La imagen de la niña abrazando al payaso Papote es precisa. Enamora y encanta. Es la expresión de almas compartidas. De una cultura extendida a los niños, a la comunidad, a la gente. De un pueblo que agradece a sus artistas e intelectuales por lo que llena el espíritu en medio de limitaciones materiales. Es la sencillez contra lo pomposo, la sonrisa frente a la tristeza, la libertad ante la manipulación y la banalidad.

Por estos días, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, la de Guillén y Lezama, la de Carpentier y Alicia; la de Fidel y todos los intelectuales revolucionarios, anda celebrando sus primeros 65 años. Prioridades, acompañamiento, creatividad e integración han saltado sus espacios habituales para llegar adonde más necesaria es hoy la cultura: los barrios, los poblados, las comunidades.
“No hay proa que taje una nube de ideas”, dijo Martí. Y así lo asume esta organización y sus integrantes. Que son polémicos: sí; que dicen verdades a funcionarios burócratas: sí; que todavía queda mucha batalla por dar para educar el buen gusto y el conocimiento cultural más allá de las artes: sí. Por eso la nube de ideas tiene que ser una revolución dentro de la Revolución, sin maniqueísmo poses falsas o divorcio de las raíces que formaron esta nación.
Los creadores y sus obras deberán seguir siendo valientes para defender el arte fiel a un proyecto que no es perfecto, pero ha llevado campaña de alfabetización, lectura, escuelas de arte, ferias del libro, festivales de cine, teatro, ballet, cultura, mucha cultura, a todos los rincones del país, cual expresión directa del espíritu emancipador que desde el 1.° de enero de 1959 nos abrigó a todos.
“Hay un cúmulo de verdades esenciales que caben en el ala de un colibrí, y son, sin embargo, la clave de la paz pública, la elevación espiritual y la grandeza patria”, definió magistralmente el Ápostol. Por eso la imagen de la niña abrazando al payaso Papote es precisa. Enamora y encanta. Y se ganó nuestra portada.


