Una huella musical llamada Pacho Alonso
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Una huella musical llamada Pacho Alonso

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Pacho Alonso, inolvidable.
Foto: Pedro Beruvides

«La música no es ni vieja ni joven. La música es una sola», afirmó en su momento el maestro Rafael Lay, sabia definición desde la cual le rendimos merecido homenaje, en el centenario de su natalicio, a uno de los grandes de la música cubana: Pascasio Alonso Fajardo, más conocido como Pacho Alonso (22 de agosto de 1926–27 de agosto de 1982).

Para hablar acerca de la presencia de este creador santiaguero en nuestro panorama musical, hay que partir de la esencia que lo singulariza como un artista de pueblo, que asume nutrirse de las raíces culturales de la nación.

Y no solo porque, en su andar por nuestras calles, se le podía ver habitualmente rodeado de gente que lo admiraban y respetaban, por esa naturalidad suya, propia del cubano campechano, dueño de una contagiosa alegría de vivir que nos hacía gozar por medio de su música en los bailables; sino porque, además, bebió del enriquecedor entorno musical del Oriente del país.

De esta experiencia es el pilón, baile proveniente del gesto de simular el proceso de pilar el grano de café con un peculiar movimiento de los brazos; el popular ritmo pilón que arrasó, literalmente, en los años 60 del pasado siglo.

Sin embargo, a Pacho lo caracterizaba una cualidad imprescindible. Es de tal rango la eficacia de la originalidad en la obra de Pacho Alonso, que al disfrutar de los viejos videos de Yo no quiero piedra en mi camino, Que me digan feo o Rico Pilón, es evidente que preservan la pegada necesaria de los éxitos perennes.

Según cuenta su hijo Pachito Alonso –quien en 1979, con apenas 20 años, se incorpora como pianista a la orquesta del padre, para asistir a un festival en Barcelona, al cual estaban invitados desde Joan Manuel Serrat hasta Mocedades, además de la Orquesta Mondragón–, al ser anunciados por el conductor del evento, fueron recibidos con una gran ovación que le hizo temblar las piernas. Lo nervioso que se puso, dijo, le impedía arrancar con la introducción al piano de Que me digan feo.

Grandes boleristas como Cheo Feliciano, Andy Montañez y Gilberto Santa Rosa tienen a bien reconocer que han sido influenciados por el personal estilo de Pacho Alonso, género (el bolero) en el cual ha dejado una profunda huella.

Basta escucharlo en su acercamiento a clásicos como Imágenes, de Frank Domínguez; Tú no sospechas, de Marta Valdés, o En nosotros, de Tania Castellanos, para sentirnos cómplices de Pacho, por su personal evocación de la intimidad en el amor y desde un bolero.

Y sí, la música es una sola. Por eso abramos nuestro corazón a glorias que, como Pacho Alonso, no conocen la obsolescencia.

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