El 11 de julio de 2021, Luis Manuel Otero Alcántara salió a las calles de La Habana con apenas 20 pesos en el bolsillo y la decisión de sumarse al estallido popular que sacudió a la Isla. No llegó muy lejos: fue detenido antes de unirse a la marcha y trasladado a la prisión de máxima seguridad de Guanajay. Allí cumplió de manera íntegra una pena de cinco años de cárcel, sometido al aislamiento, a las duras condiciones del presidio político y al acoso psicológico continuo del régimen cubano. El artista aterrizó hace seis días en Estados Unidos, donde fue llevado como condición de su liberación, lejos de su patria, de su casa en San Isidro y de su hijo. Pregunta. Después de cinco años encarcelado e incomunicado del mundo exterior, ¿cómo ha sido ese choque inmediato con la libertad física? ¿Qué fue lo primero que sentiste o pensaste al pisar tierra fuera de Cuba? Respuesta. Es una etapa y una transición. Mañana va a hacer una semana que llegué a Estados Unidos y en esa transición lo más difícil para mí ha sido el tema de adaptarme a la libertad. Es como aprender a caminar de nuevo. La luz, la belleza… Al momento tú caminas por las calles y todo es bonito, pero no todo lo bonito es tuyo o no todo lo bonito tú puedes tocarlo. El tema de los tiempos, el tema de que cinco minutos no son cinco minutos, o la relación con el transporte, cómo moverse de un sitio a otro, que puede parecer cerca y a la vez muy lejos. La relación incluso con la estética: cómo tú sales de una situación donde estás vestido de gris 24/7 y hace cinco años no te vistes diferente ni tienes por qué -ni tú ni tu cuerpo físico, estético, intelectual, político tiene que interactuar de otra manera que no sea vestido de gris- y cuando llegas aquí ese contraste es una locura. Hay momentos en los que siento como si me faltara algo o me sobrara algo Hay momentos en los que siento como si me faltara algo o me sobrara algo. Entré a la prisión con nasobuco, por el covid. Comparo la sensación de estar sin nasobuco con la libertad de expresión. Ssientes que se te quitó algo de la boca, de los ojos, algo que antes en Cuba tenías y aquí ya no, porque estuviste cinco años sin poder hablar, sin poder decir cosas. P. Estuviste encerrado en Guanajay, una prisión de la que se denuncian condiciones extremas e inhumanas. Allí compartiste presidio con muchos de los jóvenes del 11J. ¿Qué pudiste ver y saber de cómo están viviendo ellos el encierro, cuál es su estado físico y de ánimo, qué se sufre dentro de esa cárcel? R. Lo primero: cuando llegué, sentí que mi cuerpo se cerró. Estaba desbordado de emociones. Primero, salir de aquel encierro, del primer encierro que fue en Guanajay, después el segundo encierro que fue la casa de la Seguridad del Estado cerca de la playa de Guanabo. Después, pasar por todo el estrés antes del aeropuerto. Después llegar a un avión, volar 45 minutos y llegar a Estados Unidos. Y ahí en el momento hay mucha información en muy poco tiempo. Me encuentro con Claudia Genlui, que es la primera de mis amistades que veo de cerca. Pero estaba viendo a mucha gente moviéndose, muchas cosas que mi cuerpo dejó atrás durante cinco años. Entonces mi cuerpo se cerró. Después salgo y hay un montón de personas con cámaras, atendiendo lo que uno tiene que decir. Entre esas cámaras, ves amigos, ves rostros, ves gente de la infancia. Estaba viendo a mucha gente moviéndose, muchas cosas que mi cuerpo dejó atrás durante cinco años. Entonces mi cuerpo se cerró Y en ese espacio de tiempo tu cuerpo, si responde a todas esas emociones, podría haber colapsado. Por eso poco a poco se ha ido abriendo, dejando pasar la información. De hecho, con mis amigos ha sido poco a poco: al principio hablé con dos, después hablé con cuatro, después hablé con seis, después hablé con diez y así, poco a poco, he ido incorporando dentro de mi dinámica más amigos, porque es imposible