Europa sigue dependiendo de las armas estadounidenses para su rearme. Así lo ha demostrado la cumbre de la OTAN en Ankara, en la que también se celebró un foro de alto nivel de la industria armamentística, el Defence Industry. Sobre todo las empresas estadounidenses pudieron alegrarse de haber conseguido contratos muy lucrativos.
Sin embargo, en lo que respecta a los misiles, tan importantes para la defensa europea, se pretende trasladar la producción o el mantenimiento, al menos en parte, a Europa. Lockheed Martin y Rheinmetall ya han firmado una carta de intenciones para la coproducción de misiles ATACMS en Alemania. Se pretende aumentar las existencias sin ofender a Washington en materia de política industrial. A largo plazo, sin embargo, Europa apuesta por una mayor independencia.
Defensa aérea europea: la cuestión de los Patriot en Europa
Casi ningún sistema de armas simboliza tanto la dependencia de los países europeos de la OTAN respecto a EE. UU. como los Patriot. Este sistema antiaéreo estadounidense protege objetivos de importancia estratégica en Ucrania y lleva décadas en servicio en muchos países de la OTAN.
La respuesta europea a esta dependencia no consiste en un único sistema. En la capa superior de defensa, donde se interceptan las amenazas a gran altitud, el SAMP/T NG de Francia e Italia se convertirá en una alternativa europea al Patriot. La versión modernizada podrá combatir también misiles balísticos gracias a nuevos sensores y misiles. Las primeras unidades de la versión modernizada se entregarán en 2027.
El alcance de defensa medio lo cubrirá, entre otros, el sistema alemán IRIS-T de Diehl, que ya se está utilizando en Ucrania y que allí opera con un alcance de hasta 40 kilómetros y una altura de hasta 20 kilómetros. La variante más grande, el IRIS-T SLX, se entregará a partir de 2029 y tiene un alcance de unos 80 kilómetros a una altura de aproximadamente 30 kilómetros.
A corto plazo, Europa no puede sustituir a los Patriot, pero a largo plazo el continente quiere proteger mejor su espacio aéreo frente a Rusia con sus propios sistemas.
ELSA: la respuesta de Europa a la brecha de alcance
Sin embargo, en caso de conflicto, no solo se trata de la defensa, sino también de la capacidad de ataque. Cuando los militares europeos planean ataques de precisión en profundidad tras las líneas enemigas, actualmente predominan sobre todo los sistemas estadounidenses, como los misiles de crucero del tipo Tomahawk.
Como quedó claro en la cumbre de la OTAN celebrada esta semana (7 y 8 de julio de 2026) en Ankara, Alemania apuesta precisamente por esta solución a corto plazo. El Gobierno alemán ha acordado con Washington una declaración de intenciones para la compra de misiles de crucero Tomahawk y sistemas de lanzamiento terrestres Typhoon.
Con ello se pretende cerrar una brecha estratégica de alcance frente a Rusia. Pero, al mismo tiempo, el acuerdo también pone de manifiesto el problema fundamental de la política de defensa europea: el armamento que se necesita con urgencia proviene, por ahora, de EE. UU., mientras que los sistemas propios europeos aún están por desarrollarse.
Con el programa ELSA (European Long-Range Strike Approach), seis pesos pesados europeos —entre ellos Francia, Alemania y el Reino Unido— quieren crear ahora un contrapeso industrial. De momento, ELSA sigue siendo un marco de cooperación político-industrial que, en última instancia, debería dar lugar a la construcción de hardware concreto. Entre ellos se incluyen, además del «Euro Multi Missile Launcher», una combinación de misiles de crucero muy complejos y drones de largo alcance más económicos, con un alcance de entre 500 y 2.000 kilómetros.
Aunque ya se están adquiriendo soluciones provisionales, la independencia real en el campo de batalla no se alcanzará hasta principios de la década de 2030, gracias a los sistemas europeos de nuevo desarrollo.
