helms-Burton menciona expresamente a Raúl Castro. La legislación estadounidense establece las condiciones que permitirían al presidente determinar que existe un “gobierno de transición” en Cuba.
Entre esas exigencias aparecen la legalización de la actividad política independiente, la liberación de presos políticos, el compromiso con elecciones libres, avances hacia un poder judicial independiente y respeto a derechos fundamentales. Sin embargo, la sección 205 contiene además una condición extraordinariamente específica: un gobierno cubano de transición reconocido por Estados Unidos no puede incluir a Fidel Castro ni a Raúl Castro.
La versión oficial de la Ley Helms-Burton conservada por el Departamento de Estado establece esa condición dentro de los requisitos para determinar la existencia de un gobierno de transición. Fidel Castro murió el 25 de noviembre de 2016, por lo que cuando muera Raúl desaparecerá físicamente el segundo nombre mencionado expresamente en la disposición.
Eso tendrá valor simbólico y jurídico, pero no significará que Estados Unidos deba reconocer inmediatamente al gobierno de Díaz-Canel como un gobierno de transición. La desaparición de los hermanos Castro únicamente eliminaría una de las numerosas condiciones incluidas en la legislación estadounidense.
¿La muerte de Raúl Castro permitirá levantar el embargo?
La importancia de la Helms-Burton está precisamente en lo que sucederá después de la muerte de Raúl. La desaparición de Fidel y Raúl eliminará la condición personal incluida en la ley, pero permanecerán todas las demás.
Washington tendría que determinar, entre otras cuestiones, si Cuba ha legalizado la actividad política independiente, liberado a los presos políticos, permitido elecciones libres y competitivas, avanzado hacia un poder judicial independiente y reconocido derechos fundamentales. Para Estados Unidos, la cuestión dejaría entonces de ser si los Castro siguen presentes y pasaría a concentrarse en si el sistema construido por ellos continúa funcionando.
Incluso Florida mantiene actualmente una legislación que contempla un eventual escenario de levantamiento del embargo condicionado a la existencia de un gobierno democráticamente elegido en la Isla. La muerte de Castro podría eliminar uno de los símbolos y obstáculos históricos más importantes, pero no sustituiría las reformas que la legislación estadounidense exige.
Miguel Díaz-Canel después de Raúl Castro: Washington observará quién tiene realmente el poder
La muerte del general tampoco provocará automáticamente una sucesión presidencial, porque Miguel Díaz-Canel ya ocupa la presidencia y la dirección formal del Partido Comunista. Castro permanece, sin embargo, como una figura de enorme autoridad histórica y especial influencia sobre el aparato político y militar.
Esa diferencia explica por qué Washington tendrá otra pregunta fundamental cuando muera: cuánto poder real desaparece con Raúl y cuánto permanece intacto. Incluso después de abandonar sus principales cargos, Castro ha continuado interviniendo en asuntos relevantes y en junio respaldó públicamente el paquete de reforma económica presentado por Díaz-Canel.
Su desaparición dejará a Díaz-Canel por primera vez sin ninguno de los dos hermanos Castro vivo por encima o detrás de la estructura formal del Estado. Eso puede llevar a Washington a concentrar todavía más su atención en el presidente cubano, las Fuerzas Armadas Revolucionarias, el Ministerio del Interior, GAESA y los integrantes más jóvenes de la élite política y militar.
También adquiere relevancia el papel de la familia Castro, porque en los últimos meses han existido indicios sobre la participación de familiares del general en contactos y estructuras relacionadas con las negociaciones con Estados Unidos. La muerte de Raúl no responderá automáticamente quién heredará su influencia y esa podría convertirse precisamente en una de las principales preguntas de Washington.
Marco Rubio después de la muerte de Raúl Castro: el Departamento de Estado tendrá un papel clave
El secretario de Estado Marco Rubio será previsiblemente uno de los funcionarios estadounidenses más importantes durante las primeras horas posteriores al anuncio. No solo por su origen cubano y su trayectoria política, sino porque el Departamento de Estado tiene competencias directas sobre relaciones diplomáticas, sanciones, derechos humanos, restricciones de entrada y evaluación de la política hacia Cuba.
