Para Liana Águila Mederos, participante en la IV Edición del Festival de Clarinete Ciudad de los Puentes, hacer juntos desde el amor y crecer entre atriles, partituras y amigos, devino la principal motivación para subir al escenario de la Sala de Conciertos José White.
Desde el día 8 hasta este 11 de julio, el verano en la Atenas de Cuba contó con la calidez propia del instrumento de viento madera, dispuesto durante esta entrega de festival a brindar esperanzas e iluminar con notas musicales a los habitantes de Matanzas.
Una familia, unida por lazos sonoros, creció durante la cuarta entrega de la iniciativa estival, así lo demuestra Águila Mederos, quien a pesar de participar por vez primera en el evento afirmó que resulta una experiencia maravillosa y útil para las nuevas generaciones de instrumentistas.
Liz Sofía Pérez Magriñat, estudiante del Instituto Preuniversitario José Luis Dubrocq, sostuvo que «Ciudad de los Puentes» supone un espacio para aprender y crecer en la música, afianzar conocimientos adquiridos y nutrirse de la magistralidad de cada uno de los profesores.
En conversación con la Agencia Cubana de Noticias Yoleidys Valderrama Peñate, directora del festival, refirió que aunque compleja y atípica, esta edición deviene sinónimo de entrega infinita en aras de mantener la esencia de la propuesta estival dirigida a cultivar el amor y convertirlo en melodía.
Nuestros estudiantes están felices, esa es la mayor recompensa, a pesar de los retos, los sacrificios, el contexto que aguarda fuera de las paredes de la Sala White, fue posible continuar con la ya tradicional fiesta de los clarinetes de Matanzas, refirió Valderrama.
Cuatro jornadas de conciertos, intercambio, experiencia y juventud fusionadas en el instrumento en manos de seres nobles e inteligentes, procuraron ser ejemplo de resiliencia, cada acorde, ensayo, batuta al aire y mirada atenta a las partituras se convirtió en luz y enarboló la tradición musical en la Atenas de Cuba.