poder hablar con todos mis amigos desde el primer día sin colapsar, sin llorar, sin entrar en shock. Poco a poco mi cuerpo ha perdido esa rigidez. La prisión para cada uno de los individuos es una experiencia diferente. Inclusive la violencia que se vive dentro es una violencia totalmente diferente. Por ejemplo, hubo un montón de gente del 11J que salieron en esa especie de libertad condicional y muchos volvieron a la prisión por no seguir el guion que el régimen les puso. Yo estuve los cinco años enteros. Hay muchos tipos de prisión y muchos tipos de relación dentro, donde muchos de los jóvenes o de la gente que salió el día 11 ni siquiera eran activistas ni eran políticos. Eran jóvenes que salieron simplemente a luchar por su libertad, por la libertad de Cuba. A mí me vino un chico que se llama Denis, que lo soltaron en esta especie de libertad condicionada a tener que callarse la boca, trabajar para ellos y tener una postura, y al no cumplir eso lo regresaron a prisión. Un viaje de 20 kilómetros puede ser una millonada de pesos, entonces no todos los presos mundo tienen quien los vaya a ver, o quien les lleve un poquito de comida Ahí adentro también hay muchos tipos de prisión en dependencia de las atenciones. Hay muchos presos que los tienen en condiciones para que la familia los vaya a ver. Pero hoy un viaje de 20 kilómetros puede ser una millonada de pesos, entonces no todo el mundo tiene quien lo vaya a ver, no todo el mundo tiene quien le lleve un poquito de comida. Y no todos los presos políticos tienen atención del exterior o ayuda de amigos. Pero la prisión para todos es el encierro en una situación sumamente difícil. Cuando le miras el rostro a la gente, incluso a esa gente que está ahí porque cometió un delito, ves rostros tristes, rostros en los que logras ver un sentimiento inexplicable en otra realidad que no sea el encierro. P. La cárcel en Cuba está diseñada para quebrantar el espíritu, especialmente el de un artista. ¿De qué manera intentaron quebrantarte a ti? ¿De dónde sacaste la fuerza para sostenerte durante estos cinco años y cómo lograste mantener viva tu capacidad de crear dentro de la prisión? R. La cárcel, y más la cárcel política, es una de las cosas más aberrantes que ha inventado el ser humano, en este caso las dictaduras. Es sumamente complicado explicar la experiencia humana y personal encerrado entre rejas, en un espacio donde no puedes moverte, más todas las privaciones. Que otro ser humano decida por ti, como a qué hora ves a tus hijos, cuánto tiempo los ves o lo que tienes que decir. En mi caso, siento que el régimen sabía… Recuerda que el régimen tiene un estudio psicológico sobre mí y sabe las cosas que son importantes, las que son motivadoras y las cosas con las cuales no puedo vivir. Existió un evento en el Calixto García [en mayo de 2021], en el cual vieron lo que provocó en mí que me rompieran unas cinco o seis pinturas. Ahí ellos se arman un perfil psicológico. Viniendo de ese sitio, parece que se dieron cuenta de que si no me dejaban pintar me moría, y permitieron que pudiera entrar los materiales y me dejaron pintar. Hubo un momento en que yo estaba en la celda de castigo (de los tantos momentos que estuve) e hice un tipo de pintura particular, muy oscura. Esa obra ellos la confiscaron, la revisaron y nunca me la devolvieron. A partir de ese momento nunca más fui a celda de castigo. Parece que vieron algo ahí que no quisieron dejarme solo para que pudiera decidir cosas, porque la creatividad humana supera la vigilancia del hombre. La fuerza creo que vino de mi ADN, esa herencia de la mezcla del negro africano con el español, con el árabe. ¿Sabes que mi apellido Alcántara significa "puente"? La fuerza creo que vino de mi ADN; mi ADN que me dio mi mamá, mi papá, mi herencia familiar. Esa herencia de la mezcla del negro africano con el español, con el árabe. ¿Sabes