
Foto: Cortesía del entrevistado
Humberto Fuentes mira con desconfianza, sentado desde su silla en la cafetería del Hotel Louvre, de la ciudad de Matanzas. Pero al final se rinde y comienza a hablar, como un suicida que se lanza sobre el blanco de una hoja de Word.
Él ha sido merecedor este año del premio Celestino de cuento con Cubacabana, un libro que «refleja mucho de lo que estamos viviendo hoy en día en nuestro país, pero además es un ejercicio de experimentación formal y temática, pues en sus textos se abordan conflictos universales como la soledad, los traumas, la búsqueda de la felicidad, los sueños, la vejez o el duelo, a través de argumentos muy locales.
«El premio llega en un punto de inflexión para mí. Este 2026 empecé con el pie izquierdo en muchos sentidos, pero dentro de toda la debacle he tenido despuntes de verdadera felicidad: me casé con la mujer que amo, me aceptaron en el curso del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, y ahora esto. Siento como si la vida me dijera que debo seguir apostando por la literatura a cualquier costo, que es lo único que puede salvarme.
«Veo mi literatura, como «joven y desenfadada». Tengo en proceso de edición un poemario titulado Exodus y un puñado de poemas en diversas antologías. Mi forma de escribir ha cambiado mucho, sobre todo después de coincidir en espacio y tiempo con Francisco López Sacha –a quien por demás he dedicado Cubacabana– en el que fue probablemente su último taller presencial.
«De él aprendí sobre el afecto poético que debe tener todo texto y cómo abordar temas generales a partir de temas particulares. Hablamos de un hombre que contó la caída del campo socialista a través de una taza de baño rota y la historia del universo mediante un relato de amor. Gracias a Sacha, y a otro sinfín de colegas escritores, así como de mis lecturas y el ejercicio diario del Periodismo, siento que he mejorado y madurado como artista».
–¿Cuánto hay de Periodismo en tu literatura y viceversa?
–Concibo las nuevas narrativas del Periodismo, también llamadas como no ficción o periodismo narrativo, como un género literario hecho y derecho. Con respecto a la influencia del Periodismo en mi literatura, existen técnicas comunicacionales o de organización de la información que aplico constantemente en mis textos; al fin y al cabo, los cuentos y los poemas también son vías para comunicar un mensaje que, posteriormente, deberá ser decodificado por el lector.
«Respecto a mis referentes y selección temática, odio las zonas de confort. Por otra parte, leo muchísimo, todo lo que caiga en mis manos, de diferentes géneros y nacionalidades, y de todos aprendo algo nuevo».
–¿Qué aportó a tu obra el taller literario Los Grafómanos de Matanzas y tu pertenencia a la Asociación Hermanos Saíz?
–Nací en el 2001 y viví 18 años alejado del epicentro literario matancero, escribiendo solo para mí y mi entorno más cercano. Eso, sumado al hecho de que como tal no poseo una generación orgánica, debido a un fenómeno al que algunos llaman «los oxidados» o «la generación imposible», que explica cómo los autores cubanos, nacidos después de los 2000, no poseemos un sentido de pertenencia generacional, provocó que me acercara a la generación de autores que me antecedió, nucleados en Matanzas, precisamente en Los Grafómanos.
«Desde entonces, mis textos dejaron de ser los de un adolescente al que le gustaba escribir para convertirse en un ejercicio consciente, en un producto de mi tiempo y mis vivencias. En mi obra hay mucho de todos los que me acompañaron en aquellas tardes, que nunca voy a olvidar y que atesoraré siempre».
–¿Próximos proyectos?
–Estoy terminando un poemario y les doy forma a los borradores de un nuevo cuaderno de cuentos. También preparo un libro de textos periodísticos. Además de eso, tengo muchas ideas en el tintero, quizá escriba pronto una noveleta. Las balas van por ahí.


