
La crisis de la salud pública en Cuba deja de ser una estadística cuando se observa el caso de Rosa Valentina Pérez, una paciente que lleva semanas esperando una tomografía mientras pierde movilidad en las piernas. Su situación refleja el deterioro de un sistema hospitalario incapaz de responder con rapidez incluso en casos que requieren atención urgente.
El Instituto de Oncología y Radiobiología de La Habana, uno de los principales centros especializados del país, enfrenta una sobrecarga que alcanza a pacientes de varias provincias. La escasez de equipos, las averías constantes y los apagones han convertido estudios esenciales en una larga espera para cientos de personas.
El deterioro alcanza áreas consideradas estratégicas como oncología, cardiología, nefrología y la atención materno-infantil. A la falta de medicamentos se suman equipos obsoletos, dificultades para conseguir piezas de repuesto y la salida de profesionales del sector, factores que han reducido significativamente la capacidad de respuesta de los hospitales.
Las cifras muestran la magnitud del problema. Más de un millar de pacientes esperan radioterapia, gran parte de la tecnología para el tratamiento del cáncer está fuera de servicio y la supervivencia infantil en casos oncológicos ha disminuido de forma notable. En cardiología también han caído las intervenciones quirúrgicas, mientras decenas de enfermos permanecen a la espera de un marcapasos y los servicios de hemodiálisis funcionan con equipos envejecidos.
La combinación de infraestructura deteriorada, falta de personal y escasez de recursos mantiene bajo presión a todo el sistema sanitario. Para miles de cubanos, la atención médica depende hoy de equipos reparados una y otra vez, diagnósticos retrasados y tratamientos que no siempre pueden completarse a tiempo.