que mi apellido Alcántara significa "puente"? De algún lugar ese Alcántara tuvo que haber venido. Mi fuerza creativa no fue más que un ejercicio de resistencia y un retrato del dolor; primero era como vomitar, era como gritar. El lugar horrible donde estaba me hablaba por todos lados, todo lo que me rodeaba me estaba implorando que lo representara en una hoja, en una cartulina. Hay un momento donde yo digo que podía haber tenido a lo mejor una cámara, por ejemplo, como una metáfora. Y una fotografía no iba a captar todo lo que se captó en la pintura, porque la pintura es algo que tú tocas. Algo que lleva la experiencia táctil, la experiencia orgánica; es como cuando estás trabajando la cerámica y la estás tocando. Esa cerámica en un momento recibe calor, recibe todas las experiencias espirituales, físicas y químicas que van consigo. Y así mismo es la pintura. La pintura es tan orgánica y se pega tanto a la realidad que es capaz de captar experiencias que no capta un lente, por ejemplo. En ese momento todo lo que me rodeaba… yo era como un trance. Era como si pasara por mí y tuviese que terminar, era obligado llevarlo a la cartulina, si no, mi cabeza explotaba. P. Siempre has dicho que tu cuerpo y tu obra son indivisibles. ¿Cómo cambió tu relación con el arte durante el encierro? ¿Sientes que el Luis Manuel que sale hoy es el mismo artista que entró en Guanajay en 2021? R. Yo sí creo que es el mismo Luis Manuel. Ahora, hay una palabra importante cuando me hablas de salir de prisión como otro Luis Manuel: sí creo que soy el mismo, lo que pasa es que hay procesos de madurez. Uno entiende la madurez cuando vive la madurez. La prisión es un ejercicio sumamente violento, sumamente agresivo. Cuando le miras los ojos a la gente que ha cometido crímenes sumamente difíciles de entender, y a pesar de eso tú logras ver el rostro de un ser humano triste, eso te sensibiliza aunque no entiendas cosas, te hace sentir más humano. No fue una protesta juvenil, no fue una experiencia de adolescente, es una experiencia adulta, es luchar por el otro, sacrificarse por el otro para que el mundo sea un lugar mejor Y sobre todo cuando sales entendiendo otros procesos políticos, ideológicos y humanos: no sales odiando, no sales con esa oscuridad. Eso te deja ver, te ilumina, y en esa iluminación eres más humano. Reafirmas para ti mismo tu amor por lo humano; sientes que no fue una protesta juvenil, que no fue una experiencia de adolescente, es una experiencia adulta, es luchar por el otro, sacrificarse por el otro para que el mundo sea un lugar mejor. Mi relación con el arte tuvo un momento, por ejemplo, con la obra de la Virgen que me encargaron para Santiago de Cuba, donde mi cuerpo salió a caminar y por el camino empecé a entender la dimensión estética del gesto de caminar, donde la gente no veía solo una obra de arte sino una peregrinación real, y ahí se dieron procesos que para mí fueron una iluminación. En la prisión fui como una cámara fotográfica, una especie de taco de papel y la realidad fue un taco de serigrafía o xilografía. Yo simplemente cogía la cartulina, la pegaba en la realidad y cuando la levantaba salían estos personajes. Vivo con un montón de preguntas aún sin responder y respuestas que le doy yo mismo a la realidad; viniendo de ahí, este sitio me hablaba constantemente y yo simplemente anotaba con colores cada experiencia o cada pregunta que tenía adentro o que alguien me pedía que representase. P. Para el régimen, el exilio es una herramienta de despiece del movimiento opositor y cultural. ¿Cómo procesas este destierro forzado? ¿Sientes que la salida era el único camino posible en este momento? R. El régimen, dentro de sus códigos matemáticos militares, siempre ha entendido el exilio como el próximo paso porque de alguna manera les funcionó durante 70 años. Ellos ven la muerte como el último paso, pero saben el