Pelosi en La Habana: la izquierda ya no esconde su vínculo con Castro
Una tertulia reciente protagonizada por la escritora Zoé Valdés, el politólogo Julio Shiling y el científico César Reynel Aguilera puso el foco en lo que los participantes describen como un cambio histórico: la izquierda estadounidense ya no disimula sus vínculos con el régimen castrista, sino que los exhibe abiertamente.
El detonante del debate fue la visita de cuatro congresistas demócratas a Cuba el 9 al 13 de julio de 2026, coincidiendo con el quinto aniversario de las protestas del 11J. Teresa Leger Fernández, Delia Catalina Ramírez, Maxine Elizabeth Dexter y Mark Pocan se reunieron con Miguel Díaz-Canel en La Habana y calificaron la situación de la isla como una «Gaza silenciosa», expresión que Pocan atribuyó a un ciudadano cubano con quien habló en las calles de la capital.
«Antes la izquierda americana se cuidaba mucho de que pudieran encontrar un vínculo con la inteligencia castrista o con el castrismo. No es verdad ya», señaló Reynel Aguilera. La referencia a Nancy Pelosi —quien encabezó una delegación de nueve congresistas demócratas a La Habana en febrero de 2015, en el marco del deshielo Obama— sirve como símbolo de ese patrón histórico que, según los participantes, hoy opera sin ningún disimulo.
«En pleno aniversario del 11 de julio fueron a La Habana una pila de bandidos del Partido Demócrata. Es a la cara», afirmó Reynel Aguilera, en referencia al patrón de visitas demócratas a la isla.
Por su parte, Shiling trazó una genealogía de la influencia castrista en la política estadounidense que arranca en los años 60 y 70, con grupos radicales como las Panteras Negras y el Weather Underground, y pasa por el caso del senador George McGovern, citado por Reynel Aguilera. Sin embargo, éste último distinguió ese pasado del momento actual ya que, en su opinión, los congresistas que van ahora tienen acceso a comisiones de inteligencia e información privilegiada. «Es a otro nivel ya que está la cosa».
En este sentido, Reynel Aguilera subrayó que lo que ocurre ahora tiene una escala cualitativamente distinta. También señaló al Congressional Black Caucus como un espacio de influencia castrista.
La visita de julio no fue un hecho aislado. En abril de 2026, las congresistas Pramila Jayapal y Jonathan Jackson ya habían viajado a La Habana y se habían reunido con Díaz-Canel, siendo aquella la primera de dos visitas demócratas en menos de cuatro meses. En mayo, un grupo de 32 legisladores demócratas pidió cambiar la política de Estados Unidos hacia Cuba, y en junio volvieron a intentar bloquear medidas de la Administración Trump contra la isla.
Shiling fue categórico al señalar que esta actividad no es nueva para las agencias de seguridad estadounidenses. «El FBI tiene de sobra información acerca de 67 años de activismo del Castro-comunismo en grupos de los Estados Unidos… y de una presencia extraordinaria que busca desestabilizar a los Estados Unidos».
Reynel Aguilera, por su parte, apuntó a una dimensión electoral del fenómeno. A su juicio, el plan del Partido Demócrata era usar a opositores cubanos recién llegados al exilio para erosionar el control político de la comunidad cubana en el sur de la Florida. «El plan no funcionó porque Trump se reeligió», afirmó.
Al momento de la visita de los congresistas demócratas en julio, Cuba contaba con entre 1,281 y 1,306 presos políticos, de los cuales al menos 338 estaban vinculados a las protestas del 11J, una realidad que los legisladores visitantes no mencionaron en sus declaraciones públicas.
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