Pero la munición es solo la mitad del camino en este ámbito. La verdadera dependencia de Washington radica en la detección de objetivos, la llamada «cadena de destrucción» (Kill Chain). Sin una red autónoma y conjunta de sensores, reconocimiento por satélite y estructuras de mando, ni siquiera los misiles europeos pueden dar con su objetivo por sí solos.
DECODER: La lección de Europa sobre los drones
En la guerra de Ucrania se están utilizando drones a una escala sin precedentes. Marcan profundamente el panorama del frente y de los ataques en el interior del país. Y ahí es precisamente donde entra en juego el programa «Drone and Counter-Drone European Resolve» (DECODER). El objetivo de este programa de la UE es equipar a las fuerzas armadas de la UE con drones y sistemas antidrones y, al mismo tiempo, hacer que la industria europea sea más independiente de los desarrollos estadounidenses.
Sin embargo, en estos momentos gran parte del desarrollo se está llevando a cabo a nivel nacional. También en Alemania, las startups de drones y las empresas de armamento se están beneficiando de la guerra de Ucrania y de los nuevos encargos del Ejército alemán. Con DECODER, este desarrollo podría aglutinarse a nivel europeo. De momento participan 26 países de la UE, además de Noruega y Ucrania. Precisamente la participación de Kiev se considera clave, dada su larga experiencia en operaciones sobre el terreno.
La Comisión Europea calcula que se necesitarán entre 3.500 y 5.000 millones de euros de inversión hasta 2033. Sin embargo, DECODER no es un programa de desarrollo ya listo, sino un marco al que aún hay que dar vida a nivel político e industrial.
IRIS²: comunicaciones por satélite seguras
La importancia de Starlink en los campos de batalla de Ucrania ha hecho que los europeos se den cuenta de la situación. Con IRIS², la UE quiere poner en marcha su propio servicio de satélites, independiente de EE. UU.
Ya se han firmado los primeros contratos para construir la constelación de satélites. Se prevé que hasta 290 satélites no solo permitan una comunicación segura entre organismos gubernamentales, sino que también se utilicen con fines de defensa. El proyecto, cuyo coste supera los diez mil millones de euros, se desarrollará entre 2029 y 2030 y estará operativo a partir de 2030.
Saab GlobalEye, con tecnología clave sueca
Antes de que despeguen los aviones de combate o se lancen misiles, Europa tiene que saber qué se mueve en el cielo, en el mar y en tierra. Para ello, la OTAN -con base en Geilenkirchen, cerca de Aquisgrán- opera 14 aviones AWACS basados en el Boeing 707 estadounidense.
La próxima generación del sistema de radar volador AWACS ya no se basará en un modelo estadounidense (Boeing). En la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, la OTAN anunció que iniciaría negociaciones formales con Saab para adquirir hasta diez aviones de alerta temprana GlobalEye. Aún no se ha firmado ningún contrato con los suecos, pero si se cierra rápidamente, los primeros aviones podrían entregarse a partir de 2030.
FCAS: el sueño franco-alemán que se esfumó
En los últimos años, muchos países europeos se han decantado por el avión de combate occidental más moderno del momento: el F-35 estadounidense de quinta generación. Estos aviones de combate son de última generación, pero también son un símbolo de la dependencia tecnológica respecto a Washington.
El FCAS, conocido en Francia como SCAF, debía ser la respuesta europea a esto. Con el primer avión de combate de sexta generación se pretendía crear un sistema interconectado formado por un avión tripulado, drones de escolta, sensores, una nube de datos y nuevas armas. Participaban Francia, Alemania y España, con las dos empresas principales: Dassault y Airbus. Pero el núcleo del proyecto, el avión de combate conjunto de próxima generación, fracasó hace unas semanas tras años de disputas.
Los Gobiernos de Berlín y París no pudieron resolver el conflicto empresarial entre Dassault y Airbus sobre el liderazgo, el reparto de tareas y las tecnologías clave. Esto supone un duro revés para la autonomía de Europa en materia de armamento. Justo donde la dependencia de la tecnología estadounidense se hace especialmente patente, el mayor proyecto de armamento de Europa ha fracasado por intereses nacionales e industriales.
(gg/ms)