costo que tiene. En el caso de uno como activista y artista, es otro proceso. No quería exiliarme, no quería salir de Cuba por el amor que tengo por aquella realidad, porque me gusta regresar siempre a mi casa, a mi hijo, donde eché las cenizas de mi madre y de mi padre. Ese lugar es mío y nadie me lo va a quitar. Ahora, en mi pensamiento como activista hay algo importante: ¿cuál es el próximo paso en la evolución de ese propio activismo para lograr que Cuba trascienda a una democracia? Pasamos por el encierro en San Isidro, la persecución y todas esas experiencias, y cada una llevó a una evolución social. Cuando caí preso a mí me dieron la opción de irme; pude haberme ido al otro día y decidí que no, que era una experiencia de resistencia cívica por la que tenía que pasar Cuando yo voy a parar a la prisión, podía seguir preso y seguir siendo la víctima del castrismo (que lo sigo siendo), pero sentía que eso ya no me interesaba ni producía nada. Cuando caí preso a mí me dieron la opción de irme; pude haberme ido al otro día y decidí que no, que era una experiencia de resistencia cívica por la que tenía que pasar. ¿Quién eres tú para no pasar por el presidio político? Haber pasado por allí y tomar la decisión de no irme los primeros meses me ayudó a entender una realidad. Si nos preguntamos a nivel espiritual por qué tenía que estar ahí, entendí que era para comprender el sufrimiento del encierro y del preso, tanto político como civil. P. El Movimiento San Isidro y el espíritu del 11J marcaron un antes y un después en la Isla, pero hoy gran parte de esa generación está en el exilio o bajo represión. Desde tu perspectiva, ¿en qué punto se encuentra hoy la lucha por la libertad de Cuba? R. Yo creo que la lucha por la libertad de Cuba tiene que ser creativa y tiene que replantearse constantemente ante los nuevos retos. Hace 15 años a mí me daba miedo poner una escultura en medio de un parque. Llegaba al Capitolio, ponía un elefante y me daba un miedo terrible. Fui evolucionando en la medida en que la represión fue aumentando, pero esa creatividad mía nunca dejó de existir. Hubo un momento donde, encerrado en mi casa sin poder moverme a hacer un performance público, las pinturas de chocolates movieron pensamientos a tal punto que tuvieron que entrar y romperlas. Luego pasé por el Calixto García y después por la prisión, siempre proponiendo experiencias creativas. No creo que debamos hacer lo mismo que hizo San Isidro, porque no estamos en los tiempos donde San Isidro nació. Estamos en un tiempo donde la situación y la represión en Cuba son sumamente difíciles, y nosotros como entes creativos debemos responder creativamente. Ahora estoy en el exilio: el exilio me va a hablar y voy a responderle, la realidad cubana me va a hablar desde aquí y le voy a responder, y todo eso va a ser la nueva experiencia. P. ¿Qué queda hoy del Movimiento San Isidro? R. De momento, de San Isidro lo que queda son los seres humanos que nos vamos a reencontrar en algún momento, nos daremos abrazos y veremos cuál es el próximo paso a nivel de experiencia colectiva. Va a llegar un momento en que me voy a sentar con los fundadores de San Isidro y vamos a ver qué queda de ese sentimiento y energía que nos unió. Puede ser que decida que San Isidro cumplió con su misión y ya no pueda ir a ningún lado, o puede ser que evolucione. Es una decisión que tomaremos las personas que lo construimos, porque yo no me voy a apropiar de San Isidro ni soy el dueño de nada; San Isidro fue una energía que surgió de la colectividad. Hay un montón de experiencias de las que me siento responsable y no iba a dejar atrás P. ¿Tu arte seguirá por el camino activista? R. Sí, claro. Yo voy a seguir por el camino activista. Había momentos donde no podía dormir; pasaban cosas a mi alrededor que me obligaban a contar sus historias porque eran seres sin voz. En Guanajay