Conviene recordar la manera en que puede articularse un buen programa de danza: con coherencia, con noción de la unidad a partir de la diferencia de determinadas propuestas. La unidad resulta esencial porque va más allá de las diferencias de tempo, de las implicaciones metafóricas o de las particularidades formales de las obras que integran un espectáculo. Es precisamente esa capacidad para establecer vasos comunicantes entre piezas diversas la que permite que un programa trascienda la simple suma de sus partes. Dentro, de OtroLado, es un buen ejemplo de ello.
Ritual Garden, Inside y Folk Room transitan por territorios diferentes, pero participan de un mismo impulso lírico. Hay en las tres obras atmósferas que se complementan, resonancias que se prolongan de una a otra y terminan creando un entramado francamente evocador. Del trance y la transformación de Ritual Garden al encierro íntimo de Inside, y de ahí a la energía visceral y liberadora de Folk Room, el programa propone un recorrido hacia zonas interiores, hacia aquello que se oculta, se confronta o finalmente se revela.
Como en buena parte del trabajo de OtroLado, y particularmente del coreógrafo Norge Cedeño y su equipo, hay un cuidado evidente en la factura, en la manera de resolver las dinámicas grupales y en la caligrafía del movimiento. Y en este último aspecto mucho tiene que ver el referente que es desde hace buen tiempo la bailarina Thais Suárez.
El cuerpo aparece trabajado con rigor, pero nunca como mero objeto de contemplación formal. Porque aquí no hay, ni ha habido, un esteticismo vacío: la precisión de la composición está al servicio de una voluntad expresiva que encuentra en el movimiento una vía para construir imágenes, estados y relaciones.
Esa vocación metafórica, más o menos evidente según la pieza, se concreta en numerosas capas de significado. Los cuerpos en trance de Ritual Garden, la habitación que se vuelve prisión y espejo en Inside, o esos personajes atrapados por una energía invisible en Folk Room, no son solamente situaciones escénicas: son estímulos para una lectura que puede ser sensorial, emocional y también simbólica. OtroLado confía en la capacidad de la danza para sugerir antes que explicar, y en esa confianza radica buena parte de la fuerza de su propuesta.
Dentro confirma así una poética que ha ido madurando sin perder su vocación de riesgo y exploración. Es una excelente propuesta, y no en vano el espectáculo mereció el Premio Villanueva de la Crítica: porque detrás de su cuidada apariencia formal hay una búsqueda genuina, una necesidad de indagar en el cuerpo y sus posibilidades expresivas. OtroLado vuelve a demostrar que la reinvención en la danza no tiene que renunciar a la belleza, siempre que esa belleza sea consecuencia de una mirada, de una idea y de una necesidad de decir.

