Según informa el New York Times, Epstein y Shuliak mantuvieron una relación durante ocho años, y documentos publicados por el Departamento de Justicia han revelado detalles de su noviazgo.
Se conocieron cuando ella tenía 21 años y apenas unos meses antes había llegado a Nueva York.
Epstein la llamaba su «favorita», la ayudó a ingresar en la Facultad de Odontología de Columbia y a obtener la residencia permanente, sugiriéndole el matrimonio con una de sus víctimas como la «vía más rápida».
A lo largo de los años, Epstein y Shuliak viajaron juntos por el mundo; ella logró enviar dinero a su familia en Bielorrusia y se ganó la confianza del exfinancista, quien le confió la gestión de sus bienes.
Shuliak fue la última persona a la que Epstein llamó antes de quitarse la vida.
Documentos de la investigación muestran que ella fue identificada como «Persona 1» en los registros oficiales de la cárcel donde Epstein estaba detenido cuando se colapsó en su celda en agosto de 2019.
En medio de los rumores y teorías que han rodeado la misteriosa muerte de Epstein, esta llamada ha sido objeto de especulación.
Las autoridades, sin embargo, no han confirmado que haya indicios de criminalidad en su suicidio.
Pero el aspecto más sensacional de la historia es la revelación de que Epstein incluyó a Shuliak como uno de los principales beneficiarios de su enorme fortuna poco antes de morir. En un testamento firmado el 8 de agosto de 2019, apenas 48 horas antes de su fallecimiento, Epstein trazó un plan de distribución de bienes que colocaba a Shuliak en el centro de su patrimonio.
Según esos documentos, Shuliak estaba designada para recibir aproximadamente 100 millones de dólares, divididos en efectivo y pagos anuales futuros, además de múltiples propiedades que incluían: Una residencia en Manhattan, una mansión en Palm Beach, su rancho en Zorro Ranch (Nuevo México), un apartamento en París, las islas privadas Little Saint James y Great Saint James y un anillo de diamantes de casi 33 quilates dado «en contemplación de matrimonio».
Este legado potencial era, en principio, mucho mayor al que iba a recibir cualquier otro beneficiario individual, incluyendo a asociados cercanos del financista y colaboradores.
Tras la muerte de Epstein, el patrimonio no quedó distribuido de forma inmediata. Su testamento pasó a un fideicomiso conocido como «Trust 1953», que ha estado bajo gestión judicial y ha servido para pagar indemnizaciones a víctimas de delitos de Epstein, así como gastos legales y fiscales, lo que ha reducido el valor total disponible para herederos potenciales.
Aunque Shuliak figuraba como beneficiaria principal en los documentos originales, la mayoría de esos activos han sido negociados —vendidos o destinados a compensaciones a víctimas— y la porción final que podrá recibir o si recibirá algo de esos bienes sigue siendo objeto de procesos legales en curso.