había muertos y crímenes que se quedaron allí y que nadie conoce, gente inocente que el propio entorno empujó a estar ahí. Hay un montón de experiencias de las que me siento responsable y no iba a dejar atrás. Mis pinturas no van a ser solamente para vender, van a ser para hacer pensar y modificar muchos pensamientos sociales. P. En Cuba quedan aún cientos de presos políticos y una ciudadanía asfixiada por la crisis e hipervigilada. ¿Qué mensaje le envías a quienes siguen resistiendo dentro de la Isla y a las familias de los encarcelados? R. El mensaje a las familias, a los seres que están peleando adentro y a los presos es que las instituciones, las dictaduras y la democracia las creamos los seres humanos. Nadie debe pensar que las cosas van a caer del cielo: tenemos que crearlas nosotros. Y una cosa importante es que hay que sacrificarse. P. El exilio obliga a reconstruirse desde cero, tanto en lo personal como en lo creativo. ¿Hacia dónde se dirigen ahora tus pasos y tu obra en esta nueva etapa? ¿Por qué Miami? R. Decidí exiliarme porque hoy los activistas y periodistas que viven fuera tienen un nivel de influencia dentro de Cuba y ya no existe esa distancia. Entendí que dentro de Cuba gastas más del 70% u 80% de tu energía lidiando con la represión: esconderte, ir de calabozo en calabozo… Todo eso te resta momentos creativos, y a nosotros nos interesa mucho más crear que ser víctimas. Vamos a seguir buscando el objetivo y el proyecto. Voy a responder a mi cuerpo artístico, político, cultural, físico como se vaya adaptando a esta realidad. Nunca voy a fingir El exilio sí es un espacio para comenzar de cero. Creo que esta es la respuesta más sencilla que te voy a dar: voy a responder a mi cuerpo artístico, político, cultural, físico como se vaya adaptando a esta realidad. Nunca voy a fingir; ahora mismo no voy a empezar a pintar no sé qué, ni siquiera sé lo que pase. Y qué va a salir de ese choque mío con el exilio, que es parte de Cuba… Llevamos ni diez días aquí y ya empezamos a formar polémica. Tú sabes, la polémica nos persigue, pero de la polémica se aprende también que la realidad evoluciona. Ese exilio que está pasando ahora mismo y que hemos vivido durante 70 años millones de personas me va a brindar materia prima para expresarme, para cambiar, para producir cosas. Guanajay me brindó una experiencia de encierro que por supuesto yo ahora mismo no pudiera pintar así, y el exilio me brinda esta otra cosa, sobre todo la lejanía de Cuba: cómo yo aún desde aquí contribuyo a que Cuba sea más libre y cómo los cubanos aquí sean más libres. Voy a fluir y honestamente voy a dejarme llevar por la experiencia estética, biológica, artística, política y cultural del exilio. P. Te hemos visto ya en fotos caminando por Miami, en lugares emblemáticos como Versailles. Después de años de encierro, aislamiento y hostigamiento, ¿cómo te está recibiendo la gente cuando te reconoce en la calle y qué se siente al recibir ese cariño en libertad? R. ¿Tú sabes cuál es la cosa que me sorprendió? Caminando por las calles, que señores de 60, 70 u 80 años te reconozcan y te den un abrazo, te admiren… Tú sabes que uno viene de un sitio donde crear no es una complicación ni un reto difícil. Pero caminas por las calles y te das cuenta de que estos viejitos que llevan 30, 40 o 50 años aquí te abrazan y en ese abrazo te transmiten sus esperanzas de regresar a Cuba aunque sea por una vez. Eso es genial, es espectacular. P. Si vuelves a Cuba, ¿qué te imaginas haciendo? R. Voy a volver a Cuba, por supuesto. Tú me conoces. Voy a volver a Cuba y en ese regreso veremos qué necesita Cuba y qué podemos brindarle. Ahora, de lo que sí estoy seguro es de que hoy, mañana y siempre voy a tener un lápiz, un bolígrafo, una tinta, un poco de color para hacer arte o unas lentejuelas para hacer un performance. Estamos súper conectados y persistentes.