El NSPM-5 asigna al secretario de Estado varias responsabilidades relacionadas con la ejecución de la estrategia estadounidense hacia La Habana. El documento mantiene como objetivos declarados el apoyo a los derechos humanos, el sector privado independiente y una eventual transición democrática.
Por ello, cualquier señal de cambio político dentro de Cuba después de la muerte del general sería evaluada por el Departamento de Estado. No existe evidencia de que Rubio haya preparado públicamente una hoja de ruta específica para el día posterior a la muerte de Castro, pero su departamento tendría que determinar si la desaparición del antiguo gobernante representa únicamente un relevo generacional o el comienzo de transformaciones reales dentro del sistema.
Presos políticos en Cuba: una prueba inmediata para Díaz-Canel
La situación de los presos políticos podría convertirse en uno de los principales indicadores utilizados por Washington para medir cualquier cambio después de Raúl Castro. La razón no es únicamente política, porque la liberación de presos aparece expresamente dentro de las condiciones de la Helms-Burton para que el presidente estadounidense considere que existe un gobierno de transición en Cuba.
La política de Trump hacia la Isla también denuncia las detenciones arbitrarias, las represalias contra familiares de presos y las restricciones a derechos fundamentales. Al mismo tiempo, el gobierno estadounidense ha defendido públicamente que sus sanciones buscan afectar a las estructuras gubernamentales y no al pueblo cubano.
Después de la muerte de Raúl, Washington podría incrementar las demandas sobre Díaz-Canel argumentando que el fin físico de la generación histórica no constituye una transición mientras continúen encarceladas personas por motivos políticos. Una liberación significativa de presos, por el contrario, podría ser interpretada como una señal política, aunque por sí misma tampoco cumpliría todas las condiciones establecidas por la ley estadounidense.
Sanciones de EEUU contra Cuba podrían continuar sin Raúl Castro
La arquitectura de sanciones aprobada durante 2026 tiene otra característica importante: está preparada para sobrevivir a Raúl Castro. La orden ejecutiva firmada el 1 de mayo permite sancionar no solo a altos funcionarios, sino también a personas que operen en determinados sectores de la economía cubana, apoyen materialmente al gobierno, participen en corrupción o violaciones graves de derechos humanos, o actúen para entidades bloqueadas.
Washington ya ha utilizado esas facultades contra estructuras vinculadas con la represión dentro de Cuba. Eso significa que la estrategia estadounidense puede trasladarse fácilmente de la generación histórica hacia quienes Washington considere responsables de mantener el mismo aparato.
Díaz-Canel, los altos mandos militares y las estructuras económicas controladas por las Fuerzas Armadas pasarían a ocupar todavía más espacio en la relación bilateral. Por ello, una eventual muerte de Castro podría cambiar los nombres que protagonizan las sanciones sin modificar necesariamente la esencia de la política estadounidense.
Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo: nada cambiaría automáticamente
La muerte de Raúl tampoco sacaría automáticamente a Cuba de la lista estadounidense de Estados patrocinadores del terrorismo. Trump revirtió en enero de 2025 la decisión tomada por la administración anterior sobre esa designación.
La Casa Blanca anuló formalmente la certificación emitida el 14 de enero de 2025 mediante la rescisión de acciones adoptadas por la administración anterior. La diferencia es sencilla: la designación corresponde a Cuba como Estado y no a Raúl Castro como individuo.
Por tanto, su fallecimiento no modificaría por sí mismo esa situación y sería necesaria una decisión posterior de Washington basada en los criterios legales aplicables y en la conducta del gobierno cubano. La desaparición del antiguo gobernante podría influir políticamente en ese debate, pero no produciría un cambio automático.
¿EEUU negociará con Díaz-Canel después de la muerte de Raúl Castro?
Una negociación es posible, pero no automática. La muerte de Castro podría crear una oportunidad diplomática si dentro del gobierno cubano surgiera una corriente dispuesta a impulsar reformas o a buscar algún tipo de entendimiento con Washington.
También podría ocurrir exactamente lo contrario, con un cierre de filas de la cúpula política y militar destinado a demostrar continuidad y evitar que el fallecimiento sea interpretado como una señal de debilidad. Estados Unidos tendría entonces que identificar rápidamente quién controla realmente los principales centros de poder.
