El gobierno de Trump publicó ayer un informe en el que alega que una campaña de influencia cubana de varias décadas en Estados Unidos ha tenido un «éxito notable» al infiltrarse en «los más altos niveles del gobierno estadounidense», respaldando el «terrorismo de izquierda en suelo estadounidense» y volviendo a «Estados Unidos contra sí mismo». El informe de cien páginas, publicado por el Departamento de Estado y titulado Cuba: la capital del comunismo del siglo XXI, resume décadas de complots subversivos de la Guerra Fría por parte de la empobrecida isla caribeña, que coincidieron con años de esfuerzos encubiertos e infructuosos de Estados Unidos para descabezar a su gobierno comunista.
El informe también formula acusaciones contundentes contra grupos estadounidenses de izquierda, incluyendo a los Socialistas Democráticos de América, una organización activista en auge que apoya a varios legisladores demócratas, en una sección sobre «grupos fachada y simpatizantes». Sugiere que Cuba ha influido en los recientes disturbios políticos en Estados Unidos, incluyendo «los disturbios de George Floyd y el auge de Antifa», en referencia a las protestas que comenzaron tras el asesinato de Floyd y a un movimiento poco estructurado de activistas de extrema izquierda que se oponen militantemente al fascismo.
La amenaza que representa Cuba se describe en términos mucho más alarmantes que los empleados por los funcionarios de inteligencia estadounidenses y los diplomáticos del Departamento de Estado durante varias décadas, lo que reaviva la especulación de que la administración Trump está creando un pretexto para derrocar al gobierno comunista de La Habana, un objetivo que el secretario de Estado Marco Rubio persigue desde hace mucho tiempo. “Desde sus primeros años en el poder, el régimen cubano ha creído que su propia supervivencia e intereses estratégicos estaban intrínsecamente ligados al avance de la izquierda revolucionaria dentro de Estados Unidos”, afirma el informe.
“Los cubanos entrenaron y armaron a decenas de miles de guerrilleros de izquierda, supervisaron insurgencias violentas que sumieron a varios continentes en el caos y respaldaron ataques extremistas mortales en todo Estados Unidos”. La referencia alude aparentemente al apoyo cubano a las revoluciones de izquierda en América Latina y África, principalmente en los años setenta y principios de los ochenta. Durante ese período, a instancias de la Unión Soviética, entonces su principal aliado, La Habana envió sus fuerzas militares a Angola y Etiopía para apoyar a grupos marxistas favorecidos por Moscú.


