Los dos personajes principales de la novela El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes, estaban muy bien definidos: Don Quijote era la fantasía y su escudero Sancho la realidad tal cual era.
Es un simple resumen de la que ha resultado ser la novela más grande de todos los tiempos, en cualquier lengua existente en este mundo.
Al poeta caimitense Evasio Pérez González, ha tocado la extraña suerte de tener un poco de las dos grandes criaturas de Cervantes.
Por un momento anda viajando, a tiempo completo, bolígrafo y cuartilla rústica en mano, tras los pasos de Borges, Nicanor Parra, Joaquín Sabina, y en otros instantes, bajo el sol más implacable de Cuba, empuñando la guataca o el machete, sale a buscarse la vida como ya no debería buscársela nadie con más de 70 años en los hombros.
Tiene Evasio, por tanto, la doble sabiduría: la del hombre soñador y la del hombre realista, materia más que suficiente, además del talento natural, para hacer que sus cuartillas truenen de lucidez y calidad literaria de primera línea.
El gran escritor argentino Jorge Luis Borges imaginaba el Paraíso con la forma de una biblioteca. ¿Qué te parece esa idea de Borges?
«De Borges quedan muchas cosas por decir. A pesar de ser archiconocido, sus sueños se amplifican en bibliotecas y laberintos, donde se ocultaban nuevas obras.
«Pienso, para actualizar los sueños del argentino, que es preciso crear nuevas bibliotecas y no bases militares, lectores y no soldados. Borges sería feliz en su tumba si esto fuera posible».
Ya con varios libros publicados y varios premios conseguidos, ¿qué le falta a Evasio por hacer en el universo de la literatura?
«Es cierto que he publicado algunos libros y obtenido premios importantes. Pero el poeta no es un competidor.
El mejor premio es ser recordado, si es que lo escrito y lo que queda, ha resistido la prueba del tiempo.
«Sin embargo, siento que me falta por escribir ese libro que permanece en la memoria colectiva, un libro que te distinga entre todos, salvando la distancia, La tierra baldía, de Eliot, y Hojas de hierba, de Withman. No sé si llegara ese día, pero lo sigo intentando».
¿Crees que el libro este condenado a desaparecer?
«Desdichadamente, estoy seguro que sí. Cuando esto suceda, la tristeza será el único libro que quede. Quedará una memoria digital donde ningún sentimiento tenga espacio, donde seremos autómatas destinados a mercados de chatarra».
¿En qué proyectos literarios te encuentras enfrascado actualmente?
«Hace muy poco terminé de escribir un libro, al que he titulado, no sé si bien o mal, Esquirlas.
«Se trata de un conjunto de frases cortas que contienen algo de verdad y algo de mentiras.
«Al mirar se mira y se vive de prisa, pensando que el tiempo se me acaba y queda una lucecita colgada en mi crepúsculo.
«Por eso la brevedad, aunque me desconcierte, me hace escribir lo que venga a la cabeza, bueno o malo. Al final, me sirve de consuelo haberlas escrito.
Creo firmemente que la poesía me redime, y haber escrito un buen poema sería un premio enorme, con el que estaría encantado de morir».
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