La cuestión es especialmente compleja porque una eventual transición no dependería únicamente de Díaz-Canel. Las Fuerzas Armadas, el Ministerio del Interior, el Partido Comunista y las estructuras empresariales militares tendrían capacidad para determinar hasta dónde podría llegar cualquier reforma.
Ese problema ya aparece en los análisis sobre las dificultades que tendría una reconstrucción de Cuba después del actual sistema político. Washington podría negociar con funcionarios de La Habana si considera que existe una posibilidad real de conseguir cambios, pero la política vigente de Trump no establece ninguna negociación automática vinculada a la muerte de Castro.
Funeral de Raúl Castro: ¿enviará Trump representantes de EEUU?
Esta será probablemente una de las primeras controversias diplomáticas. La Habana podría invitar a gobiernos y representantes extranjeros a las honras oficiales de Castro, y Washington tendría entonces que decidir qué nivel de representación considera apropiado.
Estados Unidos podría enviar una representación de alto nivel, limitar la presencia a diplomáticos destinados en Cuba o no participar en determinadas ceremonias. Hasta ahora no existe una decisión oficial que permita saber qué opción elegiría Trump.
El hecho de que Castro sea actualmente un acusado federal hará la situación particularmente delicada. Una delegación estadounidense de alto nivel homenajeando a una persona a quien el propio Departamento de Justicia acusa de conspiración y asesinato podría generar una fuerte controversia política, especialmente entre los familiares de las víctimas de Hermanos al Rescate y la comunidad cubana de Florida.
En cambio, mantener algún nivel de representación diplomática podría considerarse necesario para preservar canales de comunicación durante un momento potencialmente sensible dentro de Cuba. Trump tendrá que decidir dónde colocar ese límite cuando llegue el momento.
Cubanos en EEUU: Miami será uno de los focos de atención
La reacción no ocurrirá únicamente en Washington, porque el sur de Florida previsiblemente se convertirá en otro centro de la noticia. Raúl Castro es una figura especialmente controvertida dentro del exilio cubano y el hecho de que la acusación de Hermanos al Rescate haya sido presentada precisamente en el Distrito Sur de Florida añade una dimensión local extraordinaria.
Las familias de las víctimas podrían reaccionar ante la posibilidad de que Castro muera sin enfrentar un jurado. También podrían producirse manifestaciones, actos públicos y declaraciones de autoridades federales, estatales y locales de Florida.
La diferencia con 2016 es considerable, ya que cuando murió Fidel Castro no existía una acusación penal federal comparable pendiente contra él. Con Raúl, el fallecimiento se produciría mientras EEUU intenta procesarlo judicialmente.
¿La muerte de Raúl Castro puede provocar otra crisis migratoria cubana?
Washington también observará cuidadosamente cualquier reacción dentro de la Isla. La muerte del general no implica necesariamente protestas, inestabilidad o un éxodo y afirmar ahora que esos acontecimientos ocurrirán sería especulativo.
Sin embargo, si el fallecimiento provocara incertidumbre política, disturbios o expectativas de cambio, EEUU tendría motivos para vigilar un posible aumento de las salidas irregulares. La Guardia Costera ya ha venido revisando cuestiones de seguridad nacional relacionadas con la situación cubana.
Además, las interceptaciones y repatriaciones continúan. En junio, por ejemplo, 27 balseros cubanos fueron repatriados después de ser encontrados en el Canal de Yucatán.
La política vigente de Trump es clara en otro aspecto importante: el NSPM-5 ordena continuar desalentando la migración irregular y peligrosa desde Cuba y contempla apoyo del Departamento de Defensa a las operaciones de interdicción cuando sea necesario. Por tanto, una eventual muerte de Raúl Castro no abrirá una nueva vía migratoria para los cubanos ni significará el regreso de la antigua política de “pies secos, pies mojados”.
¿Trump puede intervenir militarmente en Cuba cuando muera Raúl Castro?
La muerte de Castro, por sí misma, no activa ninguna intervención militar de Estados Unidos. No existe públicamente una ley, orden presidencial o protocolo que establezca una operación militar como consecuencia directa de su fallecimiento.
Las medidas oficiales de Trump examinadas hasta ahora se concentran fundamentalmente en sanciones económicas, restricciones financieras, presión diplomática, medidas comerciales, seguridad nacional y apoyo declarado a cambios políticos en Cuba. Esto no significa que Washington no pueda responder militarmente ante una crisis diferente que afecte sus intereses, ciudadanos o instalaciones, pero sería un escenario distinto.
