Los verdaderos culpables de los apagones en Cuba no están en ningún sitio en este país, sino a 1 820 kilómetros al norte de La Habana, a unas 1,130 millas en línea recta desde la capital cubana.

Más exactamente, están en Washington, donde radica el gobierno de Estados Unidos, cuyo presidente Donald Trump no solo impone nuevas sanciones para provocar más sufrimiento masivo a los cubanos, sino que las recrudece, con efectos significativos en todos los aspectos de la vida de millones de personas, como reconociera la Relatora Especial de la Onu, Alena Douhan, sobre las repercusiones negativas de las medidas coercitivas unilaterales que impiden, además, el pleno disfrute de los derechos humanos.
“Durante más de 60 años, Estados Unidos ha mantenido un amplio régimen de restricciones económicas, comerciales y financieras contra Cuba, la política de sanciones unilaterales más prolongada en las relaciones exteriores estadounidenses”, afirmó Douhan al finalizar en noviembre pasado una visita oficial al país y escuchar testimonios acerca de las restricciones que entonces continuaban endureciéndose progresivamente con medidas adicionales.
Qué no podrían decir ahora tanto el pueblo como la funcionaria con el cerco energético aplicado desde el norte en lo que va de año, en la guerra multidimensional, denunciada por Cuba, que se tornó más cruenta y despiadada en los últimos meses.
Las evidencias sobran para saber dónde están los verdaderos autores de ese genocidio que no solo causa apagones, sino que impide la compra de alimentos, medicinas, equipos para salvar vidas y otros muchos recursos que privan a los cubanos de elementales medios para su supervivencia.
Son elocuentes las acciones coercitivas e incluso el acoso y amenazas a buques tanqueros por medios navales militares estadounidenses para impedir que llegue el combustible que demanda cada día la asediada nación.
El bloqueo real y asfixiante se impone desde afuera, a 1,820 kilómetros al norte de La Habana, en las oficinas gubernamentales en la capital estadounidense, cuyos tentáculos persiguen no solo embarcaciones con combustible, sino también impiden que entren las piezas y equipos que necesitan las termoeléctricas y otras plantas generadoras para su funcionamiento.
Las negaciones hechas por Washington en ese sentido no pueden, sin embargo, ocultar los molestos apagones provocados cada día por el estrangulamiento energético que afecta la vida diaria de los cubanos, con ese crimen de lesa humanidad que amenaza su existencia y bienestar, y ante lo cual el país resiste, sin rendirse.
Mas, Cuba no está sola en esa lucha. La Asamblea General de la Onu este mismo mes reclamó el fin de esa crueldad, tras una votación de 136 países a favor, con solo nueve en contra a pesar de las presiones ejercidas y que demuestra el aislamiento de EE.UU. en su intento de asfixiarnos.
Molesta leer y escuchar a algunos desinformados repetir en redes sociales en Internet y otros espacios, falsedades sobre los culpables de los apagones en Cuba, que repito convencido no están en ningún sitio aquí, sino a 1 820 kilómetros al norte de La Habana, en las entrañas del gobierno del mismo imperio que con su criminal política ocasionara más de 3 478 muertos por terrorismo de Estado contra Cuba después de 1959 y dejara a más de 3 000 heridos.
No olvidemos jamás esas víctimas, ni a los verdaderos criminales que siguen en la Casa Blanca provocando entre las cuantiosas afectaciones, más muertes y sufrimiento masivo a todo un pueblo.
Mientras en Nueva York las Naciones Unidas debatían este siete de julio sobre el tema, Cuba sufría el tercer apagón general en lo que va de 2026. La desconexión total del Sistema Eléctrico Nacional no es falla técnica, es consecuencia directa del bloqueo energético impuesto a más de mil 800 kilómetros por esos culpables criminales disfrazados de gobernantes que dejan a los cubanos sin combustible y sin piezas de repuesto, mas, no sin heroísmo colectivo, ni solidaridad, ni confianza en la victoria.Otros artículos del autor:

