El verano cobra vida en Rodas: pinceles, papel maché y cuentos infantiles
5 de Septiembre Cultura Portada

El verano cobra vida en Rodas: pinceles, papel maché y cuentos infantiles

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Hay en Rodas, municipio de Cienfuegos, un lugar donde el estío despierta en colores, texturas y palabras. Es la Casa de la Cultura del municipio, que desde hace semanas palpita con la energía de los más pequeños: los talleres de verano han abierto sus puertas, y con ellas, la imaginación. Cada niño parece llegar con un mundo adentro y encontrar en la Casa las herramientas para construirlo afuera.

Yoel Fundora González, instructor de Artes visuales, es uno de los asesores en esta travesía creativa. Con actitud paciente, forjada en 16 años de trabajo, y aire soñador, conduce los talleres de papel maché, escultura, cartón y dibujo planificados para los meses de julio y agosto.

Lo encontramos guiando las manos de unos siete niños por caminos hechos de pegamento, papel, tijeras y acuarelas. Su anhelo es que se sumen más, pero el entusiasmo e interés de quienes ya están convierten el salón en un local de maravillas.

Muchos de ellos forman parte, además, de la iniciativa comunitaria MirArte, que surgió de la mano de Yoel en 2018 y acumula, hasta la fecha, nueve exposiciones colectivas. Hoy constituye un espacio de creación y disfrute para cerca de 20 pequeños artistas locales.

Pero no solo las Artes visuales nutren el verano cultural en Rodas. En el salón contiguo, el Taller de literatura también congrega a sus propios soñadores. Lázaro Raúl Morfa Sánchez, asesor literario, se aleja unos minutos de las lecciones y nos habla de cuánto le agrada vincular esa disciplina con la historia y transmitir tales enseñanzas a los pupilos.

“Sobre todo, me gusta trabajar con “La Edad de Oro”, de José Martí, leerle los cuentos, hacerlo de manera amena para que ellos se diviertan mientras aprenden”, agrega.

Para José Ramón Calatayud Jiménez, otro de los timoneles del barco literario, “movilizar niños es complicado: cualquier cosa los distrae. Sin embargo, como la literatura, y al arte en general, va haciendo su efecto lentamente, como gota de agua que cae, logramos poner en ellos la semillita de la narración: contándoles historias y llevándolos a crear las suyas propias.

“Los niños van a esa pureza de lo elemental, lo primigenio. Aquí consiguen fabular y crear sus propias historias, mejorar su expresión oral. Sabemos que algunos no serán nunca escritores, pero el objetivo de la Casa de Cultura no es fabricar escritores, sino fabricar gentes felices, creativas, desprejuiciadas, que encuentre los motivos de la vida en lo más sencillos”, expresa el asesor.

En la sección de Literatura los asesores avivan la imaginación de los pequeños.
LAS VOCES DE LOS PEQUEÑOS CREADORES

A Maximiliano González Martí, de ocho años, le falta destreza en la caligrafía, pero ello no detiene el vuelo de su imaginación y, por tanto, es capaz de componer en la oralidad, su mundo de fantasía. “Me gusta hacer cuentos, pero como escribo muy lento, el profe los escribe por mí. Las ideas son mías, yo se las dicto”, confiesa y se apresura a narrar el inicio de lo que considera su primera obra, el cuento “La hojita que se quería caer”.

A pocos metros de él y mientras modela una figura de papel maché, Liosdany Pineda Sotolongo, de 12 años, hace una pausa para hablar de su experiencia en la iniciativa comunitaria MirArte.”Llevo casi dos años en el taller, donde hemos trabajado diversas técnicas. Hemos realizado varias exposiciones, hecho vitrales, trabajado con sombras, nylon. Ahora en la etapa de verano las lecciones las recibimos aquí en la Casa de la Cultura”, comenta.

A su lado, Enrique Manuel Díaz Edreira se ocupa en el molde de su propia escultura. “Como pueden ver, es una figura abstracta, no tiene forma física. Es una especie de obelisco, con un poco de mundo marino”, explica.

Los ojos de Enrique Manuel confirman la pasión que dibuja con palabras: “Desde los cinco años me interesé por la pintura. Me acerqué al taller y bueno, el profe me enseñó todo lo que sé hasta ahora. Aún me falta mucho por aprender y estoy eternamente agradecido con mi maestro y mi familia por el apoyo que me dan. No dejo de venir acá en el verano. Es algo increíble, entretenido y muy interesante. Siempre aprendemos algo nuevo y eso me motiva a llegar todos los días aquí”, afirma.

Liosdany Pineda Sotolongo ha trabajado diferentes técnicas en el Taller de Artes visuales.

Neidy Varela Bermúdez, de solo seis años, levanta la mirada, sonríe y se apresta a hablar de la alegría que le causa ser parte de esta fiesta de la imaginación. ”En este taller he aprendido muchísimo. Es muy interesante trabajar con papel maché; nunca lo había hecho y me ha gustado cantidad”, comenta.

Al conversar con esos pequeños, una idea queda clara: la Casa de la Cultura de Rodas se ha convertido en un hervidero de creación. Mientras el verano avanza, ellos juegan a ser pintores, escultores, escritores y, al hacerlo, demuestran cómo la mejor manera de crecer es dejando que la infancia vuele en cada trazo, en cada cuento, en cada figura de papel que cobra vida.

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