La conclusión, por tanto, debe ser concreta: no existe evidencia oficial que permita afirmar que la muerte de Raúl Castro sea por sí sola el detonante de una intervención estadounidense. Esta diferencia será especialmente importante si durante un período de incertidumbre comienzan a circular rumores en redes sociales sobre movimientos militares de EEUU.
¿Qué hará EEUU si hay protestas en Cuba después de la muerte de Raúl Castro?
Este es uno de los escenarios más difíciles de anticipar, porque dependerá de lo que realmente ocurra dentro de la Isla. Si la muerte de Castro fuera seguida por protestas, Washington dispondría de varias herramientas para responder sin necesidad de una intervención militar.
Estados Unidos podría emitir nuevas sanciones contra responsables de actos represivos, imponer restricciones de entrada a funcionarios, bloquear bienes, aumentar la presión diplomática y utilizar las facultades de la Orden Ejecutiva 14404 contra personas o entidades consideradas responsables de graves violaciones de derechos humanos. El precedente reciente indica que la administración Trump está dispuesta a utilizar esos mecanismos.
Por ello, una eventual represión de protestas posteriores a la muerte del general podría convertirse rápidamente en un nuevo frente de confrontación entre Washington y La Habana. La intensidad de la respuesta dependería de la magnitud de los acontecimientos y de las decisiones que adopten las autoridades cubanas.
La gran pregunta para EEUU: ¿muere Raúl Castro o termina el castrismo?
Ese será probablemente el dilema central para Washington. La desaparición física de Raúl Castro tendrá un enorme valor histórico, porque Fidel murió en 2016 y su hermano es el último de los dos dirigentes que participaron directamente en la construcción, dirección y supervivencia del sistema político nacido después de 1959.
Sin embargo, las instituciones que ambos construyeron pueden continuar después de su muerte. El Partido Comunista puede mantener su monopolio político, las Fuerzas Armadas conservar su influencia, el Ministerio del Interior seguir controlando el aparato de seguridad y GAESA continuar dominando sectores importantes de la economía.
Díaz-Canel también puede permanecer en el poder sin que cambie sustancialmente la estructura política. Por esa razón, la muerte de Raúl no equivale necesariamente a la desaparición del sistema asociado durante décadas con el apellido Castro.
La propia Ley Helms-Burton anticipó esta diferencia hace tres décadas. Excluir a Fidel y Raúl Castro era solo una de numerosas condiciones para reconocer una transición, junto a libertades políticas, liberación de presos, elecciones, derechos humanos y transformaciones institucionales.
Qué ocurrirá en EEUU en las primeras horas después de la muerte de Raúl Castro
Aunque no existe un protocolo oficial conocido, los documentos y decisiones vigentes permiten anticipar varios movimientos. La Casa Blanca y el Departamento de Estado probablemente emitirán declaraciones sobre el fallecimiento y el futuro de Cuba, mientras el Departamento de Justicia tendrá que resolver la situación procesal de Raúl Castro dentro del caso de Hermanos al Rescate.
La causa podrá continuar contra los demás imputados y las sanciones contra el gobierno cubano seguirán vigentes salvo una decisión específica de Washington. Tampoco desaparecerá automáticamente el embargo ni Cuba saldrá de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo.
La Guardia Costera y otras agencias probablemente vigilarán cualquier posible impacto migratorio o de seguridad, mientras Washington observará cuidadosamente los movimientos de Díaz-Canel, los militares y las nuevas generaciones de la élite cubana. Sin embargo, la consecuencia más importante puede ser menos inmediata y mucho más profunda.
Durante más de seis décadas, la política estadounidense hacia Cuba ha estado inevitablemente ligada a Fidel y Raúl Castro. Cuando muera el segundo, Estados Unidos tendrá que responder una pregunta que la Ley Helms-Burton dejó planteada desde 1996: si ya no queda ningún Castro histórico en el poder, ¿qué tendría que cambiar realmente en Cuba para que Washington considere terminada la era de los Castro?
La respuesta de Trump dependerá mucho menos del funeral de Raúl Castro que de lo que ocurra en Cuba al día siguiente.


